Cultura
Con esta película pasa algo incómodo. Por un lado, hay muchas cosas buenísimas: uno la acompaña con interés de inicio a fin, tiene escenas e imágenes memorables, cuenta con un gran actor, lidia de una manera particular con asuntos relevantes. Por otro lado, su resolución final, sin dejar de ser tremenda sorpresa, es bastante absurda, y su posible sentido alegórico está trabajado con un grado de timidez que casi lo anula. Esto perjudica mucho algo que es uno de los valores de cualquier película: su retrogusto. Creo que muchos espectadores pasarán un excelente rato en la sala de cine, pero será un poco como un niño cuyo corazón se llena de alegría porque le regalaron un vistoso juguete chino, que se le va a romper después de usarlo por primera vez.