Nacional
“¡Despertemos, Humanidad! ¡Ya no hay tiempo! Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de sólo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal”, decía Berta Cáceres con vehemencia. Era abril de 2015, su voz no temblaba. Hoy cuesta despertar de la pesadilla en la que Berta falta. Y a esta altura las autoridades del gobierno hondureño, un Estado devastado por la corrupción y la criminalidad, han emprendido acciones para ocultar el homicidio, aduciendo los hechos a un robo o a un “crimen pasional”.