Hoy, si bien no podemos negar un cambio cualitativo en la retórica y en los programas, todavía las feministas sentimos que seguimos estando en los márgenes del proyecto político de la izquierda.
La actual contraofensiva conservadora constituye una seria amenaza a importantes logros democratizantes. La más amplia libertad sexual y de género nos humaniza, la heteronormatividad patriarcal nos embrutece.
Intentemos desactivar los dispositivos destructivos y corrosivos de lo colectivo, la meritocracia, para construir un encuentro entre compatriotas que permita que los cuidados nazcan del cariño hacia el otro y la solidaridad.
Desde el retorno a la democracia hubo 16 instancias de consulta popular entre plebiscitos, referéndums y reformas constitucionales. Sólo seis resultaron aprobadas.
La fuerza negociadora que está poniendo en juego Brasil en este nuevo escenario y los argumentos con los que se justifica esta necesidad de reabrir las negociaciones nos debería llamar a la reflexión en Uruguay.
Feminismo e izquierda comparten una raíz común: la lucha por la igualdad. La igualdad económica, la igualdad política, la igualdad legal. Pero esta igualdad no “vendrá sola”.