En la segunda entrega de una trilogía teatral que comenzó con Utopía, la clown portuguesa Maria Simões encarna a una reina octogenaria, doña Petunia Margarida, que será coronada el día de su cumpleaños. La monarca teme envejecer y lo vive entre la tragedia y el humor.

“Desde el clown no siempre trabajamos personajes para burlarnos o desde el bufón de la realeza, sino que yo trabajo a partir del teatro y, en ese sentido, trabajar personajes que en sí mismos tienen tanto de complejo como de ridículo, es muy apetecible. Me vino esta figura de una reina y después he llamado al espectáculo Umana porque quería hablar de todas nosotras, de lo que nos une como seres humanos”, explica la artista. Arribó a “una obra femenina, íntima, cómica y festiva” que define como “un himno a la vida”.

Para Simões esto significó ahondar en un asunto que venía desarrollando hace algunos años como tallerista, donde comparte lo aprendido como payasa, pero sobre todo, el aporte que con regularidad también lleva adelante como clown social: “Trabajé en un hospital, por ejemplo, cuando vivía en las islas Azores; he trabajado en situaciones donde normalmente un payaso no está, en la calle, en algún evento, en escuelas, en jardines, en la cárcel. También trabajo mucho con personas mayores, aprendo muchísimo, me encanta su compañía. Tenía muchísimo sentido”, explica.

Infanta traumática

La protagonista que compone alude a cómo preservar la memoria: “En este espectáculo recurro a la técnica del álbum de fotos para recordar tu vida. Ese es el truco técnico/dramatúrgico al que he llegado en la tercera versión. Es un espectáculo que fue creado en los ensayos y con público, y después, contando con el ojo externo de tres compañeras payasas hasta llegar a esta versión final, que es sobre la cuestión de cómo a veces experiencias vividas en la niñez nos afectan para toda la vida”.

A esa reina, justamente, hubo un hecho que la marcó en la infancia. “He creado esta obra para buscar un ejemplo de cómo alguien que no quiere envejecer puede llegar a estar en paz con esa idea de ser mayor y de viajar con todo lo que eso conlleva, llevando todo”, dice Simões. “Es una obra sin palabras, entonces no se explica mucha cosa, más bien se viven estados y emociones y la gente se identifica con muchas situaciones”.

Usados para la corte

La escenografía de este espectáculo se centra en la cama de la reina y su trono, dos objetos voluminosos y pesados que no viajan con la actriz. “Es una cama de hierro antigua que en Portugal es muy fácil de encontrar y muy barata, pero resulta que en otros sitios siempre se me complica dar con algo parecido. De todos modos lo hemos logrado”, cuenta antes de las funciones en Uruguay.

“Normalmente necesito ir a un taller con alguien que pueda soldar. El trono original se hizo con una silla que se compró de segunda mano, una silla con brazos de madera tipo poltrona pequeña y dos sillas que encontramos en la basura. Eso es lo que también buscamos cuando viajamos: tres sillas viejas para unirlas de una manera armoniosa y crear este trono, que luego tiene que ser pintado, tiene que llevar su tapizado y todo eso nos lleva todo un día de trabajo. Pensamos hacerlo a modo de taller, por ejemplo, para estudiantes. Aquí hemos contado con Matías Dopazo, que es un superescenógrafo. Está liadísimo con cosas de carnaval, pero ha podido recibirme y ayudarme”.

Al finalizar las presentaciones, los objetos son subastados. “El trono ya tiene dueña, pero la cama sigue disponible. Creo que queda preciosa en cualquier sitio, incluso al aire libre, en algún jardín, en alguna terraza. La hemos pintado y está impecable. Y es la cama real, ¿no?”.

Foto del artículo 'Comedia en clave de clown por la portuguesa Maria Simões, una payasa sin fronteras'

Foto: Difusión

Equipaje artístico

“Payasos Sin Fronteras y la compañía Leandre-Claire, en su momento, son la razón que me hizo decidir ser payasa. Los conocí en el mismo año y dije: “Esto es lo que quiero hacer en la vida”. Yo ya trabajaba como actriz profesional hacía unos diez años. No había talleres en Portugal –hoy sigue habiendo muy pocos– y fui sobre todo a España a formarme como payasa. En Cabo Verde tuve la oportunidad de ponerme la nariz de payasa por primera vez y de actuar inspirada por Payasos Sin Fronteras. Esa experiencia marcó para siempre el modo como desarrollo mi trabajo social. Tiene que ser muy de comunicarse con el otro, muy de entrega a la persona. Siempre vengo muy llena de todo lo que recibo y, sobre todo, estamos hablando de amor. Y como trabajamos para mucha gente, eso es desbordante”, dice la artista.

“Después, viviendo en las Azores, intenté colaborar con Payasos Sin Fronteras, pero no había en ese momento y sigue sin haber representación en Portugal. Fue muy difícil trabajar con la de España. Entonces fui creando mis propios proyectos de intervención humanitaria”, cuenta, y el relato hilvana infancias migrantes, en asociación con organizaciones de México y Estados Unidos, campos de refugiados en Macedonia del Norte, “sobre todo con personas de Siria y de Afganistán, kurdos”, donde fue como parte de una asociación portuguesa a llevar alimentos, ropa, medicamentos. Fue en misiones como payasa provista de juegos y ropas, pero también tuvo que resignar sus narices y sus gracias porque la Policía lo impedía. “Nos dijeron clowns are not welcome here”, y entonces ofrecieron su actuación, pero “sin máscaras”.

“En pocos segundos se aprende muchísimo sobre la humanidad y lo fea que puede ser. Ver llegar a la gente en trenes y quedarse ahí en el campo esperando otro tren, casi como prisioneras, con hambre, con frío. Vienen sin ropa, sin nada, con una bolsa de plástico con no sé qué dentro, igual con los zapatos para no gastarlos. Son cosas muy tristes las que se ven ahí en pocos segundos. Y nosotras tratamos de provocar risas, hemos abrazado a mucha gente, hemos llorado muchísimo, por supuesto. Lo que pasa es que éramos unas voluntarias un poco tontas. La policía, obviamente, nos seguía mirando raro por las cosas que hacíamos, pero realmente no nos importaba; nos importaba llegar a la gente, jugar con los niños, con los hombres, que tienen menos atención en estos momentos; las atenciones se enfocan mucho en las mujeres y los niños, y nosotras nos ocupábamos de todo el mundo, realmente. Circulábamos libremente por el campo, distribuyendo calcetines o guantes, que llevábamos en los bolsillos para entregar a los niños y a las niñas, si veíamos que tenían frío, y hacíamos marionetas con esas prendas que luego les regalábamos. Hacemos que la gente pueda llevar en su memoria ese trato caluroso que les damos desde el humor, desde el arte, desde una canción, desde una mirada a los ojos, desde un abrazo. Eso es todo lo que deseamos alcanzar, que la gente pase mejor sus días. Pero quienes tienen la posibilidad de que estas cosas no sucedan más, no están haciendo nada. Así que nosotras seguiremos haciendo lo que nos toca”.

Umana, con Maria Simões (creación e interpretación) y Rocío Matosas. En el Museo Torres García (Sarandí 683) sábado a las 20.30. Entradas: $ 500. Reservas: 099 068 869. Domingo a las 21.30 en el Teatrito del balneario Solís (Artigas entre Las Flores y Argentina). Reservas: 099 556 096. Entradas: $ 700, anticipadas: $ 600.