Debe ser la nostalgia de ir hasta el videoclub, recorrer sus góndolas un viernes por la tarde y estar atento a las devoluciones de último momento, pero en ocasiones practico el arte del alquiler digital. Antes de que lo digan: sé que hay otras maneras de acceder a toda la producción audiovisual del universo, pero a la hora de producir uno de estos textos mi única regla es la disponibilidad legal (la palabra me da escalofríos) del material.

En Google TV, el Blockbuster que nos va quedando entre otras ofertas de videoclubes con menos material, uno puede buscar cualquier película del mencionado universo. Si no está, como ocurre a menudo, se deja constancia de que uno quiere ser avisado cuando la película llegue para el alquiler, cosa que ocurrió un par de días atrás con El cazador de pieles (Hundreds of Beavers), estrenada en 2022 pero distribuida recién el año pasado.

Ni recuerdo qué despertó mi interés en este título; calculo que fue un tuit de esos que dicen “cuanto menos sepan de esta película antes de verla, mejor”. Y así la vi después de alquilarla. Si quieren seguir esta regla, este es el momento de abandonar el texto. Pueden regresar dentro de 108 minutos. Para las demás personas, haré mi mejor esfuerzo por convencerlas de que le den una oportunidad a esta comedia cuya existencia ya de por sí es increíble.

Hundreds of Beavers (en verdad habrá “cientos de castores”) es una mezcla de hace 100 años, semimuda y en blanco y negro, con un corto animado de los Looney Tunes. Comienza con una canción que cuenta las desventuras del protagonista, un vendedor de brandi de manzana del siglo XIX que lo pierde todo debido a la irrupción de unos castores. Solo, en medio del invierno helado, deberá luchar contra las inclemencias del tiempo y el hambre, y elaborar un complejo plan de venganza, recuperación económica y conquista de la muchacha.

Se ha dicho muchas veces que una narrativa como la de Bugs Bunny o el Pato Lucas no puede mantenerse en un largometraje, al menos en su versión más pura de sucesión de gags. Bueno, les presento la evidencia #1 en contra de esta afirmación. La primera media hora es una sucesión de gags de este pobre muerto de hambre (casi literalmente) que cae en huecos en el piso y trata de manera infructuosa de capturar animales (conejos, mapaches, castores, aves, peces), que al mejor estilo animado se los imagina como platos prontos.

Otro detalle importante es que los mamíferos están interpretados por seres humanos en trajes dignos de una fiesta de disfraces o el internacional trencito de la alegría. Salvo el caballo, que parece resuelto por dos personas cinco minutos antes de salir para el baile, los demás tienen simpáticos trajes que veremos desfilar en dos patas frente a Jean Kayak (nuestro protagonista) y complicarle la existencia.

El guion, coescrito por el director Mike Cheslik y Ryland Tews, seguramente se las arreglaría para seguir inventando gags desconectados, pero la película introduce la historia que la acompañará hasta el final. Kayak (Tews, con gran capacidad para el humor físico) intercambia las pieles cazadas con un comerciante, cuya hija comienza a coquetear con él. Con el cazador (dicho con la voz de Marcos Mundstock). Esas pieles le permiten adquirir nueva tecnología y así se suceden las visitas y las citas. Pero para conquistar su corazón necesitará el gran premio... cientos de castores.

Cuando una jauría de lobos se quede con el centenario botín, comenzará un plan delirante que funciona casi como una máquina de Rude Goldberg, esos aparatos compuestos por muchísimas partes móviles que utilizaban tanto el Coyote como el gato Tom para intentar capturar al Correcaminos o al ratón Jerry. En este caso, más allá de golpes y porrazos varios, el éxito será posible.

Con toques de Obelix y compañía en cuanto a la profesionalización de su oficio, algo de un personaje español de tebeos llamado Carpanta que nunca lograba su objetivo (alimentarse), e incluso elementos del género de videojuegos conocido como aventura gráfica, esta película lo tiene todo, por lo menos para mí. Si logro que alguno de ustedes la vea merced a este texto, me sentiré tan feliz como Jean Kayak cuando capturó a su primer castor.

El cazador de pieles. 108 minutos. En Google Play.