El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó el informe de estimación de la pobreza por ingreso para 2025. Consignó que el 16,6% de las personas y el 13,2% de los hogares estuvieron por debajo de la línea de pobreza, entre otros datos.
Este jueves, la diaria Radio recibió al economista Mauricio de Rosa para abordar las cifras. Mencionó que “esencialmente” se trata de una “situación de estabilidad” en los indicadores de pobreza monetaria, desigualdad y pobreza multidimensional, aunque con un “movimiento en los indicadores que parece positivo, por lo menos en el caso de pobreza monetaria y pobreza multidimensional, pero que no es estadísticamente significativo”. En suma, hubo una caída, pero “no es suficientemente grande como para darnos certeza completa de que estamos ante una caída que es real y no es ruido estadístico”.
Vinculado a la pobreza infantil, el informe constató un descenso de 32,2% a 29,1% en el rango de entre 0 y 6 años. El economista dijo que lo anterior configuró uno de los movimientos más favorables, pero “tampoco es significativo” ya que en grupos de población más pequeños los márgenes son mayores. “Los movimientos son todos en el sentido que uno esperaría y quisiera. Pobreza en menores de 6 cae en tres puntos, pero también caen todos los grupos de edad de menores, y creo que eso es algo favorable”, acotó.
Además, el 70% de los hogares pobres está encabezado por mujeres. El economista señaló que en esos hogares es “donde hay más niños y niñas”, en el marco de un fenómeno en el que “está todo conectado y es parte de lo que las políticas públicas tienen que venir a desarmar”. “No olvidemos que los niveles de pobreza que estamos observando, en particular pobreza infantil, pero no solamente, son escandalosos para un país con el PIB per cápita de Uruguay”, advirtió el economista. Agregó que tener “un tercio de los menores de 6 aproximadamente que nacen en hogares pobres es muy problemático” tanto desde lo ético como desde lo instrumental.
Por otro lado está la indigencia, que subió de 1,5% en 2024 a 1,7% en 2025 por persona, y de 1,2% a 1,3% por hogares. Aunque tampoco resulta “estadísticamente significativo”, el experto precisó que lo medido por el indicador “no es situación de calle”, sino “no tener ingresos suficientes para adquirir una canasta básica alimentaria”. Explicó que el dato es consistente con la desigualdad por el índice de Gini y el ratio de deciles –que compara el promedio de ingresos del decil más rico con el más pobre–, puesto que “empeora un poco”: “Los ingresos de los hogares más pobres se deterioran un poco y eso marca un alejamiento”, señaló.
En lo que hace a la pobreza multidimensional, informe que se publicó este miércoles, trascendió que en 2025 hubo 18,7% de personas pobres multidimensionalmente y significa un descenso de 1,2 puntos respecto al año pasado. Según De Rosa, tampoco es significativo, pero el indicador es “súper relevante” ya que la pobreza es, “por definición, multidimensional”. “Lo que sí mejora un poquito y es significativo es el porcentaje de privaciones que tienen los hogares pobres multidimensionales” en promedio, que pasa de 34,1% a 33,4%.
“El problema central que tenemos en Uruguay es un problema distributivo”
En el plano general, De Rosa valoró que el concepto de que “no hay niños pobres, hay niños que viven en hogares pobres” está “establecido en el debate público”, pero dijo que, del mismo modo, “no es que haya pobreza y desigualdad; hay pobreza porque hay desigualdad”, y se trata de “manifestaciones del fenómeno distributivo en general”. En ese marco, la pobreza de hogares con niños es “la manifestación más dramática del problema de la desigualdad”, pero “el problema central que tenemos en Uruguay es un problema distributivo más en general y así hay que encararlo”.
El vínculo entre pobreza y desigualdad se explica porque “Uruguay sigue siendo un país relativamente pobre” y, si genera “relativamente poco ingreso y ese ingreso está muy mal distribuido”, lo que “queda para el resto es una fracción muy minoritaria”. “Acá hay un triángulo que es bien claro: pobreza, desigualdad y crecimiento económico, que es lo que está en la discusión permanentemente. Incluso si uno no se preocupa por la desigualdad, si uno solo se preocupa por la pobreza, la forma más fácil y rápida de bajar la pobreza es bajando al mismo tiempo la desigualdad”, afirmó.
Las alternativas para bajar la pobreza, según De Rosa, son “crecer muy fuertemente” en lo económico y que haya una caída muy fuerte de la desigualdad –el “escenario óptimo–; crecer fuertemente, pero “asegurándote de que la desigualdad no crezca, porque ahí, por lo menos, los hogares pobres crecen al ritmo de la economía”, o, finalmente, “sin crecimiento, pero con una acción redistributiva muy fuerte”. El riesgo está en estancarse en “una situación de bajo crecimiento y no caída de la desigualdad”, con lo que la pobreza estará “oscilando en torno a niveles inaceptables”.
La respuesta del gobierno: “Poco margen de acción para desplegar nuevas políticas públicas”
El economista subrayó que, ante el déficit fiscal, el gobierno optó por un ajuste “por el lado de los ingresos” e intentar “cubrir la brecha con ingresos adicionales”, y que la forma para materializar lo anterior se realizó a través de modificaciones tributarias “que están bien orientadas”. En ese sentido, el gobierno “hizo un esfuerzo muy grande por estabilizar las cuentas públicas”, pero “dejó muy poco margen de acción para desplegar nuevas políticas públicas; en particular, el combate a la pobreza” y el esfuerzo incremental que se destina a infancia “son muy pequeños”, porque el grueso “fue a parar a cubrir la brecha fiscal”.
En ese margen acotado, valoró positivamente algunas medidas como “los incrementos anunciados del Bono Crianza y las Becas Butiá”, aunque sus incrementos “no mueven la aguja” y requieren acompañamiento por “poder de fuego presupuestal”. “Una política de transferencias más agresiva es muy efectiva, sobre todo para el indicador de pobreza monetaria”, sumó. Por otro lado, opinó que la política salarial “estuvo bien” y hubo “un incremento del salario real fuerte que estuvo volcado a los trabajadores con ingresos más bajos”, lo que “seguramente es parte de lo que está jugando en esta caída mínima”.
Entre las posibles medidas tributarias aparece el debate por el llamado “impuesto al 1% más rico”, que prevé una sobretasa al impuesto al patrimonio de las personas físicas (IPPF). “Desde el punto de vista fiscal, es una política que podría recaudar recursos sustanciales” y también “tiene un efecto en sí mismo sobre la desigualdad”, porque el impuesto “ya genera un impacto distributivo en la desigualdad patrimonial de la riqueza que es muy elevada”. Finalmente, un tercer argumento remite a que, “en el período en que Uruguay logró bajar mucho la desigualdad”, el IRPF y el IASS fueron “instrumentos clave” pero “nunca lograron gravar adecuadamente los ingresos al 1% más rico”.
Los reparos ante la propuesta remiten a que podría complejizar la captación de inversiones y hacer que los capitales dejen el país. El entrevistado opinó que la evidencia internacional muestra que, con impuestos de ese tipo, “cambia más lo que la gente dice que hace que lo que la gente efectivamente hace” y se buscan formas para “pagar menos impuestos”. A su vez, en el plano migratorio, que extranjeros que tributan en Uruguay se retiren “puede pasar”, pero “no sería un problema”, porque “la aguja en términos de recaudación no se va a mover, porque vos tenés un incremento de recaudación vía la incorporación del impuesto en el que varios miles de personas van a pagar”.