Si no se amplía la franja de edades de personas a vacunar, si no se agendan los que aún no lo han hecho o si no se consigue convencer a los renuentes a vacunarse, es imposible alcanzar la inmunidad de rebaño.
Podría ser útil, si no resultara que esta información ya fue encontrada en 2006 por la entonces ministra de Defensa Azucena Berrutti y su asesor Augusto Gregori en una inspección de cinco horas a la Escuela de Inteligencia.
Si bien la reducción de la pasividad mínima seguramente pueda colaborar con la mejora en las cuentas fiscales, lo hará al costo de aumentar los niveles de pobreza y privación en un sector muy importante de nuestra sociedad.
Antes que pensar en vacunar a alguien “en situación de calle”, o, a lo sumo, al mismo tiempo, habría que ocuparse de que tenga un techo, comida y trabajo.
Estas propuestas no sólo retroceden sobre lo que ya está legislado en la materia de familia, sino que no fundamentan en qué se basan para defender la tesis de que los jueces son parciales porque siempre favorecen a las madres.
La perspectiva antropocéntrica está produciendo la destrucción del propio ser humano. Nuestra forma de vida es artificial, ficticia, desvinculada del organismo vivo que es la Tierra.