El 12 de abril de 2004, un joven de 13 años que asistía al liceo 13 de Maroñas baleó a Fiorella Buzeta, su compañera de clase, quien no pudo volver a caminar. “Las amenazas de tiroteos en los liceos me devolvieron el miedo, la angustia y la impotencia que creí olvidadas”, escribió en redes sociales la hoy directora de la Asesoría para la Igualdad de Género de la Intendencia de Montevideo (IM), 22 años después, a la luz de las pintadas que aparecieron en centros educativos de todo el país y mensajes en redes sociales alusivos a posibles balaceras.

En diálogo con Panorama informativo de la diaria Radio, Buzeta se declaró “bastante movilizada”. Manifestó que al enterarse de las noticias revivió “el miedo, el caos, la tensión y la incertidumbre que genera el no saber qué va a pasar”, lo que la impulsó a escribir la misiva. Aunque lo conversó con su familia y estuvo “varios días meditando si salir o no salir y esperar que decantara un poco esto que empezó como una broma”, finalmente lo publicó: “Me impulsó un poco la necesidad de decir y ponerle rostro a que estas cosas sí pasan y que esto puede materializarse en una situación muy grave”.

Transcurridos esos 22 años, Buzeta se convirtió en “una mujer política que quiere transformar la realidad” tras atravesar un proceso “de mucho dolor y de pasar por diferentes etapas, como todos en la vida”: “A veces el foco está en esto, en el quiebre que fue el accidente, que sin duda fue un quiebre: eso me cambió la vida, pero también me hizo ser lo que soy hoy”, reflexionó.

Hoy en día, Buzeta está centrada en “transformar esa negatividad o esas frustraciones que todos tenemos” y lograr “devolvérselo a la sociedad de buena manera”. En ese marco, la jerarca departamental decidió “transformar el dolor en acción” y anunció que recorrerá barrios y liceos para conversar y contar su historia, dado que “tenemos la obligación de defender la vida” y es preciso “construir desde la ternura”, se lee en su publicación.

Con la intención de comenzar las recorridas en mayo, dijo a la emisora que ya recibió más de 15 solicitudes para acercarse a centros educativos o mensajes “de profesores preguntándome si lo pueden plantear en las direcciones”. En esos intercambios notó “desesperación y mucho miedo” en docentes, familiares y la sociedad en general. “Lo que hice ayer después de la publicación fue comunicarme con algunas autoridades para justamente poder coordinarnos y desembarcar de manera institucional en los centros educativos”, sostuvo.

También le “impactó” la lista de barrios desde donde la convocaron, donde evaluó que “la violencia está muy presente”. Mencionó a Casabó, Piedras Blancas, La Teja y contó que incluso la contactaron desde el departamento de Paysandú. Aunque aún está en etapa de organización, prevé ir a todos los lugares que se lo soliciten y le envió un mensaje al presidente de la Administración Nacional de Educación Pública, Pablo Caggiani, para manifestar su intención y que las jerarquías educativas “estén al tanto de qué vamos a hacer y que haya un apoyo también a los profesores y las profesoras para dar este espacio de diálogo”.

Su iniciativa coincide temporalmente con la puesta en marcha del programa Más Barrio en Cerro Norte. Consultada respecto de la posibilidad de integrarse en esa estrategia, dijo que “no habría ningún problema” y señaló que es necesario llegar a todos los barrios, ya que la violencia “nos atraviesa” y “no tiene que ver con la clase social”, aunque “sí hay barrios en los que sabemos que está latente la presencia de las armas”.

“Yo creo que es un tema muy complejo y que nadie sabe cómo abordarlo; esa es la realidad. Creo que nunca nos pasó como Uruguay”, diagnosticó. Agregó que, más allá de que ocurre en los centros educativos, se vincula “con la construcción de una violencia que vemos en los medios de comunicación, en las redes sociales, y esto es una expresión de la adolescencia de lo que vivimos como sociedad”. Extendió el razonamiento hacia los videojuegos, que “también han construido a los adolescentes que tenemos hoy” y configura un elemento que “supera al sistema educativo”.

“Contrarrestar esos discursos de odio, la única manera en que lo podemos hacer es juntándonos, escuchándonos, mirándonos a los ojos –que es algo que hemos perdido, porque estamos muchas veces con el celular y la cabeza baja–, encontrándonos, tratando de conectar con lo que le pasa al otro”, cerró. En ese sentido, “o nos armamos todos como sociedad y salimos con las armas, o combatimos este discurso, nos juntamos y empezamos a transformar desde el amor”.

Buzeta no volvió a cruzarse con su agresor, quien estuvo “un tiempo” –unos 90 días– recluido en el entonces Instituto Técnico de Rehabilitación Juvenil y hoy Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente, donde recibió maltratos que denunció su familia.

“La causa siguió, él salió en libertad en su momento y no sabría decirte qué es de su vida porque no tengo contacto”, reconstruyó. Sin embargo, en 2021, Marcos Chiappa volvió a protagonizar un hecho de violencia cuando, devenido policía de la Guardia Republicana, fue captado en un video amenazando y golpeando a un adolescente detenido. Fue condenado por abuso de funciones.