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la diaria

Fuera de sección

Cómo conversar con un fascista

¿Qué cosa hace que uno escriba? Al principio es una tensión, un clima espeso, un olor a piña de garrón. ¿Lo sintieron alguna vez? El olor a piña de garrón es un vaho flotando en el aire que te indica que cuando menos te lo esperes y desde cualquier lugar, alguien te la va a dar.
Foto: Iván Franco

La misma agua

Días escapando y para qué. Así estamos a veces, sacándole el cuerpo a lo que de todas formas vamos a hacer o decir. Retardando el llanto, apretando la lengua, a la espera de que se nos pase. Y no, no funciona, porque si no, todo se queda adentro, comprimido, infectando la tripa. Hace unas semanas me mudé a la Ciudad Vieja, sobre la Aduana, y no he podido despegarme de las ventanas.
Foto: Iván Franco

Escriba, lo estamos grabando

Existe un solo video de mi infancia. Tengo seis años, estoy vestida de blanco y espero con aburrimiento mi turno para bailar una coreografía celebrando el fin del ciclo lectivo. En un momento hablo con Marcia. Ella entrecruza sus dedos a la altura de la oreja derecha y me sorprende descubrir que un gesto que sigue haciendo hoy empezó hace tanto tiempo. La dueña de la cámara es la madre de mi amiguita Gisela, así que Marcia y yo aparecemos como personajes secundarios. Lo que tengo es eso, nada más. No sé cómo era mi voz, cuán complejo era mi vocabulario o cuáles eran mis preocupaciones. Siempre envidié a la gente que guarda montañas de VHS de archivo familiar: mis padres nunca filmaron nada y la niña que fui sólo existe en el recuerdo selectivo de los adultos y en mi aun menos confiable memoria. Por suerte todo cambió en agosto de 1999.
Gastón Ciarlo, Dino, en Dolores. Foto: Santiago Mazzarovich

La respuesta está soplando en el viento

Preguntar por Dino en Dolores es como nombrar al Sabalero en Juan Lacaze. Como brújulas, casi todos los doloreños saben apuntar a su casa. Pero ésta está hecha un esqueleto. Las ventanas y puertas son como cuencas vacías. Alrededor, como prótesis, hay andamios y fierros. Pero basta con preguntar para que los doloreños-brújula apunten a la casa de su hermana, donde se está quedando.

La invisibilidad en la transparencia

¿Por qué propuse la “paridad de géneros” previo a unas elecciones sindicales en el Estado? Porque necesitamos aprender a tramitar los conflictos políticos sin que eso implique legitimar la violencia del amo. ¿Cuál es el problema con pensar-sentir distinto? ¿Es importante pensar que las palabras “circulan” en el sindicalismo? ¿Para qué hablar de “paridad” frente a la posibilidad de elecciones sindicales? ¿Desde dónde partir para escribir un texto sobre la “paridad”? ¿Qué es la “paridad”? ¿A quién le importa la “paridad”? ¿Encerrarse en el silencio o acostumbrarse al dolor de oído? ¿Anclarse en la escucha? ¿Perderse en la mirada del otro? ¿Quién es ese otro? ¿Qué implica tomar una palabra?

Los auténticos decadentes

La idea de que lo mejor que nos puede pasar como sociedad está atrás y de que el presente es una pendiente cada vez más empinada hacia el abismo es la de los decadentes. Según ellos, la decadencia tiene varias aristas, pero aquí voy a centrarme en las tres más famosas: la decadencia moral, la decadencia cultural y la decadencia política.
Foto: Iván Franco

Abogado del diablo

La ilusión perpetua de rearmarse, reinventarse. Cada tanto ese sentimiento, ese deseo, viene y nos cincha de los pelos bajo el paradigma de la reconversión, y más ahora que el devenir y lo no fijo cuentan con áreas académicas enteras, con bibliotecas, teóricos y militantes, con discursos que han dejado a lo quieto en una vergonzante actitud de vida. Pero también estar en movimiento perpetuo, en construcción (deconstrucción, dirán los acusados), en un word in progress emocional, genera un estrés que a veces sólo la teoría soporta.
Escuela de Mecánica de la Armada, Buenos Aires. Foto: Iván Franco (archivo, julio de 2012)

Área de recuerdos

Tengo un recuerdo inventado que me acompaña desde la niñez: ronda el mes de marzo de 1976. Caminamos con mi madre por el barrio, tomadas de la mano. Yo tengo cuatro o cinco años. Ella tiene una panza enorme, está embarazada de mi hermano mayor. Caminamos apuradas, disimulando un trote miedoso. Su expresión lo explica todo. Doblamos la esquina al divisar un tanque de guerra.

El día de la marmota

La democracia electoral o democracia de masas o democracia de medios tiene grabada en su genoma, desde antes de que el mundo fuera mundo, la cara de Donald Trump. Lo que debemos combatir no es el advenimiento de los advenedizos, ciertos personajes que consideramos peligrosos o excesivos; lo que debemos combatir es la lógica que los produce y los perfecciona, y esa lógica no es sino la propia democracia electoral de medios y masas. El circo y el espectáculo, clásico recurso divertido y distractivo con respecto a las cuestiones propiamente políticas, no es ahora sino la lógica de la propia política. El deporte, la competencia, las cifras y los porcentajes, el momento orgásmico en el que los adversarios se miden en la arena como gallitos colorados: alguien va a ganar y alguien va a perder. Especialistas, politólogos, encuestadores, sociólogos, publicistas, asesores de imagen y administradores de lo visible son una muestra clarísima de periodismo deportivo. Dentro de ese género, que podemos bautizar como “las grandes profecías de lo obvio”, ellos viven de hacer sus observaciones y mediciones, sus cálculos de probabilidades, de estirar indefinidamente la previa y calentar el ambiente, para llenar luego el vacío del período refractario con intervenciones epilogales que glosan, comentan, analizan y vuelven a contarnos lo que todos ya sabemos, porque todo ya recomenzó.