A esta altura, los superhéroes de las editoriales DC y Marvel están más que acostumbrados a dar el salto a la gran pantalla. Y, sin embargo, desde los hitos iniciales en el cine (Superman en 1978, Batman en 1989), pasando por el punto de quiebre del cambio de siglo (los X-Men en el 2000, Spider-Man en 2002) y el reciente furor de los universos compartidos (con demasiados ejemplos), el material original nunca fue más que una hoja de ruta.
Hay buenas películas que son malas adaptaciones, malas películas que son buenas adaptaciones, y toda clase de combinaciones intermedias. Ocurre con toda la literatura y, en el caso de los cómics de superhéroes, la disparidad es bastante lógica si consideramos que hay personajes con más de medio siglo de historias que por momentos son completamente contradictorias. Hubo un Batman que disparaba a los criminales, otro que era casi un policía honorario, luego llegarían la leyenda urbana oscura y el James Bond intergaláctico. Y todos ellos en algún momento fueron canon en la continuidad oficial del universo DC.
Guionistas y directores han elegido elementos de esas personalidades y estéticas mutables a la hora de filmar sus películas. También así ha ocurrido con las tramas, que en ocasiones remiten a miniseries o arcos icónicos. En el caso de Batman, siempre se vuelve a El largo Halloween o a la ineludible Año Uno, mientras que para los X-Men han tomado sagas como Dios ama, el hombre mata o Días del futuro pasado como puntapiés iniciales para aventuras bastante originales.
La excepción llegó con el estreno de Supergirl, película escrita por Ana Nogueira y dirigida por Craig Gillespie, el mismo de Cruella. La aventura transcurre en el nuevo universo compartido que dio sus primeros pasos en el cine con Superman del director James Gunn, quien a su vez es uno de los coordinadores de todo este paraguas de historias.
Todo comenzó en 2023, cuando Gunn anunció las primeras piezas (tentativas) de este universo. “Una de mis historietas favoritas del año pasado fue Supergirl: la mujer del mañana (Woman of Tomorrow), de Tom King, y vamos a convertirla en una gran película épica de ciencia ficción. Superman es un tipo que fue enviado a la Tierra y criado por padres cariñosos, mientras que Supergirl fue criada en un pedazo de Kriptón que se desprendió del planeta y vio a todos a su alrededor morir en forma terrible, así que es un personaje mucho más cínico”, dijo en su momento.
Fanáticos y curiosos salieron a comprar (y agotar) los números sueltos o el recopilatorio de la miniserie escrita por King y dibujada por la brasileña Bilquis Evely (es importante nombrarla porque por momentos parece que un medio tan visual como la historieta estuviera únicamente en manos de guionistas). No es la primera vez que los comentarios de Gunn ayudan a mejorar las ventas de un título, y en eso sí que ha estado atento.
La historieta
Todo comienza en un mundo de fantasía, de colores imposibles a cargo de Matheus Lopes, el mismo colorista que trabajó junto con el dibujante uruguayo Matías Bergara en Step by Bloody Step, la historieta muda guionada por Simon Spurrier. En ese planeta fantástico asesinan a un hombre sencillo por una discusión ridícula, y ese hecho da comienzo a una búsqueda de venganza que llevará meses y que atravesará galaxias enteras.
Ruthye, la narradora de la historia, es la joven que perdió a su padre en manos de Krem de las Colinas Amarillas, tras la mencionada discusión. En un bar de mala muerte se encuentra con Kara Zor-El, más conocida como Supergirl. La heroína está momentáneamente en ese sistema planetario porque sus poderes disminuyen bajo la radiación de una estrella roja, y esa es la única forma que tiene de emborracharse. Después de un pésimo encuentro con Krem en el que su mascota, el perro Krypto, se lleva la peor parte, Kara se unirá a Ruthie en una carrera detrás del despiadado guerrero. Por el camino se cruzarán con diferentes exponentes de la maldad humana y extraterrestre.
El guionista Tom King ha construido una destacada carrera en base a explorar los diferentes “traumas” de sus personajes superheroicos, en especial el estrés postraumático. Mientras Ruthye está tan obsesionada con matar al asesino de su padre como Íñigo Montoya en La princesa prometida, Kara todavía sufre por aquello que Gunn mencionaba en su anuncio original: a diferencia de Superman, que conoció a sus padres biológicos en grabaciones, ella fue testigo de la lenta muerte de su familia. “Kriptón no murió en un día. Los dioses no son tan bondadosos”, dice en el tráiler, en una frase tomada directamente de la miniserie.
Si bien hubo quienes extrañaron una versión jovial de la Superchica de las historietas, quien jamás hubiera pronunciado una sola mala palabra, la exploración de aquello que la diferencia de su primo Kal-El la convierte en un personaje bien distinto, que va más allá de la inversión de género para asegurarse un nuevo copyright con el que fue creado. De todas maneras, cuando las papas quemen quedará más que claro que comparten la misma escala de valores, y la historia nos ofrece un discurso con muchas similitudes al que cerraba la película de Superman el año pasado.
El primer tramo de la lectura puede volverse algo repetitivo, con Ruthye y Kara visitando “el planeta del mes” (la miniserie era mensual), con guiños que van desde la aventura espacial con criaturas de Star Wars hasta las historias de suspenso con lección incluida de La dimensión desconocida. Todo eso está narrado por la joven vengativa en un estilo verboso que cimenta ese espíritu de fantasía épica que tiene la historia. Y en ese sentido, el arte es perfecto.
Evely, igual que Bergara, funciona muy bien en esos mundos a medio camino entre El señor de los anillos y Star Wars, con piratas espaciales y hasta un caballo mágico que tiene una larga historia junto a la superheroína. Para el cierre habrá una vuelta de tuerca que, sin poner del revés lo leído, acomoda algunas cosas y deja el sentimiento de esperanza tan alto como en las aventuras del primo del rulito en la frente. Más allá de lo que les pase en el cine, deberían darle una oportunidad.
La película
Supergirl, la película, tiene un tono menos épico y honorable. Desde las primeras escenas queda en claro el énfasis en ese espíritu jodón que veíamos en Kara desde su pequeña participación en Superman, más allá de que luego conoceremos la razón de su cinismo. Al mismo tiempo, nos daremos de frente con un obstáculo para las adaptaciones del papel al audiovisual: la narración en primera persona.
En la miniserie original Ruthye nos acompañaba como voz en off que ampliaba lo que estábamos viendo y reflexionaba sobre su relación con Supergirl. El guion de Nogueira intenta dar información a través de los diálogos, que resultan demasiado expositivos en los primeros minutos. Sucede la tragedia, de manera muy distinta a la historieta, y conocemos a quien será el principal antagonista de la historia.
Mi problema con Krem de las Colinas Amarillas va más allá de diferencias adaptativas: es un villano con poca o nula personalidad. Era una característica endémica de la gran narrativa del Universo Cinematográfico de Marvel, que, a diferencia de DC, lograba sortear incluso en películas que globalmente no eran tan redondas. Más allá de su diseño al estilo Mad Max, que condice con el diseño de producción, el actor belga Matthias Schoenaerts no logra imponerse más allá que por sus acciones violentas. Ni siquiera es presentado como un cobarde con un arma; es, simplemente, el tipo con un arma que desencadena los problemas. Tiene menos pathos que una laguna artificial.
La joven Eve Ridley tiene un mejor desempeño como Ruthye, la vengativa. De todas maneras, la historia se sostiene sobre los hombros kriptonianos de Kara Zor-El (más allá del traje, que aparece poco), y Milly Alcock está a la altura de las consecuencias. Mucho más recia y más ¿rea? que en el cómic, la vemos beber, bailar, vomitar y hasta (de refilón) ir al baño, y le creemos. Entendemos por qué esta joven que acarrea un dolor tan fuerte haya preferido recorrer el espacio y buscar pleitos antes que convivir con ese pariente que es la expresión viva de la esperanza. A propósito, cada pequeña aparición de David Corenswet en el papel de Superman deja en claro que fue la elección perfecta para el papel.
Volviendo a la historia, el planteo parte de la premisa de la historieta, pero se presenta con una simplicidad que, aunque necesaria por las condiciones del medio, resulta algo reduccionista. Krypto está herido y Kara debe encontrar a Krem porque junto con él está el antídoto. Ruthye, mientras tanto, la seguirá como pueda para concretar su revancha. Una vez que las piezas están sobre el tablero, el ritmo mejora y la película atraviesa, quizás, sus mejores momentos.
Tanto el universo de DC como el de Marvel tienen costados cósmicos súper explotados. Marvel los llevó al cine con la trilogía de Guardianes de la galaxia con el mismísimo Gunn a la cabeza, más todo lo que surgió alrededor de Thanos y de [la Capitana Marvel[(https://ladiaria.com.uy/cultura/articulo/2019/3/la-mision-de-engancharte-para-el-episodio-siguiente-capitana-marvel-de-anna-boden-y-ryan-fleck/). La “distinguida competencia”, como llamaba Stan Lee a DC –jugando con sus iniciales–, llevaba 15 años sin tener a héroes intergalácticos como protagonistas, y cuanto menos hablemos de Linterna Verde, mejor.
Precisamente de los sheriffs del espacio exterior (un espacio dividido en 3.600 sectores, cada uno de ellos con destacamento propio) hablará la serie televisiva Lanterns, anunciada en el lejano 2023. De todos modos, la aventura que se estrenará en agosto por HBO tendrá un enfoque más terrenal, con guiños a True Detective. Faltaba alguien que se tomara un autobús interestelar e interactuara con bichitos. Eso es lo que hacen Kara y Ruthye. El Copsa de las galaxias tiene hasta su versión de Babu Frik, el aliencito que era de lo poco (poquísimo) que se salvaba en Star Wars: el ascenso de Skywalker, y es escenario de una nueva escena de acción.
Gillespie no es Gunn y eso puede aplicarse a casi todo, desde las elecciones musicales hasta la coreografía de las escenas de acción. De todos modos, cuando a la heroína epónima le toca pelearse en espacios reducidos, la cosa funciona mejor, más cuando se le suma un ingenio teletransportador, como ocurre dentro del Copsa. La cosa se complica en batallas más grandes, como suele ocurrir en muchas series y películas: la cámara se concentra en un enfrentamiento personal, mientras de fondo hay actores secundarios que corren de un lado para otro sin el menor sentido narrativo. Aquí hay bastante de eso.
A Supergirl la golpean bastante, en especial porque su ruta simplificada hacia el enfrentamiento final la va llevando por soles de diferentes colores, y eso significa disponer de poderes mayores, menores o inexistentes. Lo episódico del material original se convierte en una corta sucesión de saltos planetarios, con la cuenta regresiva de fondo y el gran flashback de lo que ocurrió con la familia de Kara después de la explosión de Kriptón como subtrama contextualizadora.
En medio de todo eso está Lobo, un personaje menor nacido en 1983 que en 1990 anticiparía la andanada de machos rudos de la historieta mainstream estadounidense. Lobo es un cazador de recompensas que viaja en moto (galáctica), viste de cuero y lleva cadenas con ganchos. Es el típico personaje repugnante que muchos aman por las razones equivocadas, como Boogie el Aceitoso, el mercenario creado por Roberto Fontanarrosa. Desde entonces, Lobo siguió evolucionando hasta convertirse en una parodia de la parodia y se adaptó a los tiempos que fueron corriendo. Pese a no ser parte de la miniserie Woman of Tomorrow, su presencia amplía el universo de personajes “conocidos” y cumple una vieja deuda.
El actor Jason Momoa siempre quiso ser Lobo, pero tuvo que conformarse (el nivel de ironía de este verbo irá por cuenta de cada lector) con ser Aquaman en dos películas, y la primera de ellas sigue siendo la más taquillera de un personaje de DC en toda la historia. Pero en el mismísimo momento en que la continuidad cinematográfica anterior se deshizo y Gunn tomó el timón, envió un mensaje de texto en el que se ponía a las órdenes.
El nacido en Honolulu tiene la estampa perfecta para el papel y el guion lo aprovecha en el tiempo justo, para no prolongar su estadía ni ser un simple deus ex machina. En una historia que toca temas como el lugar del verdadero hogar y el rescate del alma ante la posibilidad de cometer un homicidio, trae frescura un tipo grandote que raja todo lo que tenga enfrente, en especial si alguien le pagó para que lo hiciera.
Como suele ocurrir una y otra vez en este subgénero cinematográfico, todo se resuelve en un gran setpiece con actores secundarios corriendo de un lado a otro y la resolución del conflicto moral, que es de los puntos en que más se separa de la historieta. Me hizo ruido en cuanto a adaptación, pero no voy a negar que igual hizo ruido en cuanto al tratamiento de esta versión de Supergirl en este universo en particular.
En medio de todo eso hay risas y hay aventura, y también hay catástrofes planetarias y un toque de demasiada oscuridad cuando conocemos los planes de los aliados de Krem en el planeta de los Mad Max. De nuevo, la reducción termina convirtiéndose en simplificación, pero todo se resuelve en poco más de hora y media que fluye a buen ritmo. Sobre todo, y hay que repetirlo, porque Milly Alcock está pilotando la nave.
La batalla cultural
En las semanas previas al estreno de la película las redes sociales se llenaron de más estiércol que el de costumbre, dirigido hacia la película y en particular hacia su protagonista. Todo comenzó en marzo, cuando en una entrevista con Vanity Fair Alcock dijo que haber sido parte de La casa del dragón la preparó para las reacciones negativas que podrían llegar.
“Me hizo tomar conciencia de que el solo hecho de existir como mujer en ese espacio es algo sobre lo que la gente comenta. Nos hemos acostumbrado mucho a sentir esa extraña sensación de propiedad sobre los cuerpos de las mujeres. No puedo pararlo. Solamente puedo ser yo misma”, dijo, y los seres anónimos de internet no hicieron más que confirmar sus palabras una y otra vez.
Para peor, también debe enfrentarse a “las viudas de Zack Snyder”, un segmento de fanáticos que todavía no puede superar el fin del ciclo de películas comenzadas por el director, que tuvo su canto del cisne con la mencionada Aquaman y el reino perdido y por la que pasaron capítulos polémicos como Flash o Black Adam. Para estas viudas, todo lo que hace James Gunn es malo, solamente por no venir de la ominosa y taciturna mente de Snyder. Este, vamos a decirlo, hace muy poco desde las redes sociales por calmar a sus plañideros.
Todo esto seguramente repercutirá en las “opiniones de usuarios” de sitios como Rotten Tomatoes o IMDb, en donde los porcentajes de aprobación de películas y series suelen relacionarse con la cantidad de elementos que consideren inclusivos (como una mujer en el rol protagónico) y, por supuesto, con quiénes logren juntar más votantes con demasiado tiempo libre. La batalla cultural se da en la Casa Blanca, en el sol rojo y en todos los otros colores del arcoíris.
Supergirl: la mujer del futuro. Ediciones a cargo de DC (en inglés), ECC y Ovni (en español).
Supergirl. 108 minutos. En cines.
