En diciembre de 2025 la delegación de la Universidad de la República (Udelar) planteó en la comisión mixta que integra junto con la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y la Universidad Tecnológica (UTEC) la idea de generar un plan conjunto para la democratización de la educación superior en Uruguay. El documento fue elaborado por equipos técnicos de las tres instituciones, en mayo de este año fue ratificado por sus consejos directivos y esta semana fue presentado en un evento público realizado en el Palacio Legislativo.
Entrevistado por la diaria, Pablo Martinis, prorrector de Enseñanza de la Udelar, se refirió a la elaboración del plan como “un hito histórico”, que fue posible gracias al trabajo acumulado realizado en la comisión mixta, que funciona desde 2005 y que ha posibilitado propuestas de grado y posgrado conjuntas entre las instituciones públicas que tienen a su cargo propuestas de educación terciaria.
Martinis definió la elaboración de un plan conjunto como “un paso más” en el trabajo interinstitucional, con el objetivo de promover y facilitar el ingreso y la permanencia de los estudiantes en la educación superior, en el entendido de que es un objetivo estratégico para el país. En ese sentido, las tres instituciones plantean para el corto plazo cambios o articulaciones a nivel de gestión y otras acciones para concretar a partir de 2028. También se proponen medidas a nivel curricular, pedagógico y de la formación docente con una articulación inédita para la educación del país. Algunas de estas acciones no requieren presupuesto adicional, pero muchas de ellas sí, y por eso sería clave contar con recursos adicionales para el quinquenio.
Se plantea hacer un seguimiento de las trayectorias de los estudiantes en la educación terciaria. ¿Cómo se propone abordarlo la Udelar?
Hay muchísimas iniciativas en los distintos servicios universitarios que hacen un seguimiento de las generaciones que ingresan. Es necesario darle un carácter sistémico a esto. El Observatorio de Trayectorias Educativas, generado en la comisión mixta, plantea una articulación de sistemas informáticos del conjunto de la educación uruguaya que permite seguir el recorrido de los estudiantes desde la finalización de la educación media hacia su trayectoria posterior.
Este es uno de los puntos que estamos priorizando en términos de solicitud de recursos presupuestales porque es central. La idea es dar seguimiento a esas trayectorias, por ejemplo, de un estudiante que culmina la enseñanza media y se inscribe en varias propuestas educativas a nivel terciario superior. Al día de hoy, si se inscribió en una carrera de la Udelar y nunca la cursa, o está un par de semanas y luego deja de asistir, nosotros lo tenemos como alguien que perdimos. Ahora, es muy probable que ese estudiante también se haya inscrito en formación docente o en cursos de UTU, y haya optado por continuar su trayectoria por ese lado.
Como sistema integrado tenemos que poder seguir esas trayectorias para conocerlas, pero también para facilitarlas. Hoy no podemos, y montar el observatorio con la plenitud de los dispositivos pensados nos lo permitiría. Un cambio fundamental es considerar al estudiante como un estudiante del sistema educativo nacional que puede desarrollar su trayectoria en distintas instituciones o con miras al mercado de trabajo. Estamos ante trayectorias que siempre son más complejas, más zigzagueantes en relación con la que uno definiría como estándar. Cada vez se da menos lo de inscribirse a los 18 años en una carrera y continuar por allí. Poder seguir esta movilidad es un insumo fundamental para la política.
También permitiría ver los casos en los que sí se concreta una desvinculación.
Claro, porque también hay estudiantes a los que perdés. Posibilita comprender mejor esos procesos para alimentar los instrumentos de seguimiento, de tutorías, de apoyos que nos permitan ir detrás de esas trayectorias que por algún motivo se truncan, a las que el país necesita estratégicamente darles continuidad. Un país que por la natalidad va a tener menos niñeces, menos adolescencias, menos juventudes, necesita generalizar la educación terciaria y superior. Por un lado, contribuye al objetivo de profundización democrática, que no es menor en un mundo que avanza hacia expresiones autoritarias, hacia las noticias falsas, hacia la dificultad para argumentar y para discutir en términos del reconocimiento del otro y no de su eliminación. No es que generalizar la educación superior te vacune contra esos problemas, pero da otros elementos.
Para la inserción internacional de Uruguay también es clave desde el punto de vista productivo: agregar valor a tu producción, tomar distancia de un modelo exclusivamente basado en la venta de commodities y en la venta de servicios personales, y en cambio agregarles valor a tu población y al proceso productivo.
¿Qué están pensando en cuanto al sistema de becas, que se busca que sea integrado a las tres instituciones?
Es la idea que está planteada, ya no como una meta inmediata, sino para los próximos años. En la Udelar tenemos una experiencia piloto, el programa integral de apoyo al acceso y la permanencia y egreso, que se desarrolla en cuatro liceos: dos en Montevideo, uno en Paysandú y uno en Tacuarembó. La idea de este programa es que equipos universitarios apoyan a estudiantes para visualizar su acceso a la educación superior: se presenta la oferta y se trabaja en orientación vocacional para que el proyecto vital de estos adolescentes incluya asistir a la universidad.
Al estudiante que es beneficiario de asignaciones familiares, en el caso en que se inscriba para continuar sus estudios en la universidad, se le garantiza el acceso automático a una beca de Bienestar Universitario. La universidad valida las evaluaciones que se hicieron para recibir la asignación y da automáticamente la beca. Es un programa piloto, pero nos ha permitido concluir que, en comparación con el promedio general de estudiantes de enseñanza media que son beneficiarios de asignaciones familiares, con esta política de apoyos se aumenta sustantivamente el ingreso a la universidad. Si pudiéramos avanzar a partir de esta idea en pensar mecanismos que blinden las trayectorias, estaríamos dando un paso importante.
El otro punto sería integrar los sistemas de becas dentro de la educación superior en un sistema nacional. En esto, por supuesto, la participación del Fondo de Solidaridad es muy relevante, porque cumple una función destacada en este proceso y deberíamos poder converger y articular. Si pudiéramos dar esos pasos paulatinamente estaríamos generando mejores condiciones para ese proceso de democratización. Por supuesto que esto sí involucra recursos, pero insisto en que es un asunto estratégico.
El plan también habla de repensar los primeros años de las carreras terciarias, una discusión que la Udelar empezó a dar a su interna. ¿De qué manera lograr que ese momento deje de ser considerado un filtro para la continuidad en ese tramo?
Es un tema clave. Está en el imaginario docente; ante salones abarrotados en los primeros días de clase, se escucha el comentario de que hay que esperar a la primera evaluación o a después de Turismo para que eso “decante”. Si decanta porque el estudiante entendió que esa no era la carrera que quería hacer, está bien. Ahora, si decanta porque no estamos pudiendo ofrecer las condiciones para la continuidad de esa trayectoria, ahí el problema no es del estudiante, el problema es institucional.
Sabemos que en los inicios de las carreras, básicamente en el primer año, a veces en el segundo, es donde tenemos mayores dificultades, porque en muchas facultades tenemos un fenómeno de numerosidad que nos está costando atender. Para atenderlo están las políticas de apoyo, becas, tutorías y demás, que están centradas en el estudiante. Por el otro lado, hay que ver la propuesta institucional, que involucra cuestiones curriculares, aspectos pedagógicos y de formación docente.
Las asignaturas filtro son un tema de discusión relevante que pondría en términos un poquito más generales: ver cómo vamos graduando los contenidos en el desarrollo de la formación. Contenidos que evidentemente son centrales para formarte, ¿en qué momento debemos poner énfasis en ellos? ¿Es al ingreso o quizás es un poco después? Otra cuestión es la cantidad de unidades curriculares en un primer año, ¿cuál es la cantidad óptima? ¿Podemos pensar en menor cantidad de unidades curriculares, con cantidades de créditos más concentradas y con componentes que también colaboren en fortalecer las trayectorias?
Hay una tensión muy fuerte entre la numerosidad y las propuestas virtuales. Sabemos que asistir presencialmente al inicio de la formación es una de las formas privilegiadas de entrar en la experiencia universitaria, de generar sentido de pertenencia. Está el desafío de cómo podemos avanzar en la presencia del estudiante.
Todos los servicios universitarios siguen con mucha preocupación el tema y tenemos muchas iniciativas en curso para intentar mejorar el transcurso en los inicios de las carreras. Hay poca complacencia y mucha autocrítica; los servicios hacen sus evaluaciones, constatan que muchas veces las estrategias que están llevando adelante no dan los resultados que se esperaría y se intenta innovar.
En la medida en que vos lográs mejorar el ingreso, el otro tema en agenda es el egreso, también tenés que trabajar en esa dimensión, y ahí se presenta otro tipo de dificultades, que en un mediano plazo hay que poner sobre la mesa. No tendría sentido impulsar el ingreso y después no generar políticas para favorecer el egreso. Pero entendemos que hay una gradación de momentos que hoy nos coloca fundamentalmente en pensar en el inicio de la formación.
El plan también menciona la intención de generar espacios curriculares de ingreso a la educación terciaria comunes a las tres instituciones. ¿Sería algo similar a los ciclos iniciales que tiene la Udelar en el interior?
La experiencia de los ciclos iniciales optativos ha sido interesante, también con muchas dificultades por la amplitud de contenidos, y tenemos el desafío de pensar trayectos vinculados a formaciones más particulares que sea posible desarrollar en distintos puntos del país, también en Montevideo. Que el estudiante pueda comenzar a cursar un trayecto formativo en una cierta área y que eso pueda ser reconocido y validado por los servicios.
Hay algunas facultades de la Udelar que tienen muchas carreras que están pensando en algún trayecto inicial común dentro de la propia facultad, pero también hay grandes líneas disciplinares comunes entre distintas facultades. Lo que en el plan está pensado más a mediano plazo es considerar esos trayectos dentro del sistema de educación superior, en articulación con el egreso de la educación media. Tenemos que derribar la idea de que pasar de un sistema a otro es un conjunto de obstáculos.
Una idea es que el estudiante ya egresado de educación media pueda transcurrir en alguno de estos trayectos, incluso antes de inscribirse a una facultad. Otra línea de trabajo es generar estos trayectos o módulos para estudiantes con materias previas que no han podido egresar de educación media. Sería tener un dispositivo común entre el sistema de educación superior y el sistema de educación media superior que simultáneamente colabore en la finalización de la educación media y vaya presentando la oferta de la educación superior y acompañe el ingreso a ese nivel. Permitiría dar un tiempo más, que a veces es necesario para el proceso de finalización de la media, pero ya con la mirada puesta también en la posibilidad de acceder a la educación superior.
Por ejemplo, si te interesa la historia te anotás y después ves si seguís la licenciatura en Facultad de Humanidades o el profesorado en el IPA.
Exacto, tenés un primer acercamiento que te permite tomar una decisión más firme y probablemente con más elementos con un poco más de tiempo. Tenemos una escala de sistema educativo y una escala de país que es muy pequeña, por lo cual no nos podemos amputar estas posibilidades de experiencias que permitan ensayar alternativas pedagógicamente. Y en la medida en que encontremos estrategias que van facilitando las trayectorias, implementarlas.
No todo el mundo tiene por qué seguir la misma trayectoria. Quizás en algunos casos puede haber un ingreso directo a la educación superior, en otros hace falta un espacio intermedio. O si estoy en el interior y puedo tener servicios de la ANEP, de la UTEC y de la Udelar, el acceso a un conjunto de materias que luego me sean validadas como inicio de un trayecto en algún área del conocimiento.
A veces hay procesos de maduración que son muy personales que requieren algún tiempo más. Tenemos que ser muy estratégicos en adaptarnos a esas necesidades y ser muy plásticos y flexibles en la oferta, con el objetivo de la continuidad de la trayectoria. Y esto no tiene que ir en detrimento de la calidad de las ofertas educativas. Cuando se discute de estos temas, rápidamente se instala la contradicción: “Se quiere democratizar, entonces la idea es bajar los requerimientos”. Tenemos como desafío, justamente, mantener niveles destacados de formación, a su vez que ampliamos el acceso a las propuestas educativas.
Capaz que lo que hay que pensar es si los niveles más fuertes de exigencia tienen que estar en el primer año o en el segundo o en el tercero. Pero no es de ninguna manera una idea que pueda ir en el sentido de bajar los contenidos, porque sería una trampa a nosotros mismos y a los jóvenes que participarían en esas propuestas. El país no se puede dar ese lujo. Es una discusión a veces alimentada desde el elitismo: como democratizar es bajar el nivel, entonces para mantener el nivel yo no debería democratizar. Ese razonamiento es el que hay que romper.
Es frecuente que los docentes universitarios se quejen por el nivel con el que ingresan los estudiantes a la institución. ¿De qué manera siguen desde el prorrectorado la discusión sobre cambios en bachillerato que promueve la ANEP, en la que también está de fondo ese temor a bajar el nivel?
Si vos le preguntás a una maestra de primero de escuela su opinión sobre la educación inicial, te va a decir todo lo que le falta al niño. Si le preguntás al docente de primero de liceo, se va a quejar de la escuela. Así sucesivamente, y no están ajenos a esto los docentes de la educación superior. Probablemente siempre hay algo de realidad en esto. El asunto es cómo salimos de la queja y vamos a estrategias interinstitucionales que permitan superarlo.
La discusión sobre bachillerato que se está promoviendo en la ANEP es muy interesante y sé que se discute con mucha pasión. Tenemos una institución que históricamente estuvo marcada por su carácter selectivo. Esa era la función que tenía. No estaba pensada para que todos y todas transcurrieran y finalizaran. Fue una función histórica, eso es indiscutible. Ahora, desde la segunda mitad del siglo pasado le estamos empezando, paulatinamente, a pedir a la educación media que tenga lugar para todos y todas. Y lo ponemos en la ley de educación de 2008, donde decimos que es obligatoria su finalización. Pero la finaliza solamente el 50% de la población entre 18 y 20 años. Entonces, tenemos un problema.
Sigo de cerca esas discusiones, que pasan por el carácter propedéutico y por pensar en la educación secundaria como un ciclo que finaliza en sí mismo, que debe preparar para la vida. Ahora, es también una discusión que tenemos que dar como sistema. A nosotros nos interesa participar en esa discusión y, sobre todo pensar en conjunto, como está explicitado en el plan, qué mecanismos podemos tener para favorecer la interfase.
Por ahí no es tanto si los bachilleratos van a tener determinadas denominaciones o si los estudiantes van a poder navegar con mayor libertad, sino qué perfiles de egreso tenemos y cómo se articulan -también- con lo que significaría continuar la educación terciaria o superior. Por eso es importante pensar también instrumentos que podrían estar en el medio entre ambas estructuras, de los cuales deberíamos hacernos responsables en conjunto.
Generamos el plan porque entendemos que es prioritario estratégicamente para este país generalizar la educación superior. Ese trayecto no es obligatorio, pero sí debemos definirlo como un derecho humano: todo joven debería tener el derecho de transitar por la educación terciaria superior. Eso es una interpelación a las instituciones. En educación tenemos la costumbre de sobreestimar la responsabilidad individual en los resultados educativos. Hay un espíritu de época que también va en la individuación de los procesos y, entonces, el individuo es finalmente el responsable de su suerte. Este plan va en el sentido contrario y plantea que hay que asumir una responsabilidad institucional.
