Durante la visita que realizó a Haití esta semana, el secretario general de la ONU, el portugués António Guterres, declaró que el país “enfrenta la crisis más grave del hemisferio occidental”.
En una conferencia de prensa que brindó en Puerto Príncipe, la capital haitiana, el máximo jerarca de la ONU señaló la violencia de las pandillas, que “aterroriza” a la población, como la peor causa de la crisis que forzó a 1,5 millones de personas a huir de la capital hacia otras zonas del país y dejó a más de la mitad de los casi 12 millones de personas que viven en Haití dependiendo de la ayuda humanitaria para alimentarse.
Según Guterres, a nivel mundial, la situación solo es peor en Sudán y en los territorios palestinos, de acuerdo con lo que consignó la cadena Deutsche Welle.
“Cada día es una lucha por la supervivencia”, dijo Guterres, refiriéndose a los haitianos. “Hablé con muchos hombres, mujeres y niños que solo comen una vez al día”.
Según cifras de la ONU, la violencia perpetrada por las pandillas que dominan buena parte de la capital causó la muerte de más de 2.300 personas, únicamente en lo que va de este año. En promedio, más de 20 mujeres y niñas fueron agredidas diariamente durante el primer trimestre de este año y el número de menores reclutados por pandillas se triplicó, informó Guterres. “Ahora, uno de cada dos pandilleros es menor de edad”, expresó.
Haití, el país más pobre de América, sufre desde hace años de inestabilidad, mientras que poderosas pandillas asesinan, violan, saquean y secuestran impunemente. “Seamos claros: las pandillas han aterrorizado a Haití. Las instituciones se han debilitado”, afirmó Guterres. “Pero la mayor vergüenza es la indiferencia: la indiferencia de un mundo que ha mirado hacia otro lado”.
Guterres lamentó que el plan de respuesta de la ONU para Haití sea el programa con menor financiación dentro de la entidad. Hasta el momento, la organización solo ha logrado recaudar 24% de los 880 millones de dólares destinados a abordar la crisis. “Haití no pide caridad. Haití le pide al mundo que cumpla su palabra. Y Haití no puede esperar”, declaró Guterres.
Destacó que la Fuerza de Represión de Pandillas, creada en setiembre pasado para combatir a las pandillas armadas y que prevé una fuerza máxima de 5.500 soldados de diversos países, ofrece una “posibilidad real de frenar la violencia y restaurar la autoridad estatal”.
Hasta ahora, Jamaica, Chad, El Salvador y Guatemala mandaron menos de 2.000 soldados, que se espera que comiencen a operar en las próximas semanas, en coordinación con la Policía local y el Ejército haitiano.
La crisis de seguridad en Haití se agravó en marzo de 2024, cuando las pandillas desataron una ola de violencia que obligó al entonces primer ministro, Ariel Henry, a dejar su cargo, para el que no había sido electo por la población, sino designado.
Henry fue reemplazado por un consejo presidencial interino, pero al expirar su mandato en febrero, el Poder Ejecutivo pasó al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, quien ofició de anfitrión de Guterres.
En Haití no se celebran elecciones generales desde 2016, principalmente debido a la inseguridad. Su último presidente, Jovenel Moïse, fue asesinado en julio de 2021.
La ubicación estratégica del país, sus extensas fronteras terrestres y marítimas, así como sus numerosos puertos públicos y privados, carreteras en mal estado y pistas de aterrizaje clandestinas lo han hecho particularmente vulnerable al tráfico de contrabando, especialmente armas de fuego, municiones y drogas.
Haití también depende en gran medida de las importaciones, ya que casi todos los sectores de su economía están vinculados a bienes provenientes del extranjero. Como resultado, existe un intenso flujo de bienes y servicios a través de sus fronteras y puertos, lo que ofrece a los delincuentes amplias oportunidades para el contrabando de mercancías ilegales.
Las bandas criminales dominan las cadenas de suministro y extorsionan a las rutas comerciales y de transporte humanitario, lo que les otorga un enorme poder para desviar recursos de Haití y desestabilizar su economía. Y, al estar mejor armadas que las propias fuerzas de seguridad, se están imponiendo por la fuerza.
