La UTU de Flor de Maroñas fue noticia meses atrás, cuando trascendió que había activado los protocolos cuando docentes del centro detectaron que uno de sus estudiantes venía golpeado desde su casa. El adolescente era Jonathan Correa, quien el 6 de marzo apareció muerto en una cañada a pocos metros de su casa, luego de haber sido golpeado por su padre.
El caso conmocionó a la opinión pública por varios errores y omisiones para sacar al niño de una prolongada situación de violencia y, por supuesto, su impacto fue mayor en el barrio y en la UTU a la que asistía. Docentes y compañeros más directos fueron objeto de un abordaje durante algunos días de un programa de profesionales de la Dirección General de Educación Técnico Profesional (DGETP), y que luego fue continuado por la psicóloga asignada a la escuela técnica, que durante algunas semanas se concentró en abordar las secuelas que dejó la muerte del adolescente.
Sin embargo, los días pasaron y las cotidianas situaciones de violencia que se viven en el centro educativo fueron tomando centralidad y marcando las intervenciones de la profesional, que tiene un cargo que es compartido con otras escuelas técnicas y por eso solo asiste una vez por semana a Flor de Maroñas, según explicó a la diaria Mabel Mallo, integrante del núcleo sindical de la Asociación de Funcionarios de UTU (Afutu) en el centro educativo.
Este miércoles, los docentes sindicalizados definieron ocupar la escuela técnica porque consideran que la comunidad educativa está abordando “en soledad”, sin respuestas ni acompañamientos que permitan al menos paliar los constantes emergentes. Según señaló Mallo, los episodios de violencia se dan a diario y a veces varias veces en un mismo día, y van desde golpes para resolver algún problema de convivencia hasta el ataque de ira que vivió un estudiante días atrás. Según relató, también es frecuente que el equipo docente se encuentre con que algún estudiante va con un arma blanca al centro educativo bajo el argumento de que el barrio está inseguro y la usan para defenderse de algún robo o ataque.
En este escenario, planteó que los docentes y el equipo de dirección están comprometidos con lograr las mejores condiciones posibles para que los estudiantes puedan ir y permanecer en el centro para lograr aprendizajes, pero la compleja situación social “se mete por la ventana ya desde hace bastante tiempo”. La falta de soluciones de mediano y largo plazo es la que llevó a los trabajadores sindicalizados a iniciar un conflicto y ocupar la escuela técnica.
En concreto, reclaman la presencia de más adultos en el centro educativo para realizar un trabajo de prevención y también para atender los emergentes que van surgiendo. Por eso, no solo piden la presencia de un cargo de psicólogo a tiempo completo para el centro educativo, sino también la contratación de más adscriptas, porque actualmente cuentan con dos para una importante matrícula estudiantil. Mallo explicó que también es necesaria la existencia de “un tejido social más fuerte”, lo que va más allá de la UTU e implicaría la presencia en territorio de otros organismos del Estado. “Nosotros derivamos chiquilines a ASSE [Administración de Servicios de Salud del Estado] y no hay personal que atienda los problemas de salud mental”, ilustró, con uno de los principales emergentes que surgen a diario.
Mallo destacó el importante rol que juegan las educadoras, una figura que en UTU apunta a estrechar el vínculo entre el centro educativo y lo social, incluyendo a la familia de los estudiantes, pero lamentó que también tienen pocas horas en el centro educativo. En suma, la falta de tiempo de este tipo de roles de apoyo hace que principalmente se dediquen a “apagar incendios” y no puedan ni siquiera pensar en acciones preventivas.
La integrante de Afutu aseguró que esta situación está generando una profundización del malestar docente, que hace que la tarea “sea cada vez menos atractiva”. En ese sentido, dijo que muchas veces cuando hay algún cargo vacante este no se logra ocupar porque “la gente está está arrancando para otros lados que no sean la docencia”. Mallo aseguró que es una tarea que los docentes eligen “con todo el amor del mundo”, pero en la práctica se sienten “sin ningún tipo de armas” ante la compleja realidad.
Además, el núcleo sindical denuncia que la DGETP no tiene cobertura de emergencia médica, por lo que cuando ocurre algo con un estudiante o trabajador deben llamar a ASSE. Sin embargo, Mallo sostuvo que la demanda de dicho servicio es alta y cuando no es una situación de gravedad, como una intoxicación que sufrieron unas estudiantes hace unos días, desde la emergencia pública les responden que no pueden acudir.