Según el portal Todum de Netflix, en su semana de estreno la serie Los dinosaurios, producida por el famoso director de la película Parque Jurásico, Steven Spielberg, quedó cuarta en la preferencia de la audiencia uruguaya de la plataforma, solo superada por la cuarta temporada de Bridgerton, la segunda de En el barro y la miniserie El asesino de Tik Tok.
Se trata de una buena noticia que pone en evidencia que, cuando la oferta incluye productos de divulgación bien realizados, la gente no sale corriendo en dirección contraria. Los datos también desarman el argumento, muchas veces esgrimido por los encargados de programación de las televisoras de nuestro país, de que la programación —mala, buena o regular— obedece solo al reflejo de poner al aire lo que la gente quiere ver (en televisión abierta privada no hay hoy en día documentales programados).
La serie, de cuatro episodios, tiene méritos de sobra para lograr colarse entre lo más visto en la plataforma. Primero, trata sobre esos fabulosos reptiles que ya de por sí llaman la atención de la gente menuda (y de buena parte de sus progenitores). Para seguir, es producida por uno de los popes del cine contemporáneo, Steven Spielberg (además de Parque Jurásico, donde fascinó con las animaciones de varios dinosaurios, dirigió películas como Tiburón, E.T, el extraterrestre, las entregas de la saga de Indiana Jones, entre otras). Para continuar tiene unos efectos especiales e imágenes generadas por computadora de los bichos del Triásico, el Jurásico y el Cretácico que quitan el aliento. Como si eso fuera poco, en la realización participa la productora británica Silverback Films, que estuvo detrás de otras series de naturaleza aclamadas por crítica y audiencia en la plataforma de la N roja, como las dos entregas de Nuestro planeta, narradas por el icónico y entrañable naturalista inglés David Attenborough (en esta ocasión en narrador es el actor norteamericano Morgan Freeman, que si bien lo hace competentemente, no le llega ni a los talones a su gigante predecesor). Todo este gran equipazo está además al servicio de lo que la paleontología nos viene contando sobre los dinosaurios y otros animales que convivieron con ellos hace entre 240 y 66 millones de años. La serie buscó entretener sin sacrificar por ello su rigurosidad con el estado del conocimiento actual, entre otras cosas porque poca cosa hay más espectacular en el mundo que los secretos que, ciencia mediante, le vamos arrancando.
Tal vez por este respeto a la ciencia, sumado a los demás componentes, la serie obtuvo una calificación promedio de cuatro en cinco estrellas posibles por la mayor parte de los investigadores e investigadoras de Uruguay que han publicado trabajos sobre dinosaurios en los últimos tiempos. Así que veamos a través de sus ojos qué tan fascinante es la serie.
Un jurado calificado
¿Cuántos investigadores e investigadoras de Uruguay han publicado trabajos científicos en revistas internacionales aportando información nueva para la ciencia sobre los dinosaurios? Por ahora un pequeño puñado. La única especie de dinosaurio nombrada y descrita a partir de fósiles de nuestro país es Udelartitan celeste, del Cretácico, reportada en 2024 por los paleontólogos Matías Soto, Felipe Montenegro y Daniel Perea (junto a tres autores extranjeros). Por otro lado se han identificado tres géneros ya conocidos de dinosaurios para nuestro territorio: el titanosaurio herbívoro cretácico Aeolosaurus, reportado en 2021 por los mismos tres autores del Udelartitan más Valeria Mesa (quien también estudió el trillo de pisadas de saurópodos en Tacuarembó); y los carnívoros jurásicos Torvosaurus y Ceratosarus, reportados ambos en 2020 por Matías Soto, Pablo Toriño y Daniel Perea. También se reportó para nuestro país en 2022 la presencia de un carnívoro jurásico de la familia de los abelisáuridos, nuevamente por los paleontólogos Matías Soto y Daniel Perea (junto a dos extranjeros). Como ven, los nombres se repiten. A ellos podemos sumar trabajos que investigadores de nuestro país han publicado sobre una particular forma de camuflaje de los dinosaurios carnívoros como el Tiranosaurio rex, publicado en 2018 por el biomecánico Ernesto Blanco, el paleoornitólogo Washington Jones y el físico Nicolás Benech, así como una investigación sobre la ventaja de cazar en aguas someras de ese dinosaurio, también publicado por Ernesto Blanco.
Así las cosas, teníamos seis investigadores y una investigadora a quién consultar sobre la serie. Al llamarlos seis ya habían visto la serie o andaban en eso, y aceptaron entonces participar de esta nota completando un formulario online. Aquí los resultados de la consulta.
Una serie recomendada por nuestra paleontología
La opinión de Matías Soto, Pablo Toriño, Daniel Perea, Felipe Montenegro, Ernesto Blanco y Washington Jones fue unánime: globalmente la serie obtuvo cuatro estrellas en cinco posibles (siendo una estrella una serie muy mala, dos estrellas mala, tres estrellas regular, cuatro estrellas buena y cinco estrellas buenísima).
Al preguntarles cómo calificarían las animaciones de la serie, las opiniones estuvieron un poquito más divididas: mientras Ernesto y Washington le dieron cinco, Daniel, Matías y Pablo le dieron cuatro, y Felipe tres. En promedio las animaciones de la serie marcaron entonces 4,2 estrellas.
Finalmente, en esta especie de jurado paleontológico, la serie obtuvo su marcación más baja al preguntarles cuántas estrellas le darían a las ciencia detrás de la serie. El promedio obtenido fue de 3,7 estrellas (Ernesto, Washington, Pablo y Matías le dieron cuatro estrellas, mientras que Daniel y Felipe solo tres).
Como en las puntuaciones no tenemos un panorama claro de qué gustó y qué no en la serie, les consultamos también sobre otros aspectos.
Una serie con escenas fuera de serie
“¿Hubo alguna escena que te haya impactado por mostrar un comportamiento o una característica de dinosaurios u otros animales que no hayas visto antes o pensado que podría ser así?”, les preguntamos.
Felipe Montenegro, que además se dedica a hacer esculturas y recreaciones paleoartísticas, sostuvo que una de sus escenas favoritas fue “por pura nostalgia, la del tiranosaurio comiéndose al Pachycephalosaurus porque es un homenaje a Jurassic Park. En efecto, el enfrentamiento entre el dinosaurio carnívoro más famoso de Estados Unidos y su víctima se da en el primer episodio, que se titula “Ascenso”.
Para Matías Soto, que en esta sección bautizamos el “paleodentista” porque ha identificado especies de dinosaurios y otros animales estudiando minuciosamente sus dientes, afirma que entre sus favoritas están “las escenas de cortejo, que si bien son especulativas, son entretenidas de ver”. También confesó que se enterneció “con el instinto materno que muestran algunos dinosaurios” y padeció “con los animales que pasan hambre, frío o respiran gases venenosos”. De hecho, agrega que “nunca había visto un terremoto con dinosaurios cayendo. Queda claro que vivir en el Mesozoico no era changa”.
Washington Jones, que si bien no es paleontólogo se ha dedicado al estudio de las aves prehistóricas, escogió como escena favorita justamente una que tiene a aves primitivas (que también eran dinosaurios): “Me gustó la escena de la persecución, en inglés llamada mobbing de las aves prehistóricas al pterodactilo como una reminiscencia evolutiva de lo que hacen actualmente diversas aves pequeñas contra aves rapaces”, sostuvo. En efecto, en el episodio 3, denominado “Imperio” vemos a un pterosaurio —que si bien aparecen en todos los episodios la serie no enfatiza demasiado no eran dinosaurios— siendo perseguido y obligado a abandonar el territorio por unas maravillosas aves de plumaje azulado de la especie Longipteryx. ¿Habría pasado eso? No podemos saberlo, es sumamente especulativo. Pero lo cierto es que hoy en nuestro territorio podemos ver a gorriones u otras aves pequeñas que sacan carpiendo a aves depredadoras como el gavilán mixto o el carancho. La escena, es a juicio de este cronista, también la más fascinante de toda la serie. Y en eso coincide también Ernesto Blanco. Pero claro, a él le encantaron varias.
Varios Anchiornis ahuyentan a un pterosaurio.
Foto: Netflix
“La cacería de saurópodos del tamaño de ponies por parte de un pterosaurio gigante; la cacería de un Hesperornis por parte de un mosasaurio que se arriesga a quedar varado como hacen las orcas actuales (a pesar de ser un animal incluso más grande); el anquilosaurio buceando y comiendo plantas acuáticas; el tiranosaurio cazando a un paquicefalosaurio y mordiendo directamente el cráneo a través de la zona con hueso de gran espesor; los reptiles intentando cazar a los primeros dinosaurios; la estrategia del tiranosaurio de simular una retirada para luego sorprender al anquilosaurio durante una tormenta nocturna; los dinosaurios voladores haciéndole 'mobbing' a un pterosaurio; la técnica de caza del espinosaurio, similar a lo que hacen garzas actuales; el uso de las mejillas como los hámsters actuales que hace el heterodontosaurio y el ataque para defender a sus crías de un hadrosaurio a un pterosaurio, fueron escenas que me resultaron novedosas o mostraban comportamientos que desconocía que se hubiera especulado sobre ellos. En general la serie es bastante original en este aspecto”, afirmó Ernesto. Tal vez esa amplia selección refleje su pasión por imaginar y pensar cómo se habrían movido o comportado animales extintos, no solo los dinosaurios, sino también mamíferos como las macrauquenias o el roedor más grande de todos los tiempos, nuestro Josephoartigasia monesi.
Surópodos pequeños Magyarosaurus acechados por un pterosaurio.
Foto: Netflix
Para Pablo Toriño, que además es experto en celacantos, peces que en nuestro Jurásico convivieron con los dinosaurios, las vocalizaciones fueron tan sorprendentes como problemáticas. “En la serie, ya sea quietos, en movimiento, solos, en grupos, mientras comen, son depredados o se los lleva una avalancha, los dinosaurios no escatiman en vocalizaciones sonoras. Este es un recurso que sin duda debe haber sido más economizado al igual que hacen los animales hoy día, sea en su rol de presas o de depredadores. Quizás su uso podría haber sido más cuidado”, apunta.
Una omisión importante
La serie, como bien reflejan los nombres de sus cuatro episodios (“Ascenso”, “Conquista”, “Imperio” y “Caída”), relata el surgimiento de los dinosaurios en el Triásico, hace unos 235 millones de años, cómo el grupo se va diversificando durante el Jurásico, llegando a un climax que se extiende a buena parte del Cretácico —aunque allí comienzan ya a tener problemas— para terminar con una extinción masiva al caer un meteorito hace 66 millones de años de la que solo se salvó el grupo de los dinosaurios avianos, esos que hoy llamamos aves.
Es difícil decir con precisión dónde y cuándo surgieron estos animales. Pero hay mucha evidencia que apunta a que los dinosaurios habrían surgido bien cerca de donde hoy es nuestro país, más específicamente, en donde hoy es Argentina (en el Tríasico todos los contnientes estaban unidos en una única masa terrestre denomidada Pangea). Allí se han encontrado algunos de los dinosaurios más antiguos conocidos, como el pequeño Herrerasaurus, uno de los primeros terópodos carnívoros, o Eodromaeus, que se piensa es un miembro temprano del linaje saurópodo. No en vano en el libro Auge y caída de los dinosaurios, el paleontólogo Steve Brusatte decía que el parque provincial de Ischigualasto, en San Juan, Argentina, en el Valle de la Luna, era “el mejor lugar del mundo para encontrar a los dinosaurios más antiguos”.
Pues bien, aún con toda esta información, Argentina y Sudamérica no son jamás nombradas en toda la serie. Incluso cuando quien protagoniza la escena del antepasado de todos los dinosaurios, el pequeño Marasuchus, que escapa del asedio del reptil carnívoro Luperosuchus, es un animal conocido sólo por fósiles encontrados en la vecina orilla (también es el caso de su perseguido, el Luperosuchus). La voz del narrador es elocuente: “Una nidada de huevos muy especiales” dice Morgan Freeman mientras vemos eclosionar unos huevos. “Dentro de ellos crecen los primeros de su clase: una bebé Marasuchus. No pesa más que un ratón. Pero lo compensa, porque las habilidades que posee la distinguen de los reptiles antiguos, incluyendo la notable habilidad de pararse en dos patas. También tiene pulmones avanzados y huesos más ligeros, adaptaciones que les dan a estas pequeñas crías un don invaluable: nacieron para correr”, agrega. Tras la persecución de los reptiles carnívoros, Freeman celebra que Marasuchus logre escapar: “la supervivencia de su linaje ahora pende de un hilo. Pero gracias a ella, sigue intacto, lo cual es vital, porque sus descendientes... serán los dinosaurios”. Tampoco aparen en la serie dinosaurios argentinos a esta altura célebres, como los gigantescos herbívoros Patagotian o Argentinosaurus, o el temible Giganotosaurus. Les preguntamos a nuestros paleontólogos si les había parecido que, una vez más, los dinosaurios de Sudamérica no habían sido tomados en cuenta en una serie producida en el norte.
Crías de Marasuchus y su habilidad de pararse en dos patas.
Foto: Netflix
“Si, una vez más, lamentablemente”, afirmó Daniel Perea. “Me quedé una vez más esperando al Giganotosaurus y al Argentinosaurus. También me hubiera gustado ver alguno de los mamíferos que convivieron con los dinosaurios”, afirmó Ernesto Blanco. “Una gran falta. Si bien se habla un poco de Gondwana, no se muestran dinosaurios. La explicación: ¿falta de expertos en el staff de expertos, chovinismo paleontológico o falta de espacio?”, declaró Washington Jones. “Algunos de los dinosaurios más extraños son sudamericanos y sería interesante ver buenas reconstrucciones. Creo que Spielberg quiso jugar mucho con dinosaurios similares a los de sus películas, obviamente explotando la nostalgia milenial”, sostuvo Felipe Montenegro. “Uno hubiera esperado alguna mención a los primeros dinosaurios del Triásico (Marasuchus, si bien es protagonista del primer capítulo no es un dinosaurio) y a los dinosaurios del Cretácico, con los herbívoros dominados por los titanosaurios y los carnívoros incluyendo familias enteras que ni se mencionan, ni siquiera en otros continentes, como los carcarodontosáuridos, megaraptóridos, abelisáuridos y alvarezsáuridos”, dijo Matías Soto.
“Es claro que la serie es la apuesta comercial norteamericana en respuesta a la serie Prehistoric Planet producida por BBC (2022-2025). Por tanto es casi esperable que los dinosaurios norteamericanos cobren buena presencia, mayor incluso que la de otras regiones del globo”, dice Pablo.
En un conteo realizado para esta nota, en toda la serie se mencionan específicamente 37 especies de animales. La gran mayoría son dinosaurios, pero hay también reptiles no dinosaurios, pterodáctilos y demás. Aún así, de las 37 especies, 14 fueron descritas en función de fósiles encontrados en Estados Unidos, ocho en bases a fósiles de China, cuatro de Alemania, dos de argentina (pero ninguna es un dinosaurio), dos de Rumania, dos de Sudáfrica y luego siguen Escocia, Jordania, Egipto, Polonia y Zimbabue con una especie cada uno.
Sobre esta mayor presencia de dinosaurios de China, Pablo Toriño reflexiona: “un colega paleontólogo británico con quien en una ocasión hablábamos de estos temas dijo que hoy todo pasaba en China, agregando con un suspiro que antes eran ellos los que solían estar en ese lugar. Los tiempos han cambiado. La imposición mediática del hemisferio Norte en la difusión masiva de la ciencia, a la que estábamos acostumbrados décadas atrás, hoy día se encuentra de frente con un gigante asiático, imparable y con una capacidad de producción que no tiene comparación. Es claro que la serie rinde tributo a los avances en el conocimiento de los dinosaurios que se proyectan desde China. Saber si ello es sólo por su relevancia (la cual no se discute) o para asegurar una mayor llegada al mercado consumidor asiático (también gigante), sería especular más que a la hora de pensar en los sonidos de los dinosaurios”.
Algunos pifies de la serie
Les preguntamos a nuestros expertos si hubo alguna escena que les haya rechinado por pensar que no se ajusta a lo que la ciencia sabe o afirma en nuestros días, y hubo algunos señalamientos de interés.
Por ejemplo, el meteorito que dio fin a buena parte de los dinosaurios se llevó un par de críticas. “Me rechinó la escena que muestra el cinturón de asteroides. Parece una escena de película de ciencia ficción en que se exagera enormemente la densidad de asteroides para darle un desafío espectacular a algún heroico piloto de naves espaciales. Pero en realidad los asteroides están a una distancia enorme entre ellos (la distancia media puede ser varias veces la distancia de la Tierra a la Luna) y jamás se verían de ese modo”, sostuvo Ernesto Blanco.
El meteoro que acabaría con los dinosaurios en el cinturón de asteroides.
Matías Soto fue aún más allá e hizo notar que la serie estaba errada o desactualizada. Mientras vemos al cinturón de asteroides, Morgan Freeman dice que “desde las profundidades del espacio se aproxima una amenaza. Atrapado entre las órbitas de Júpiter y Marte, el cinturón de asteroides. Un millón y medio de rocas ancestrales dando vueltas al Sol”. Entonces dice que “en un momento de pura casualidad un asteroide sale disparado de su órbita. Un instante fugaz a millones de kilómetros de la Tierra lo manda en una nueva trayectoria hacia el centro de nuestro Sistema Solar. Pero su viaje tendrá un final repentino y violento, en lo que será uno de los eventos más catastróficos en la historia del planeta Tierra, y el capítulo final de la épica historia de los dinosaurios”. Matías señala que el meteorito, hasta donde hoy sabemos, no vino del cinturón de asteroides, sino de más allá. Así lo afirma el trabajo Ruthenium isotopes show the Chicxulub impactor was a carbonaceous-type asteroid publicado en la revista Science en 2024, que concluye que “fue un asteroide de tipo carbonáceo, que se formó más allá de la órbita de Júpiter”.
Pablo Toriño remarcó que “la narrativa de la serie se esfuerza notablemente en mostrarnos a los dinosaurios y a los reptiles como contrapartes opuestas. Los dinosaurios son presentados como una fuerza de la naturaleza destinada a alzarse por encima de los reptiles, cuando en realidad son reptiles y nunca dejan de serlo. Es como pensar que los humanos superamos a los primates, cuando ni dejamos de ser primates ni somos superiores al resto de ellos”. Daniel Perea coincide: “diferenciaban a los dinosaurios de los reptiles, siendo que los dinosaurios son reptiles”.
Ernesto Blanco agregó otra escena que lo molestó un poco: la de un dinosaurio planeador que captura en vuelo a una libélula. “Las libélulas se caracterizan por su extraordinaria capacidad visual y su habilidad para cambiar de dirección en vuelo anticipándose al movimiento de sus presas de un modo único entre los insectos. Me parece que esa escena, si bien no es imposible en circunstancias extremadamente favorables para el dinosaurio, sugiere otra cosa y no hace honor a lo que se sabe de las libélulas”, sostuvo. “Tal vez estos detalles no se tuvieron en cuenta porque seguramente entre los expertos consultado debía haber muchos más paleontólogos expertos en dinosaurios que entomólogos expertos en libélulas y astrónomos expertos en cuerpos menores del sistema solar. En cualquier caso ambas escenas son espectaculares visualmente y cargadas de interés”, dice haciendo un saldo positivo.
Anchiornis luego de cazar una libélula.
Matías Soto tiene otro punto entendible. “Decir que los dinosaurios conquistaron los océanos sólo porque el espinosaurio se moja las patas es un montón”, dice un poco indignado. “De hecho ya no se cree que fuera tan acuáticos como se pensaba hace unos pocos años”, remarca señalando que se han encontrado fósiles de estos animales muy alejados de cualquier costa marina pasada, por ejemplo donde hoy está Níger.
Espinosaurio pescando tiburón.
Foto: Netflix
“La serie no está mal. Más allá de las carretillas de especulaciones y cosas imaginadas, cumple su cometido de entretener. Si uno quiere rigor irá a los libros. Parafraseando a Los Simpsons, “pochoclos, plumas y rugidos para unos, citas y referencias a papers para otros”. Todos felices”, redondea Felipe Montenegro.
Serie: Los dinosaurios
Episodios: cuatro de entre 45 y 49 minutos de duración
Plataforma: Netflix.