No son estos los temas centrales del debate pedagógico, que continuará. Pero no habrá transformación educativa si no encontramos soluciones para los temas emergentes.
Si hemos realmente aprendido algo de esta epidemia, algo trasladable a la vida diaria, es que las medidas no farmacológicas para detener la transmisión de virus son trascendentes.
La actual contienda electoral que se vive por estos días en el país cafetero para escoger a su nuevo presidente permite, como nunca antes en la historia del país, plantear que es la hora de las izquierdas.
El progreso científico no estriba en un camino hacia alguna explicación verdadera del mundo, sino en el avance desde un estado anterior con menor capacidad de resolución de problemas.
Si serán importantes los relatos, dado que, con todos estos datos bien a la vista, seguimos comprando el relato de que en Uruguay se manejó bien la pandemia por parte de este gobierno.
Queda la duda de si el ministro y el presidente controlaron con rigor lo propuesto por el Comando General de la Armada o lo aprobaron rutinariamente. Cualquiera de ambas opciones es preocupante.
Los países no pueden actuar por impulsos circunstanciales, ni motivados por excesos de autoestima de sus gobernantes. Mucho menos por carencias de visiones abarcativas de los procesos globales.