El Banco Mundial señaló recientemente que Uruguay enfrenta el desafío de transformar su estabilidad macroeconómica y fortaleza institucional en mayor crecimiento, productividad e inversión. En particular, su vicepresidenta para América Latina y el Caribe, Susana Cordeiro Guerra, sostuvo que la competitividad debe abordarse como una “agenda integrada”, que combine capital humano, tecnología, financiamiento, infraestructura, apertura e innovación.
Desde esa perspectiva, la inversión aparece como uno de los obstáculos. Según el organismo, durante la última década el PIB uruguayo creció en promedio 1,2% anual, mientras que la inversión se mantuvo entre 16% y 18% del producto, por debajo de los niveles superiores a 25% que presentan algunas economías de rápido crecimiento.
El planteo vuelve a poner en discusión una advertencia que también ha sido formulada en las últimas semanas por dirigentes de la oposición y distintos analistas económicos, respecto a que el nivel relativamente bajo de inversión puede explicar el escaso crecimiento de Uruguay.
El fenómeno adquiere relevancia en un contexto en el que la economía mostró un nuevo retroceso. De acuerdo con los últimos datos del Banco Central del Uruguay (BCU), el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo 0,5% en el segundo trimestre de 2026 frente al mismo período del año anterior, mientras que, en términos desestacionalizados, cayó 0,8% respecto al primer trimestre. El resultado estuvo condicionado, entre otros factores, por la evolución del sector agropecuario y factores climáticos.
La discusión, sin embargo, requiere distinguir entre el nivel de inversión de largo plazo y los factores que explican el comportamiento de la economía en un trimestre determinado. En las cuentas nacionales del BCU, el indicador utilizado para medir la inversión es la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), que comprende tanto la inversión pública como la privada y está integrada fundamentalmente por dos rubros: construcción y maquinaria y equipamiento.
¿Cuánto debería invertir Uruguay?
En conversación con la diaria Verifica, la economista Gabriela Mordecki, investigadora del Instituto de Economía (IECON) de la Universidad de la República, explicó que la mayor parte corresponde a inversión privada. También señaló que una parte importante de la maquinaria y los equipos utilizados en esas inversiones son importados.
El economista Ramiro Correa, del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), coincidió en que el nivel actual es reducido en términos históricos y regionales. Para Correa, la inversión que se ubica actualmente en torno a 16% del PIB es un porcentaje “bajo respecto a los niveles deseables” para que Uruguay alcance tasas de crecimiento más elevadas. Aunque la inversión aumentó alrededor de 9% respecto del mismo período del año anterior, considera que ese incremento parte de una base reducida.
Ambos especialistas coincidieron en que no existe una tasa de inversión que pueda considerarse óptima para todos los países. El porcentaje depende, entre otros factores, de la estructura productiva y de los sectores que concentran la actividad.
“Se considera que deberíamos propender a una inversión por encima del 20%. Sin embargo, hay algunos estudios que señalan también que esto depende de cómo es el estatus de producción del país y cuál es su estructura productiva”, explicó Mordecki. La economista puso como ejemplo las diferencias entre una economía industrial intensiva en maquinaria y una como la uruguaya, en la que tiene un peso considerable la producción agropecuaria y los servicios. “No hay una cifra absoluta que garantice que a partir de ahí el Uruguay está salvado”, sentenció.
Correa utiliza una referencia similar. “Para Uruguay, si uno quisiera ir a una tasa de crecimiento del entorno del 2,5% anual, que es más del doble que la tasa de crecimiento que estamos viendo hoy, deberíamos ir al menos a niveles de inversión sobre PIB del entorno del 20%”, afirmó.
Asimismo, el economista señaló que, en términos regionales, Chile y Paraguay presentan tasas de inversión cercanas a 25%, mientras que Brasil se ubica por encima de 20%.
Inversión y crecimiento: ¿qué viene primero?
La relación entre ambas variables no es necesariamente lineal. Una mayor inversión puede ampliar la capacidad productiva y favorecer el crecimiento, pero una economía que crece también puede generar mejores condiciones para que las empresas decidan invertir.
Mordecki explicó que una investigación que realizó sobre el vínculo entre ambas variables encontró que, en determinados períodos, primero se produce el crecimiento y luego aumenta la inversión, aunque señaló que, “en el mediano plazo, son dos variables que se retroalimentan”.
Al mismo tiempo, existen episodios en los que una inversión extraordinaria genera un impulso importante sobre la actividad. “Con estas grandes inversiones que tuvo Uruguay, como UPM y el Ferrocarril Central, los datos de inversiones en general con respecto al PIB aumentan mucho y eso tiene un impacto después en el crecimiento hacia adelante”, señaló.
En este sentido, una dificultad para analizar la evolución uruguaya es que algunos de los períodos de mayor inversión estuvieron asociados a proyectos de gran magnitud que no se repiten todos los años. “Una vez que ese proceso se agota, si no hay nuevas inversiones, volvemos a nuestros números de 15% o 16%, que son cifras consideradas bajas”, afirmó.
Correa también ve a la baja inversión como un problema estructural de la economía uruguaya. Para explicar por qué las empresas invierten menos, utiliza el concepto de rentabilidad esperada ajustada por riesgo. Según su interpretación, Uruguay presenta niveles relativamente bajos de riesgo, pero enfrenta costos que pueden reducir la rentabilidad esperada de los proyectos, los costos energéticos, los salarios y la presión fiscal. “Con costos de producción altos, la rentabilidad obviamente se ve castigada y eso es lo que, uno entendería, se está viendo detrás de este fenómeno: la no llegada de grandes proyectos de inversión a la economía uruguaya”, explica.
Correa también se refirió al proyecto de Ley de Competitividad que impulsa el gobierno y que busca, entre otras cosas, reducir costos y facilitar la actividad empresarial. El economista consideró que la iniciativa “va en el buen sentido”, pero relativizó su posible efecto sobre la inversión: “El orden de magnitudes de los cambios que genera no va a impactar en un aumento de la tasa de inversión sobre PIB”. En ese sentido, sostuvo que elevar de manera sostenida la inversión hasta niveles cercanos a 20% del PIB requeriría reformas de mayor alcance.
Mordecki, en cambio, pone el acento en las características de cada inversión y en el sector al que se dirige. Una tasa elevada de inversión no garantiza por sí misma un crecimiento sostenido, y considera que existen actividades que pueden expandirse con una inversión relativamente reducida. “Pensemos en la industria del software, de las TIC [tecnologías de la información y la comunicación], en la que, en muchos casos, se precisa una computadora y una persona bien formada que pueda trabajar. No se precisan grandes inversiones y eso en las exportaciones de Uruguay es un monto bien importante”, indicó.
El último dato de crecimiento
La discusión sobre el nivel de inversión también debe distinguirse de la explicación de lo ocurrido en un trimestre concreto. En el segundo trimestre de 2026, la economía uruguaya tuvo una caída de 0,8%, mientras que la evolución de algunos sectores, como el agro, estuvo condicionada por factores climáticos.
Mordecki considera que ese elemento es particularmente relevante para interpretar el resultado. La sequía afectó la producción de soja y tuvo un impacto significativo sobre el producto: “El PIB cae porque ese sector, por una cuestión climática, se derrumbó. Entonces, eso no se explica por la baja inversión”. Y sostuvo que Uruguay continúa siendo particularmente sensible a este tipo de shocks por el peso de las actividades primarias.
Por eso, para Mordecki, el dato de un trimestre no permite concluir por sí solo que la economía esté atravesando un problema derivado de la falta de inversión. A su entender, también es necesario observar el comportamiento del resto de los sectores.
La composición de la inversión también importa. En el segundo trimestre, por ejemplo, el BCU registró un aumento de la inversión asociado, entre otros factores, a la construcción de un nuevo centro de datos de Google. Mordecki señaló que el efecto de una inversión de este tipo no se limita al período de construcción: “Para que esto redunde en más crecimiento para la economía, habrá que esperar que este centro empiece a trabajar, se desarrolle y genere externalidades, mayor empleo y consumo de servicios”.
