Este martes, el exvicecanciller y exembajador uruguayo en Cuba, Ariel Bergamino, estuvo en Primera mañana y abordó las repercusiones de las discusiones en torno a la posibilidad de que nuestro país acepte personas deportadas de Estados Unidos, y sostuvo que el gobierno debe “actuar con mayor madurez [y] con mayor precisión”.
Para Bergamino, el asunto resulta complejo, en tanto se corresponde no solo con una dimensión de derechos humanos, sino también migratoria e incluso legal, a nivel local e internacional. También por el peso de Estados Unidos, cuyo vínculo con nuestro país “nunca es una relación sencilla” y se dificulta aún más ante la “administración tan agresiva, tan impredecible [y] tan cambiante” del gobierno de Donald Trump.
De igual forma, el exvicecanciller apuntó a opacidades en la forma en la que el gobierno abordó el asunto luego de que trascendiera públicamente. El exvicecanciller evaluó que, si bien tanto las conversaciones como las negociaciones “son parte de la actividad diplomática y, por supuesto, no son lo mismo”, de todas formas “están vinculadas”, por lo que dijo no comprender completamente las explicaciones brindadas por el canciller Mario Lubetkin, quien sostuvo que el cuerpo diplomático simplemente dialogó al respecto, sin haber recibido “ninguna propuesta definitiva”.
“Cuando yo converso, a nivel diplomático con una contraparte, no converso para pasar el tiempo, no pongo temas en la agenda de relleno como si estuviera en una tertulia”, conjeturó, y dijo que el gobierno necesita “ser más preciso en lo que quiere, en lo que está haciendo [y] en lo que comunica”. Para Bergamino, dicha aproximación le habría permitido sortear otros “episodios incómodos vividos recientemente”, como la visita del presidente de la República, Yamandú Orsi, a un portaaviones estadounidense en mayo, y la participación del embajador uruguayo en Estados Unidos, Daniel Castillo, en una cumbre contra “el terrorismo político de extrema izquierda” el mes pasado.
También dijo que percibe “cierta dosis de inmadurez” en los cuadros del gobierno, a la que sumó “problemas en materia de coordinación interna, de conducción, de gestión y de comunicación”, algo que recordó reconocieron tanto integrantes del Poder Ejecutivo como dirigentes del Frente Amplio (FA) en el pasado. También acusó “cierta devaluación en términos ideológicos y políticos” que distancian al gobierno de sus bases y las “señas de identidad” que llevaron al electorado a votar por él. “Por momentos tenemos un gobierno hidropónico, con pocas raíces, y no debiera ser así, porque el Frente Amplio es una muy buena raíz, es una muy buena tierra y es un muy buen horizonte”, se lamentó.
Consultado sobre si entiende que el gobierno opta por no profundizar en la comunicación de manera de evitar conflictos con las bases ya mencionadas, Bergamino retomó en su lugar el concepto de opacidad en torno a los acuerdos que el gobierno norteamericano suscribe en la materia, e hizo un breve repaso por diferentes políticas de deportación y migración forzada llevadas adelante a lo largo de la historia del país del norte, que “ha continuado a lo largo del tiempo con diferentes variables”. “Lo que está haciendo Trump no es nuevo, es más brutal”, reparó.
En ese sentido, dijo entender que nuestro país “sin duda alguna recibe presiones”, pero matizó que estas forman parte del “quehacer diplomático”, en el que “siempre hay incentivos y también castigos”. Esto, reconoció, no resulta fácil de gestionar, especialmente dada la “asimetría brutal” con el gobierno de Donald Trump, que “no dialoga, [sino] grita, empuja, amenaza [y] hace acuerdos que ella misma se encarga luego de vulnerar”.
Es así que sostuvo que el margen con el que cuenta la cancillería “es estrecho”, aunque “hay límites que no se pueden traspasar”. “Uruguay es un país pequeño, sí, [...] pero es un país respetuoso y respetado; y ese es su principal patrimonio, si se quiere, junto con su gente. Entonces creo que preservar [y] defender ese patrimonio intangible que es su dignidad, su prestigio internacional, un prestigio acumulado a lo largo de muchos años y de diversas administraciones de gobierno, creo que también en estos aspectos a veces hay que plantarse”, valoró.
“Hay que tener en cuenta que esto de pretender estar bien con todo el mundo es bastante difícil y es bastante riesgoso en el mundo actual”, consideró Bergamino, que reconoció de todos modos que el equipo de la cancillería es “tremendamente profesional y comprometido” y se ve apremiado por un panorama geopolítico adverso.
Así, y sobre el final de la entrevista, advirtió: “Dentro de la opacidad reinante, en las condiciones que hasta ahora se conocen, realmente a Uruguay no le conviene. Realmente, no es que no le convenga, no debe: es cruzar una línea roja”, enfatizó.
