Juan José Campanella, creador de películas icónicas como El hijo de la novia (2001), Luna de Avellaneda (2004) y la ganadora del Oscar a mejor película extranjera El secreto de sus ojos (2009), es un especialista en relatar historias emotivas y con fuerte memoria histórica y política. Ahora regresa con Parque Lezama, una entrañable comedia dramática protagonizada por Luis Brandoni y Eduardo Blanco.
La película adapta una exitosa obra teatral homónima, que tuvo a los mismos actores más de una década en cartel y registró casi 600.000 espectadores. A su vez, la obra se basaba en I’m Not Rappaport, del dramaturgo Herb Gardner, que también fue llevada al cine, en 1996, protagonizada por Walter Matthau y Ossie Davis.
La historia sigue a dos hombres ya mayores que se conocen de casualidad en el banco de una plaza del parque Lezama, en el barrio San Telmo, y, sin proponérselo, empiezan una amistad inesperada. León Schwartz (Brandoni) es un judío exmilitante comunista, verborrágico, terco y aferrado a sus convicciones, mientras que Antonio Cardozo (Blanco) es el encargado de un edificio, más pasivo y pragmático.
Todas las escenas se desarrollan en esa clásica plaza porteña, con bancos de madera, una calesita carrousel, una glorieta y faroles antiguos. Entre gente andando en bici, jóvenes que charlan, niños que juegan, artesanos, perros que pasean, los dos veteranos se cruzan azarosamente. Al principio sus conversaciones son casuales, pero luego se transforman en su motor cotidiano; debaten sobre política, ideales, valores, el paso del tiempo, el deterioro físico, el miedo a la soledad y una interesante dicotomía entre el compromiso y el conformismo. La química fluye sola y ambos veteranos plantean una intensa batalla retórica con un divertido enfrentamiento entre lo actual y lo tradicional, entre la resignación y la resistencia, entre la tibieza y la lucha. En general, León incita a Antonio a rebelarse, a no dar por entregada la emoción de vivir, a pesar de sus años.
Campanella ofrece, además de la esperada carga emotiva, un humor bien porteño, costumbrista, lleno de remates sutiles. El guion tiene la inteligencia de tratar con ternura, pero sin golpes bajos, la vulnerabilidad e inseguridad de la tercera edad, la jubilación forzada y, sobre todo, el valor de la ayuda y la amistad.
Las casi dos horas se sostienen en las brillantes interpretaciones de Brandoni y Blanco. En cada frase, en cada pausa y en cada gesto se nota el oficio de dos enormes actores que construyen sus personajes con naturalidad y silencios, entonaciones y emocionalidad precisas. Parque Lezama es sencilla, sin estridencias ni pretensiones, y rescata el valor de los relatos, las vivencias y la nostalgia. Campanella, una vez más, nos recuerda que incluso con sus conflictos, y aunque no siempre “todo tiempo pasado fue mejor”, el mundo de antes parecía construirse en ciertos valores que el presente fue diluyendo.
Parque Lezama. 115 minutos. En Netflix.