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Futuro Empresas
Dario Durigan, Luiz Inácio Lula da Silva, y Jose Guimaraes, el 10 de junio de 2026, en el Palacio Itamaraty de Brasilia. · Foto: Evaristo Sa, AFP

Dario Durigan, Luiz Inácio Lula da Silva, y Jose Guimaraes, el 10 de junio de 2026, en el Palacio Itamaraty de Brasilia.

Foto: Evaristo Sa, AFP

Investigación de EEUU sobre sistema de pagos digitales Pix responde a intereses geopolíticos, asegura CEO de PagBrasil

Los pagos digitales dejaron de ser una cuestión exclusivamente financiera para convertirse en una infraestructura “estratégica”, afirmó el co-CEO de PagBrasil, Alex Hoffmann, quien analizó por qué la disputa entre EEUU y Brasil por Pix anticipa debates sobre soberanía digital, interoperabilidad y el futuro del comercio global.

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Los sistemas de pagos instantáneos se han convertido en una de las nuevas infraestructuras de la economía digital. Desde India hasta Europa y América Latina, gobiernos y empresas avanzan en el desarrollo de plataformas propias para procesar transacciones, reducir costos, ampliar la inclusión financiera y disminuir la dependencia de redes internacionales de pagos.

En ese contexto, la investigación impulsada por Estados Unidos (EEUU) contra Pix, el sistema de pagos instantáneos desarrollado por el Banco Central de Brasil, abrió un debate sobre soberanía tecnológica, autonomía financiera y el control de las infraestructuras que sostendrán la economía digital en los próximos años, dijo a la diaria Alex Hoffmann, co-CEO y cofundador de PagBrasil, empresa especializada en soluciones de pagos digitales e interoperabilidad financiera en América Latina.

La investigación de EEUU contra Pix “responde más a intereses geopolíticos que técnicos”, sostuvo Hoffmann. A su juicio, la controversia revela una disputa creciente por la soberanía financiera y el control de las infraestructuras que sostendrán la economía digital en los próximos años.

Hace unos meses, EEUU puso a Pix bajo la lupa al incluirlo en una investigación sobre presuntas prácticas comerciales desleales de Brasil. El 2 de junio, la Oficina del Representante Comercial de EEUU (USTR) propuso elevar los aranceles a productos brasileños y mencionó al sistema de pagos entre los factores analizados. Días después, el gobierno brasileño reforzó la protección legal de la marca Pix ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial.

¿Qué lectura hace de las acusaciones que EEUU dirige contra Pix?

Creemos que este caso tiene un componente más geopolítico que estrictamente técnico. La investigación impulsada por EEUU no se limita a Pix, sino que incluye distintos temas comerciales y regulatorios, lo que sugiere una discusión más amplia.

Pix se convirtió en uno de los sistemas de pagos instantáneos más exitosos y adoptados del mundo, y naturalmente eso genera atención internacional. Pero no vemos fundamentos técnicos sólidos para considerarlo una práctica desleal. El Pix fue creado por el Banco Central de Brasil con objetivos claros de política pública: desarrollar una infraestructura eficiente de pagos instantáneos, ampliar la inclusión financiera, reducir la dependencia del efectivo y disminuir la concentración bancaria. No fue concebido como un instrumento de competencia contra empresas extranjeras, en especial las redes de tarjetas. De hecho, instituciones financieras extranjeras que operan en Brasil también participan en el sistema Pix bajo las mismas reglas regulatorias.

Por eso, entendemos que el debate excede al sistema en sí y refleja una conversación más amplia sobre innovación financiera y soberanía sobre las infraestructuras de pago en la economía global.

¿Qué disputa más profunda cree que está detrás de esta ofensiva contra Pix?

La narrativa de competencia desleal aparece en algunos análisis recientes que plantean que Pix habría afectado a las grandes redes internacionales de tarjetas. Es cierto que la participación porcentual de las tarjetas de crédito disminuyó. Hoy Pix representa más del 54% de las transacciones de pago en Brasil.

Sin embargo, es importante destacar que el mercado de tarjetas continuó creciendo incluso después de la consolidación del Pix. Según la Abecs (Asociación Brasileña de Empresas de Tarjetas de Crédito y Servicios), las transacciones con tarjetas en Brasil alcanzaron los 4,5 billones de reales (873.786 millones de dólares) en 2025, lo que representa un crecimiento del 125% en comparación con 2020, cuando Pix fue lanzado. Es decir, el tamaño total del mercado de tarjetas creció significativamente, impulsado por una masiva inclusión financiera que Pix ayudó a impulsar.

La USTR incluye a Pix en la investigación junto con otros temas muy distintos, como el comercio informal de la calle 25 de Março, uno de los mayores polos de comercio popular de Brasil, el etanol producido en el país e incluso la deforestación. Es una mezcla bastante heterogénea y, justamente por eso, el foco real de esta acción nunca estuvo completamente claro. Todo indica que se trata menos de una medida técnica y más de una pieza dentro del tablero de negociación comercial de EEUU.

¿La reacción de EEUU revela una preocupación por la pérdida de control sobre infraestructuras financieras globales?

Es evidente que los sistemas de pagos instantáneos están ganando relevancia global y Brasil no es un caso aislado. Vemos movimientos similares en otros mercados, como India con UPI, Colombia con Bre-b, Argentina con Transferencias 3.0, Indonesia con QRIS o incluso EEUU con FedNow y Europa con Wero.

En el caso europeo, Wero refleja un objetivo estratégico de fortalecer la autonomía regional en materia de pagos y reducir la dependencia de infraestructuras externas. Esta tendencia muestra que los países y bloques económicos están invirtiendo cada vez más en sus propios sistemas de pagos instantáneos, adaptados a sus propias realidades.

En ese contexto, es natural que aparezcan debates sobre el rol estratégico de estas tecnologías. Los pagos dejaron de ser solamente un servicio financiero para convertirse en un componente central de la competitividad económica tecnológica e incluso geopolítica de los países.

¿Cómo cambia el equilibrio de poder financiero cuando países del Sur global desarrollan sistemas de pagos propios como Pix?

Los sistemas de pago se están convirtiendo cada vez más en una cuestión de soberanía tecnológica y financiera. Cada vez más países buscan desarrollar infraestructuras adaptadas a sus propias realidades económicas y regulatorias, reduciendo dependencias externas y fortaleciendo su capacidad de innovación.

En ese contexto, el surgimiento de sistemas como Pix muestra que el desarrollo tecnológico ya no está concentrado únicamente en países que, históricamente, lideraron el mercado de pagos. Más importante aún, demuestra que otros países también pueden construir infraestructuras propias capaces de alcanzar escala masiva y generar impactos económicos significativos.

El caso de Pix es ilustrativo: desde su lanzamiento, el sistema ya superó los 60 billones de reales (11,7 billones de dólares) en volumen transaccionado. Considerando una tasa histórica promedio cercana al 1% para las tarjetas de débito, una simulación teórica indicaría que los costos evitados para los comercios podrían superar los 600.000 millones de reales (116.500 millones de dólares).

Hoy vemos una innovación muy fuerte también en otros países del Sur global, especialmente en soluciones de pagos digitales e inclusión financiera. En América Latina, por ejemplo, observamos avances importantes con Bre-B en Colombia y Transferencias 3.0 en Argentina.

¿Pix puede entenderse como una forma de soberanía financiera para Brasil y América Latina?

En Brasil, Pix nació impulsado por el Banco Central con objetivos muy concretos: ampliar la inclusión financiera, estimular la innovación y aumentar la competencia dentro del sistema financiero. No fue pensado originalmente como una herramienta de soberanía, sino como una infraestructura moderna para acelerar la digitalización de los pagos.

Sin embargo, con el tiempo quedó claro que los sistemas de pago también tienen una dimensión estratégica. Hoy existe una comprensión cada vez más fuerte de que la infraestructura financiera y digital forma parte de la soberanía de los países.

En América Latina, además, empieza a surgir una necesidad creciente de interconectar esos sistemas, especialmente en regiones con alto flujo comercial y turístico como el Mercosur. El desafío ya no es solamente construir infraestructuras domésticas eficientes, sino permitir que distintos ecosistemas puedan interoperar entre sí de manera simple y segura.

En ese contexto aparecen iniciativas como PagBrasil y soluciones como RoamingPay, que buscan conectar diferentes sistemas de pagos instantáneos y QR sin necesidad de reemplazarlos, preservando la autonomía de cada mercado.

¿Qué rol jugó el Estado brasileño en el éxito de Pix y qué lecciones deja para otros países de América Latina?

El rol del Banco Central de Brasil fue fundamental. Pix fue concebido como una infraestructura pública digital sobre la cual bancos, fintechs (empresas que combinan servicios financieros y tecnología para ofrecer productos digitales) e instituciones financieras pudieran desarrollar soluciones innovadoras para usuarios y comercios.

Ese modelo permitió combinar coordinación regulatoria con innovación privada. El Estado construyó la infraestructura y definió reglas claras, mientras que el ecosistema financiero desarrolló nuevas experiencias de uso y aceleró la adopción digital.

Uno de los factores más importantes del éxito de Pix fue justamente su eficiencia. Ofrece costos más bajos para los comercios, liquidación más rápida y una experiencia simple y segura para los usuarios. Además, fue diseñado directamente para la era digital, integrándose desde el inicio con tecnologías como Open Finance.

Pero quizás una de sus mayores lecciones haya sido la inclusión financiera. Según datos del Banco Central de Brasil, Pix contribuyó a incorporar 71,5 millones de personas al sistema financiero formal. Millones de brasileños que antes tenían una participación limitada en los servicios financieros comenzaron a realizar pagos digitales, recibir ingresos y participar más activamente de la economía digital.

Ese proceso también abre nuevas oportunidades en materia de acceso al crédito. A medida que los usuarios generan historial transaccional a través de pagos digitales, las instituciones financieras pueden desarrollar modelos más precisos de análisis de riesgo, permitiendo ampliar la oferta de productos financieros para personas y pequeños negocios que históricamente tuvieron dificultades para acceder al crédito formal. Esto resulta especialmente relevante en economías emergentes, donde millones de personas y pequeñas empresas siguen enfrentando barreras para acceder a servicios financieros tradicionales.

El impacto económico también es significativo. Estudios recientes estiman que Pix podría contribuir con más de 280.000 millones de reales (54.400 millones de dólares) al PIB brasileño hasta 2028, impulsando la productividad, reduciendo costos de transacción y acelerando la digitalización de la economía.

La amplitud de estos resultados solo fue posible gracias al liderazgo del Banco Central de Brasil, que impulsó una visión de largo plazo centrada en la innovación, la inclusión financiera y el interés público. Hoy, la institución es considerada por muchos como una referencia global no solo en materia de pagos digitales, sino también en iniciativas como Open Finance y en la construcción de marcos regulatorios que fomentan la innovación, la competencia y la adaptación constante del sistema financiero. Ese enfoque ha sido fundamental para fortalecer la resiliencia y la capacidad de evolución del ecosistema financiero brasileño a lo largo del tiempo.

¿Cree que estamos entrando en una era en la que la soberanía digital también se juega en los sistemas de pagos?

Sí, claramente estamos entrando en una etapa en la que la soberanía digital también pasa por los sistemas de pagos. Hoy los pagos digitales dejaron de ser solamente una herramienta complementaria del sistema financiero para convertirse en una infraestructura estratégica para la economía. En ese contexto, disponer de una infraestructura de pagos propia e independiente es cada vez más relevante para los países.

La velocidad de las transacciones, los costos, la interoperabilidad entre países y la capacidad de adaptarse a un mundo cada vez más digital y automatizado empiezan a definir la competitividad de las naciones y de sus ecosistemas financieros.

Por eso, la discusión ya no se limita únicamente a inclusión financiera o experiencia del usuario. Lo que está en juego es la infraestructura que sostendrá el comercio digital, los pagos en tiempo real y la integración económica en los próximos años.

¿Puede América Latina construir una infraestructura regional de pagos que reduzca la dependencia del dólar y de las redes financieras estadounidenses? ¿Por qué es clave para el futuro de la región que se haga esto?

El dominio del dólar es estructural porque los rieles financieros actuales están diseñados para él. Pero hoy la tecnología nos ofrece una oportunidad real para construir una iniciativa regional independiente del dólar, basada en una infraestructura interoperable de pagos capaz de conectarse con otras redes interoperables que están surgiendo en otros continentes, reduciendo la vulnerabilidad estructural en el comercio bilateral.

Por eso, creemos que el futuro no pasa por reemplazar sistemas existentes ni por exportar un único modelo regional, sino por conectar las infraestructuras que cada país ya desarrolló. Ese es justamente el objetivo de RoamingPay, que busca permitir la interoperabilidad entre distintos sistemas de pagos instantáneos y códigos QR, pero manteniendo la autonomía y las particularidades de cada ecosistema.

¿Qué modelo de futuro está en juego detrás de esta discusión?

Lo que está en juego es cómo se va a construir la infraestructura financiera de la economía digital en los próximos años. La decisión estratégica es construir puentes digitales que garanticen que los pagos por el intercambio de bienes y servicios sea tan fluido como el intercambio de información en la era actual.

Cada vez más países entienden que depender exclusivamente de redes externas para procesar pagos también implica una dependencia tecnológica y estratégica. Por eso vemos un crecimiento acelerado de sistemas domésticos de pagos instantáneos y códigos QR en distintas regiones del mundo.

Al mismo tiempo, el futuro probablemente no pase por imponer un único sistema global, sino por lograr interoperabilidad entre infraestructuras nacionales y regionales.

La iniciativa impulsada por PagBrasil apunta justamente a conectar esos distintos ecosistemas de pagos y facilitar la interoperabilidad entre sistemas instantáneos y redes QR de diferentes países. Ese tipo de soluciones muestran hacia dónde puede evolucionar el mercado: sistemas más abiertos, conectados y adaptados a una economía cada vez más digital, global y diversa.