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Ciencia Investigación científica
Archivo, diciembre de 2025. · Foto: Ignacio Dotti

Archivo, diciembre de 2025.

Foto: Ignacio Dotti

La ciencia se corrige: artículo confirma presencia de glifosato en ocho alimentos, pero baja drásticamente cantidades encontradas

Trabajo científico que reportó que seis de 12 alimentos de Uruguay tenían glifosato por encima de los límites máximos admitió error de cálculo, y ahora de los ocho que presentaban glifosato, solo la leche en polvo los supera.

El pasado 22 de julio reportamos en esta sección un artículo científico titulado “Presencia de glifosato en alimentos distribuidos a través de programas sociales destinados a poblaciones vulnerables en Perú y Uruguay” que había sido recientemente publicado en la revista Salud Colectiva. Resumiendo los hallazgos del trabajo, tras conversar con el investigador Claudio Martínez, coautor del artículo junto con Susana Ramírez, titulamos aquella nota “Preocupante: detectan glifosato por encima de los límites máximos en seis de 12 alimentos de Uruguay” y agregamos que el trabajo comunicaba “presencia de altísimos niveles del herbicida glifosato en fideos, lentejas, arroz, polenta, leche en polvo y avena laminada de Uruguay, y en leche en polvo, galletas de trigo, pavo en lata y maíz, de Perú”.

Como es frecuente en esta sección, hacemos notas sobre artículos de investigadores e investigadoras que ya han sido publicados en revistas científicas. ¿Por qué hacemos eso? Porque para ser publicados, esos trabajos pasan por lo que se denomina “revisión por pares”, es decir, por la mirada atenta de otros investigadores o investigadoras, que señalan posibles errores o debilidades metodológicos, de cálculo, estadísticos o lo que fuere. Rara vez un trabajo remitido a una revista se publica tal como viene, porque en ese proceso de revisión los autores generalmente son invitados a hacer cambios que mejoren el manuscrito. Si un artículo es publicado, pasó por ese filtro que le da el visto bueno (es un filtro que sería extremadamente difícil de aplicar por quienes hacemos esta sección, ya que semanalmente reportamos varios trabajos, de distintas disciplinas, que están en la frontera del conocimiento). Aun así, la revisión por pares no es un sistema perfecto y en no pocas ocasiones se cuelan errores, por lo general, cometidos sin intención.

En esta misma sección ya hemos reportado cómo lo que se pensó que era un huevo fósil encontrado en Colonia terminó siendo un cálculo intestinal. En esa ocasión no fueron ni los revisores ni otros colegas quienes escribieron a la revista para corregir un error en un artículo científico, sino los propios autores del trabajo que había postulado que era un huevo. En ciencia, corregirse cuando corresponde no está mal visto, sino todo lo contrario. También reportamos la contundente respuesta de 53 investigadores a un artículo científico que afirmaba que no había relación entre la agricultura y las cianobacterias, pero en aquella ocasión los investigadores a los que se les señalaron sus errores de cálculo y metodología no se rectificaron. No siempre en ciencia los artículos con errores se corrigen, y es menor la cantidad que directamente es retirada de las publicaciones. En esta ocasión, sin embargo, las cosas volvieron a funcionar bien en el mundo de la ciencia.

Los valores de glifosato en arroz publicados en el artículo de Claudio Martínez y Susana Ramírez no le cerraban al investigador del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) Leonidas Carrasco, ya que tenía datos bastante más bajos, por lo que se comunicó con la revista Salud Colectiva. Enterada la publicación de que podría haber fallas en el trabajo, se puso en contacto con los autores. Tras revisar los cálculos y reconocer su error, terminaron enviando una versión corregida, que fue publicada por la misma revista. En esa segunda versión del trabajo, los autores señalan que presentan “valores de glifosato ajustados, ya que se detectaron errores involuntarios en los cálculos de las concentraciones de glifosato, que fueron corregidos luego de ser revisados por los autores y evaluadores independientes externos”.

Efectivamente, las concentraciones de glifosato encontradas en seis de los ocho alimentos (en otros dos dieron positivo a la presencia de glifosato, pero no se pudo cuantificar) bajaron sustancialmente. Veamos cuánto y en qué productos.

Bajando las partes por millón de glifosato en alimentos

La segunda versión del artículo establece que la pasta seca al huevo registró una concentración de glifosato de 0,266 partes por millón, cuando en la versión con el “error involuntario” habían reportado 53 partes por millón. Los límites máximos permitidos para el trigo son de 30, 10 y 5 partes por millón para el Codex alimentarius, la normativa europea y la argentina, respectivamente. Así las cosas, hay glifosato en la pasta seca al huevo analizada, pero la cantidad está lejos de superar los máximos tolerados en el trigo, uno de sus ingredientes.

Bajas similares se dieron en el porcentaje encontrado en las lentejas (corregido a 0,311 partes por millón cuando antes se había dicho que tenían 62,1, quedó lejísimo de los máximos permitidos, de 10 partes por millón en el Codex y la normativa europea), el arroz (corregido a 0,024 partes por millón cuando antes se había dicho que tenía 4,7, quedó lejos del máximo permitidos por Europa, de 0,09 partes por millón), la polenta (pasó de 16,1 partes por millón a 0,08 tras la corrección) y la leche en polvo entera, que tras la revisión bajó de 16,6 partes por millón a 0,166.

De los seis productos de los que se dijo que tenían niveles alarmantes de glifosato, ya que superaban ampliamente las normativas existentes, cinco quedaron comprendidos por los límites establecidos. La leche en polvo, si bien bajó enormemente, aún sigue estando por encima de los límites máximos del Codex y la normativa europea (toleran hasta 0,05 partes por millón, y las muestras de Uruguay registraron 0,166, es decir, más del doble de lo considerado seguro), y también un poco por encima de la normativa argentina (acepta hasta 0,1 partes por millón).

¿Es una buena noticia que los seis alimentos tengan menos glifosato que lo que se había reportado? Claro que sí, sobre todo si pensamos en nuestra salud. ¡Menos mal que hay menos de lo que pensábamos! Ahora, ¿es una buena noticia que la leche siga dando valores altos una vez corregidos los cálculos? La verdad que no. ¿Y es una buena noticia que en ocho de los 12 alimentos se haya detectado glifosato? No, salvo que tomemos esa información para tratar de cambiar cosas para que en el futuro ya no esté allí.

Habla el investigador: error, pero un problema que persiste

“El error se debió a la utilización de un factor de dilución inadecuado en el cálculo final de concentración, lo que fue corregido por los autores y revisado por evaluadores independientes externos”, escribió Claudio Martínez sobre el cambio realizado al trabajo.

Para quienes se interesen en concreto por el error, dejamos un recuadro final con el detalle que hizo el investigador.

Al llamarlo, Claudio no da vueltas ni esquiva el bulto: “Es verdad, me comí ese error, y es un error serio. Me hago cargo de eso como la parte técnica del trabajo. Apliqué un protocolo que habíamos utilizado en semillas y no en matrices más complejas, como los alimentos”, reconoce en diálogo con la diaria. “Es verdad que mis valores se iban un poco por arriba, y en algunos casos bastante, con respecto a los ya reportados. Eso debió haberme llamado la atención en el momento”, dice ahora, después de haber descubierto en qué le había pifiado.

Claudio cuenta que ni bien le avisaron desde la revista de la comunicación sobre otros valores para el arroz, las objeciones le parecieron “de recibo”. “Fui enseguida a revisar los datos y, casi al instante, me di cuenta de que le había errado al bizcochazo mal. Imaginate cómo quedé. Me dije que tenía que corregir eso de forma urgente, así que le escribí enseguida a la revista diciéndole que había hecho mal los cálculos y les pregunté cómo procedíamos”, cuenta. “Cuando hay un error así, serio, hay dos caminos: o se retracta el artículo, que es el camino más fácil, o se corrige. Ellos me dijeron que preferían que lo corrigiera, y me dieron la chance de que rehiciera todos los cálculos”, cuenta Claudio. Y eso hizo con completa honestidad intelectual, como dejan claro los nuevos valores reportados en la segunda versión del trabajo.

“En tres días tenía todos los cálculos rehechos y ya se los había remitido a la revista junto con todos los datos crudos”, agrega Claudio. Pero cuenta que la revista se tomó su tiempo. Ni bien recibió todo aquello, en julio, dio de baja al artículo momentáneamente y, en paralelo, se puso en contacto con revisores externos para que los analizaran al detalle. Eso llevó un tiempo. Recién en setiembre se publicó la nueva versión de trabajo. “Los datos republicados son, en algunos casos, dos órdenes de magnitud más bajo. Es un error serio, pero lo corregimos”, dice Claudio.

En definitiva, si bien los niveles encontrados son mucho más bajos que los reportados en la primera versión del trabajo, lo que se mantiene es que diversos productos de una canasta alimentaria presentan niveles de glifosato. Ese herbicida no debería estar en los alimentos que analizaron en el trabajo (y que cualquiera de nosotros podría haber comprado) si se hubiera aplicado en la forma correcta y respetando la normativa vigente en nuestro país.

“Después de haberlos revisado, estoy muy tranquilo con mis resultados. Coinciden con la literatura regional y mundial. Que las concentraciones estén en muchos casos por debajo de los límites máximos permitidos es una buena noticia, porque por lo menos no estamos tan envenenados como pensaba de acuerdo con los datos anteriores, que eran muy preocupantes. Ahí me manqué, tendría que haberme dado cuenta en el momento; no podía ser que hubieran sido tan altos, debí haber ido para atrás. No lo hice y asumo mi error públicamente. Podría haber enterrado todo, pero esto es una cuestión de honestidad intelectual”, resume Claudio.

“Pero lo más importante es que sigue habiendo glifosato presente en nuestros alimentos de consumo cotidiano, en muchas matrices, tal como surge de nuestro trabajo preliminar y exploratorio. Eso amerita un análisis más en profundidad, hecho con todas las garantías de independencia, de transparencia, con todos los estándares científicos, si lo que se quiere es zanjar la cuestión. Y si no, que se haga caso de la literatura de los países que nos rodean, que son contundentes al respecto”, finaliza.

Ruido en la comunicación

La corrección del artículo trajo algunas consecuencias. En una comunicación del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), titulada “MGAP informa que revista científica corrigió los datos publicados sobre presencia de glifosato en alimentos en Uruguay”, se informa que “la nueva versión revisada, contiene valores significativamente más bajos que los informados inicialmente”.

Sin embargo, luego va un poco más lejos. “Por su parte, Dirección General de Servicios Agrícolas del MGAP (DGSA) realizó sus propios análisis utilizando las metodologías adecuadas con productos de marcas reconocidas extraídos de una cadena de supermercados (tres muestras de arroz, una de polenta, dos de fideos, una de avena y una de leche en polvo), resultando en datos negativos a glifosato, lo que confirma la inocuidad de los alimentos”, dicen a continuación.

“Venimos denunciando hace tiempo que hay una academia sesgada y sin escrúpulos. Difícil creer que se trata de un error”, escribió en la red X Rafael Ferber, presidente de la Asociación Rural del Uruguay.

Un medio de prensa tituló “Informe que causó alarma sobre niveles de glifosato en alimentos había multiplicado por 200 las cifras reales”, como si hubiera algo así como “cifras reales”, evidentes y conocidas, que fueron manipuladas en el trabajo (que no es un informe, sino un artículo científico publicado en una revista revisada por pares, algo que no lo exime de errores, como quedó claro, pero una cosa es un informe y otra un artículo de esta índole, entre otras cosas porque los informes rara vez se corrigen, mientras que los artículos deberían estar siempre abiertos a revisión).

“Creo que el caso no está cerrado, por más que el MGAP diga que hizo sus propios análisis y que le dieron cero. Eso a mí, metodológicamente, me llama la atención, porque defender un cero es más complicado que defender un valor pequeño”, dice Claudio. “La ciencia tiene esa capacidad de autocorregirse. Pero aquí estamos hablando de un informe realizado, según comunica el MGAP en una nota anónima. Sin ver los procedimientos, materiales y métodos, no puedo discutir los resultados de ellos”, enfatiza.

“Con esa nota del MGAP se plantea una controversia. El ministerio, que es la voz oficial del gobierno, dice que en los alimentos no hay glifosato, [que la investigación dio] cero. Sin embargo, a mí me dio valores que tuve que corregir a la baja, pero me da que sí hay glifosato en los alimentos. No debería haber, pero hay. Y eso coincide con la literatura mundial, la europea, la de Estados Unidos, la de países de la región”, comenta Claudio. “¿Cómo zanjar esa controversia? Lo ideal sería enviar muestras certificadas a un laboratorio independiente, externo. Yo no tengo los medios para hacerlo, pero si fuera millonario, lo haría. El gobierno tiene los medios para hacerlo y así, de alguna manera, ver cuál es la realidad”, plantea Claudio.

Sí, hizo mal unos cálculos. Reconoció su error, los rehízo y dio la cara públicamente. El glifosato, en menos cantidades, sigue estando en ocho de los 12 alimentos analizados. En la leche en polvo supera los límites máximos permitidos. La idea no es prohibir el uso de todo plaguicida, sino aportar información para procurar que su uso en la producción no impacte en los alimentos que comemos. Ese sí es un error que no podemos perdonarnos (o que al menos haríamos bien en reconocer).

Artículo: Presencia de glifosato en alimentos distribuidos a través de programas sociales destinados a poblaciones vulnerables en Perú y Uruguay
Publicación: Salud Colectiva (setiembre de 2026, segunda versión)
Autores: Susana Ramírez y Claudio Martínez.

Detalles del error

En el comunicado escrito por el químico Claudio Martínez hay una “nota técnica final” que da más detalles sobre el error cometido.

“Tanto el procesamiento previo de las muestras (almacenamiento, molido, resuspensión), así como la derivatización del glifosato presente y los ensayos de ELISA se realizaron siguiendo los protocolos provistos por el fabricante del kit utilizado (kit comercial validado para cuantificación de glifosato de Eurofins Abraxis, ahora Gold Standard Diagnostics)”, detalla.

“Luego de obtenidos los valores finales de absorbancia, fueron analizados estadísticamente mediante el Abraxis Excel Solver, provisto por el fabricante, lo que dio como resultado un valor de concentración”, prosigue. “El error se cometió al aplicar sobre dicho valor un factor de corrección de dilución incorrecto (para obtener el valor de concentración en la muestra original)”, señala, reconociendo que ese valor se venía usando por el grupo en ensayos anteriores para analizar “otras matrices alimentarias menos complejas”. Como consecuencia de ese valor incorrecto, se produjo “una sobreestimación del valor final”.

“Utilicé un valor genérico para tener el resultado final, y ahí estuvo el error. Tendría que haber ido a cada protocolo que utilicé: para arroz, tal protocolo, para galletitas, tal otro, para polenta y demás”, cuenta Claudio a la diaria.

“Una vez constatado este error”, en el texto el investigador cuenta que procedió “a recalcular los valores utilizando el factor de corrección según los protocolos específicos” para cada matriz analizada.