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Cotidiana Comer y beber
Carlo Petrini en la Feria Internacional del Libro de Turín, Italia (archivo, 2018). · Foto: Omar Bai, NurPhoto, AFP

Carlo Petrini en la Feria Internacional del Libro de Turín, Italia (archivo, 2018).

Foto: Omar Bai, NurPhoto, AFP

Murió el fundador de Slow Food, defensor de la alimentación sostenible y el comercio justo, que creía en un cambio colectivo

Promotor de un sistema alimentario alternativo, con dignidad para los productores, que garantice alimentos sanos, y combatiente de la comida chatarra, los pesticidas, las trampas de la intermediación y el sinsentido de la comida descartada por razones estéticas, la “pornografía gastronómica” y el despilfarro, Carlo Petrini había visitado Uruguay en 2014.

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“Hay mucho trabajo por hacer, pero vi que hay gente que tiene fuerza, carácter y que puede, al mismo tiempo, organizar una economía sostenible y que puede fortalecer la di-ver-si-dad alimentaria de este país, porque no se vive solo de soja: se vive de carne, de verdura, de fruta”, había dicho Carlo Petrini (1949-2026), fundador del movimiento Slow Food, durante su visita a Uruguay en 2014. Conforme a su filosofía de trabajo, sobre buenas prácticas, soberanía alimentaria y comercio justo, desde el portal del movimiento despidieron al periodista y activista italiano con una serie de anuncios: en su memoria se destinarán becas para los estudiantes de la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo (cercana a Bra, ciudad natal de Petrini, hijo de un empleado ferroviario y una verdulera) y donaciones para los Orti in África (el proyecto de 10.000 huertos africanos), dos iniciativas señaladas como “emblemáticas de su legado”.

Desde la misma organización postularon, en aras de convocar a los aportes, que se repartirán en partes iguales entre ambos proyectos: “Hoy celebramos otra visión del mundo al abrazar a Carlo Petrini. Una visión que comenzó a hacerse realidad en 1986, cuando fundó Arcigola, que se transformó en el movimiento internacional Slow Food en 1989 y que, con una apuesta aún más revolucionaria, en 2004 dio vida a dos iniciativas culturales y políticas que, en ese entonces, parecían casi impensables: la primera Universidad de Ciencias Gastronómicas del mundo, que otorgó reconocimiento académico a la comida, y Terra Madre, la red internacional de granjeros, pescadores, cocineros y científicos, presente en 160 países. Su legado adquiere hoy una dimensión nueva, que trasciende fronteras geográficas e ideologías, pensando en el futuro de quienes más necesitan apoyo”.

Principios y redes

Para graficar el método inicial de este enemigo de la comida rápida, repasaba el obituario publicado en El País de Madrid: “Corría marzo de 1986 cuando Carlo Petrini se plantó en las escaleras de la plaza España de Roma para protestar contra la apertura de un McDonald’s en la capital italiana. Fue una acción minoritaria, apenas simbólica, de un grupo de visionarios amantes de la rica gastronomía del país transalpino. Junto con un puñado de amigos y conocidos, el entonces joven periodista se erigió en pionero al advertir sobre los peligros de un fenómeno aún incipiente en Europa: el desembarco masivo de cadenas de comida rápida de Estados Unidos”. Sería el puntapié inicial de una toma de conciencia masiva, una red internacional con presencia en más de 160 países y unos 100.000 miembros estables. Sus principios de una alimentación buena, limpia y justa fueron ampliándose hasta considerarlo el acto más político.

Sobre la resistencia que organizó Petrini dijo, en ocasión de su muerte, ocurrida el viernes pasado, el director general de Slow Food, Paolo Croce: “Construyó algo único hacia un mundo mejor, una razón para no rendirse. Como decía Carlo, quien siembra utopía cosecha realidad”.

Un gran evento bianual de Slow Food, que desde 2004 tiene lugar en Turín, la capital de Piamonte, da cuenta de la tarea que hereda: estimular la biodiversidad, la riqueza de cada territorio y las tradiciones culinarias, los cultivos familiares, el consumo consciente, luchar contra la homogenización que conlleva la globalización.

También en 2004, la revista Time incluyó a Petrini entre los 100 personajes más influyentes del mundo, mientras que el periódico The Guardian lo nombró en 2008 una de las 50 personalidades más capacitadas para salvar el planeta. En 2013 recibió el premio Campeón de la Tierra que otorga el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

El movimiento Slow Food trabaja en colaboración con organismos como la FAO, la organización la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, y entre sus principales programas figuran los dedicados a la educación alimentaria, tanto para infancias como para adultos, así como proyectos como el Arca del Gusto, un catálogo que reúne más de 1.500 alimentos en riesgo de desaparición, además de las iniciativas Baluartes, de apoyo y asesoramiento a productores locales. Desde una perspectiva cultural y ecológica, Petrini buscó formar también a los consumidores, esos “comensales informados”, y empoderarlos como una herramienta para defender toda la cadena.

“Supo convertir la comida en cultura, identidad, respeto por la tierra y solidaridad entre los pueblos. Italia pierde a un gran embajador de sus tradiciones, del diálogo entre culturas y de ese profundo vínculo entre el hombre, el territorio y la calidad de vida que hace único a nuestro país”, expresó el ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani.