Es difícil imaginar la vida actual sin celulares, computadoras, autos, satélites y otros aparatos tan imprescindibles. La mayoría de estos objetos han ido mejorando su tecnología con base en la incorporación de unos minerales conocidos como tierras raras, cuya obtención se concentra en un solo país: China. “De manera tan alarmante como asombrosa, el gigante asiático controla un 80% del mercado de tierras raras. Estas cifras alcanzan casi un muy preocupante 100% si nos referimos a las tierras raras pesadas”. Así comienza el libro La era de las tierras raras. La cruzada geopolítica por los metales estratégicos, de Juan Manuel Chomón Pérez, teniente coronel del Ejército del Aire español, doctor en Derecho con dos másteres en Estudios de Paz y Seguridad y con una vasta experiencia de trabajo en distintos países.

El texto, revisado y actualizado en noviembre de 2025, explica algunos de los conflictos geopolíticos que están ocurriendo en este momento en el mundo y proporciona un marco de análisis para entender lo que seguramente va a suceder en el futuro.

Si bien la agenda del presidente de Estados Unidos, Donal Trump, parece haberse enfocado en 2026 en el petróleo, ni bien comenzó su segundo mandato, las tierras raras formaron parte de su retórica mediática diaria. Por poner dos ejemplos, en febrero de 2025, su plan era que Ucrania le pagara a Estados Unidos la ayuda militar con tierras raras; después, su obsesión con estos escasos minerales lo llevó a pretender anexionar la isla de Groenlandia, que posee grandes reservas.

Un paseo por la tabla periódica

Las tierras raras son 17 metales, elementos químicos de la tabla periódica cuyos nombres son escandio, itrio y 15 elementos del grupo de los lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio). El primero en tomar contacto con las tierras raras fue un teniente del Ejército sueco en Ytterby, Suecia, en 1787. Entre ese año y 1947 se descubrieron los 17 elementos que se conocen actualmente. En 1945, tres científicos estadounidenses descubrían uno durante la fabricación de la bomba atómica. “Este tímido elemento que se produce al decaer el uranio fue bautizado con el nombre de prometio. Hoy en día utilizado en marcapasos, relojes, equipos portátiles de rayos X e incluso en baterías nucleares”, cuenta Chomón.

Pero los usos de los 17 en conjunto abarcan desde ser parte fundamental de los chips, hasta aumentar la fuerza de los imanes que se usan en motores eléctricos de vehículos y aerogeneradores, pasando por ser incorporados a “dispositivos de radar, pantallas de plasma, LED, agentes de pulido, catalizadores, controladores de las reacciones en las centrales nucleares, sensores, lectores, láseres, fibra óptica, cámaras, robots, satélites, agentes de contraste en medicina y, entre otros muchos, hacen las aleaciones más ligeras, pero más fuertes y resistentes”.

Repasando la tabla periódica, la doctora Manuela Morales Demarco, profesora adjunta en Recursos Minerales de la Facultad de Ciencias e investigadora nivel 3 del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) del área Geociencias, explicó a la diaria que el escandio y el itrio “son mucho más livianos” que los lantánidos, “pero tienen un comportamiento geoquímico similar”. “El comportamiento geoquímico es cómo se mueven en los sistemas geológicos, en el magma, en el agua que está entre las rocas, en la profundidad de la corteza”, agregó.

¿Qué quiere decir que son más livianos? La licenciada en Geología recordó que los elementos químicos tienen un número atómico, el hidrógeno es el uno y el último de los lantánidos, que es el lutecio, tiene el 71. “Eso quiere decir que tiene 71 protones en el núcleo y tiene –al menos– 71 neutrones. Eso es lo que da el peso. Entonces, por lo menos, es 140 veces más pesado que el hidrógeno. Cuanto más pesado es un elemento, más masa tiene. Los más livianos son más sencillos. Esto es importante porque los elementos más pesados van a estar en las rocas y los más livianos van a estar como gases”, añadió Morales.

La investigadora explicó que la extracción de las tierras raras “no es tan difícil”. “La extracción en sí, es sacarlas de las rocas y no es tan complicado. Lo más complicado es separarlas entre ellas, porque están mezcladas entre sí dentro de minerales. No es una aleación de tierras raras, es una mezcla de óxidos de tierras raras. La palabra tierra viene de cómo se le llamaba a los óxidos antiguamente. Ellas siempre van a estar unidas al oxígeno y muchas veces se comercializan también como óxidos directamente, no en estado completamente metálico, porque, cuando están puras, son metales. Todas las tierras raras son metales”, sostuvo.

Morales contó que el proceso de separar las tierras raras se llama “beneficiamiento”. “La roca se extrae por minería, en general, a cielo abierto. Hay minería subterránea, pero la mayor parte es minería a cielo abierto. Después tenés diferentes formas de beneficiarlas, que es separar la tierra rara de la roca. Una vez que la separás, tenés que concentrar. El escandio, que es la más cara de todas las tierras raras, se vende como óxido y el año pasado se pagaba 3.800 dólares el kilogramo. Para separar el escandio de las otras tierras raras tenés que invertir un montón. Así con todas. Hay algunos usos y algunas aplicaciones industriales o médicas que necesitan que estén puras, y hay otras que no, hay otras que pueden ser como una mezcla o con diferentes grados de pureza”, precisó.

Barrio chino

Lo que plantea Chomón en su libro es que desde 1985 China ha obtenido sistemáticamente un control “casi total de la cadena de suministro mundial de las tierras raras”. Morales explica que lo que hace el gigante asiático “es comprar la producción a otros países de la mezcla de tierras raras y en su territorio las separa y las vende separadas, además de usarlas para su propia industria”. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, en 2024 China controlaba el 60% de la extracción, el 95% del refinado y el 96% de la transformación de las tierras raras del mundo. La presencia de esta cadena de producción en el territorio chino hizo que muchas empresas que utilizan como materia prima las tierras raras, incluidas las estadounidenses, se instalaran en China por una cuestión de costos. La guerra arancelaria desatada por Trump contra China y el mundo tiene este asunto como causa principal. “Mientras las empresas occidentales establecidas en China echan cuentas para ver la conveniencia de quedarse asegurando los metales, pero pagando aranceles en Estados Unidos, China devalúa su moneda, el yuan, para ayudar a que la decisión final sea quedarse en el gigante asiático”, escribe Chomón, sobre la respuesta de China a Trump.

Foto del artículo 'Tierras raras: qué son, para qué sirven y quién controla su producción'

Para el militar español, la estrategia china se pensó hace décadas y se planificaron los resultados a largo plazo. Mientras el gigante asiático concentraba la extracción, la separación de los óxidos de las tierras raras, la fabricación de los 17 metales, y hasta acaparaba la fabricación de los productos finales, “la mayor parte del mundo abandonaba estos procesos costosos y ambientalmente desafiantes en pos de ganancias financieras a corto plazo”. “La presión popular para combatir la contaminación en nuestros territorios ayudaba a que se crease el monopolio chino de las tierras raras que no tiene, por su relevancia estratégica, parangón en el mundo actual de las materias primas”, añade Chomón. El analista español advierte sobre la posibilidad de que China pueda chantajear al resto del mundo amenazando con cortar el suministro de estos minerales o alterando su precio.

Coincidiendo con el listado de Chomón, Morales menciona que el uso de las tierras raras es vastísimo: “Se usan mucho en electrónica, en energías renovables, en la industria química, porque se usan como catalizadores, para la refinación de petróleo, para el desarrollo tecnológico en general y en las industrias bélica y aeroespacial. También se fabrican con ellas superimanes que se usan en la industria de los vehículos eléctricos e híbridos, en las baterías y en los molinos de energía eólica. Hay un imán, digamos natural, que es la magnetita, pero el imán de neodimio es mucho más potente”. Sin embargo, hasta 1980 los usos de estos metales se limitaban “al área industrial: producción de vidrio, catalizadores y metalurgia. Carecían de relevancia estratégica. Fue China la que posteriormente revolucionó su uso, dándoles una aplicación tecnológica, abriendo nuevos horizontes en el campo de la comunicación, la electrónica, etcétera”, dice el teniente coronel.

Chomón explica que este posicionamiento global del gigante asiático se consiguió con una conjunción del Estado y las empresas grandes y chicas, aprovechando la ausencia de legislación comercial internacional –como sí la tiene el comercio de petróleo, por ejemplo–, y trabajando con márgenes de ganancia escasos o con base en subsidios. “Para comprender la estrategia china es primordial entender que el valor económico obtenido en cada uno de los eslabones de la producción de las tierras raras, cadena de valor, desde las minas hasta el producto final, no es equivalente ni proporcional a las inversiones realizadas. Las grandes empresas mineras chinas suelen llevar a cabo únicamente los procesos de minería y extracción. Son las empresas más pequeñas las que se dedican a la separación, refinamiento y procesamiento. Ambas funcionan con unos márgenes de beneficio bajos. Las empresas mineras tratan de fagocitar todo mineral de tierras raras, minando en cualquier parte del mundo, adaptándose a los más peligrosos escenarios como Afganistán o Myanmar, entre otros, o a la burocracia de países como Estados Unidos y Australia. Pero son las refinerías y centros de separación las que constituyen un auténtico cuello de botella a nivel mundial. Estas fábricas son una trampa estratégica ideada conscientemente por China y el yugo del que no consigue escaparse occidente. El gobierno chino recupera su inversión en los primeros eslabones de la cadena de valor después de la extracción, gracias a la venta de los productos finales, donde se encuentra la mayor parte de beneficio económico”, explica.

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Brasil es el segundo país con más reservas

Morales se basa en los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos, que son de acceso público e incluyen la lista de países que tienen producción y reservas. “Las reservas tienen que ser medidas mediante procedimientos acordados en normas internacionales. Cuando el Servicio Geológico de Estados Unidos dice que tal país tiene reservas, es porque realmente eso se midió. La palabra yacimiento refiere a cuando ya se abrió una mina. Por ejemplo, Groenlandia tiene reservas, tiene un millón y medio de toneladas de óxidos de tierras raras, o sea que de tierras raras tiene un poco menos, pero no tiene producción, no tiene minas abiertas. Entonces, si yo fuera a invertir con una empresa minera en algún país, buscaría uno que tuviera reservas, pero que también ya tuviera minería, porque tiene que haber una rentabilidad”, sostuvo la investigadora.

Los principales países productores de tierras raras en 2024, después de China, fueron Estados Unidos, Birmania, Australia, Nigeria y Tailandia. Brasil figura en el lugar 13 en producción, “pero en reservas tiene poco menos de la mitad de reservas que China”, afirma Morales (ver recuadro).

Tierras raras en las arenas negras de Rocha

La pregunta que no se le podía dejar de hacer a Morales es qué se sabe de las tierras raras en Uruguay. “Se estudiaron las arenas negras de Rocha, pero cuando se estudió, se buscó uranio y torio, y hay un mineral dentro de las arenas negras que se llama monasita, que es uno de los minerales que tiene tierras raras normalmente, pero es un mineral que varía bastante en su composición”, informó. “En Uruguay también hay rocas alcalinas que pueden tener potencial de tener tierras raras, pero no se han estudiado tampoco, por lo menos no a nivel empresarial. Se estudian científicamente, muchas veces son la motivación de algunos proyectos científicos, pero que yo sepa, nunca hubo un proyecto de ver cuántas tierras raras hay en las monacitas de las arenas negras de Rocha”, concluyó.

Mountain Pass

La única mina de tierras raras operativa en Estados Unidos está en Mountain Pass, California. La empresa dueña de la mina, MP Materials, llegó a un acuerdo con el Departamento de Defensa para que el gobierno estadounidense se convierta en el mayor accionista del emprendimiento y este pueda mantenerse operando. Según la BBC, el acuerdo establece que durante los próximos diez años el gobierno se compromete a pagar a MP Materials el precio mínimo de 110 dólares por kilogramo de su producción de neodimio y praseodimio.

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