En Uruguay, las estafas digitales crecieron de forma sostenida en los últimos años. Mensajes falsos que suplantan a bancos, campañas fraudulentas que imitan a organismos públicos y publicidades engañosas en redes sociales forman parte de un fenómeno cada vez más frecuente. En ese contexto surgió fraude.uy, una plataforma uruguaya que utiliza inteligencia artificial para analizar mensajes, links, capturas de pantalla y publicidades sospechosas. Detrás del proyecto está Gabriel, un sonidista que, sin formación específica en ciberseguridad, decidió desarrollar una herramienta orientada especialmente a personas mayores y usuarios vulnerables frente a este tipo de delitos.
“Hablar de fraude ya es sospechoso”, explicó Gabriel, quien prefirió resguardar su apellido por cuestiones de seguridad, a la diaria Verifica. Según contó, uno de los principales desafíos al inicio del proyecto fue construir confianza alrededor de una herramienta que precisamente trabaja con contenidos sospechosos, por lo que apeló al “boca a boca” para su difusión inicial.
La plataforma funciona como un sistema colaborativo, con una lógica similar a la de las aplicaciones de tránsito comunitario como Waze, que funciona en base a los reportes de los propios usuarios. “Cuanto más gente aporte y confíe en este sistema, funciona mejor”, explicó.
El sitio permite adjuntar mensajes de Whatsapp, SMS o correos electrónicos sospechosos, subir capturas de pantalla o analizar publicidades que circulan en redes sociales. Según explica la propia página, el sistema combina “reglas locales”, bases de dominios fraudulentos y herramientas de inteligencia artificial como Claude, de Anthropic, además de Google Safe Browsing, para determinar si un contenido es potencialmente peligroso.
El análisis se presenta mediante un sistema de “semáforo”: rojo para contenido potencialmente fraudulento, amarillo cuando existen señales dudosas y verde cuando no se detectan riesgos relevantes. Gabriel explicó que el sistema se encuentra en permanente ajuste y aprendizaje. Recordó, por ejemplo, un caso reciente relacionado con correos legítimos de Microsoft que alertaban sobre intentos de acceso a cuentas personales.
“Vos ponés esa captura del mail en el verificador y te alerta de que es una estafa, pero, en realidad, no lo es. El mail es legítimo. Sí hay una estafa detrás de eso”, señaló. A partir de ese episodio, modificó los parámetros para que esos casos aparezcan como advertencias intermedias y no directamente como fraudes. Asimismo, el creador del sitio explicó que una de las principales fortalezas del sistema es su capacidad para identificar campañas masivas de phishing o suplantación de identidad. Puso como ejemplo las recientes estafas vinculadas al Sucive. “La gente empezó a subir esas capturas y automáticamente saltó una campaña fraudulenta”, indicó. La idea a futuro es que la plataforma pueda incluso enviar alertas preventivas cuando detecte una modalidad de fraude en circulación.
El sistema también analiza capturas de pantalla, algo que Gabriel considera fundamental para enfrentar modalidades actuales de fraude. Según explicó, el motor de detección fue entrenado para reconocer desde URL alteradas hasta técnicas más sofisticadas. “BROU, por ejemplo, podés escribirlo con caracteres griegos y eso al principio no lo detectaba”, recordó.
Del caso personal a la herramienta colectiva
La preocupación de Gabriel por las estafas digitales surge a partir de situaciones vividas por familiares y por el trabajo de su pareja, quien se desempeña en el área de fraudes de una entidad financiera. Uno de los casos que lo impulsó a desarrollar la plataforma ocurrió tras una noticia real sobre UTE. Según explicó, después de leer una publicación legítima sobre supuestas inversiones vinculadas al ente estatal, su suegra recibió una publicidad engañosa en Facebook que imitaba la noticia original. Por tal motivo, además del verificador web, el proyecto trabaja en un bot de Whatsapp orientado especialmente a usuarios mayores. “Tratamos de armar la web pensando en los veteranos”, explicó.
En el sitio también se incluyen guías rápidas para actuar en caso de haber compartido datos bancarios, realizado transferencias o ingresado información en sitios falsos. Allí se publican teléfonos oficiales de bancos y vías de contacto con la Unidad de Cibercrimen del Ministerio del Interior.
Gabriel sostiene que, si bien muchas campañas fraudulentas apuntan a este público, el problema atraviesa a usuarios de todas las edades. Según relató, a medida que avanzaba en la investigación sobre el tema, empezó a conocer casos de pérdidas económicas muy importantes provocadas por fraudes digitales, con cifras de hasta 60.000 dólares.
“La gente que hace estos fraudes busca segmentar a quién le va a llegar, muchas veces a los veteranos, pero existe un montón de gente joven que ha caído”, afirmó. Entre las modalidades que más le preocupan mencionó las estafas vinculadas a tarjetas y billeteras prepagas. “Hay gente que piensa que con esas tarjetas no puede ser estafada porque no tiene fondos. Pero en realidad te pueden sacar préstamos en segundos”, explicó.
Para Gabriel, el crecimiento de estas maniobras evidencia que existen pocas herramientas accesibles de prevención para los usuarios comunes. “Me parecía que desde algún lugar nosotros mismos teníamos que poder hacer algo”, afirmó. En ese sentido, destacó que el avance de las herramientas de inteligencia artificial permitió desarrollar proyectos que hace algunos años eran inviables para una persona sin formación técnica específica.
Uno de los aspectos que el desarrollador remarca es el cuidado de la privacidad. Según explicó, el sistema no almacena mensajes ni capturas personales de los usuarios. “No pedimos email, ni nombre, ni nada similar”, afirmó. En la política de privacidad del sitio se aclara que los contenidos enviados se utilizan únicamente para el análisis y luego se descartan.
Aunque el proyecto todavía funciona de forma independiente y sin respaldo institucional, Gabriel asegura que el objetivo no es económico sino preventivo, con el objetivo de cuidar especialmente a adultos mayores y usuarios vulnerables: “Yo lo que quiero es que mañana tus abuelos o tu madre tengan herramientas para que no les roben la jubilación”.
