Los anuncios del 2 de abril, denominado por Donald Trump “el día del renacimiento de la industria estadounidense”, abrieron un escenario de incertidumbre internacional que quedó de manifiesto en el movimiento de varios indicadores globales. En Uruguay ya desató acciones políticas concretas, específicamente el adelantamiento de una reunión que el equipo económico del nuevo gobierno tenía agendada para más adelante con la embajadora de Estados Unidos en Uruguay, Heide B Fulton.

El ministro de Economía, Gabriel Oddone, explicó que los diplomáticos de Estados Unidos son “informantes privilegiados” y brindaron “algunos elementos de los cuales tomamos nota para poder entender un poco mejor” la situación. En la reunión, el equipo económico recibió la confirmación de que la madera “queda excluida del arancel adicional, tal como figura en el Anexo de la Orden Ejecutiva”, en tanto se “quedó en profundizar sobre el alcance para otros productos relevantes de la oferta exportable de Uruguay”, indicaron desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

“Lo que primero estamos haciendo es cuantificar los efectos, identificar los sectores y las actividades, entender cuáles son los intersticios en los que Uruguay puede hacer cosas para mitigar estos efectos, para después trazar una estrategia de tipo general”, comentó Oddone sobre los planes de respuesta del gobierno.

El jerarca sostuvo que, aunque el nuevo escenario de protección es negativo en términos generales, trae oportunidades “en la medida en que los aranceles no son simétricos entre países y Uruguay quedó entre los países con el menor nivel de arancel introducido”. Oddone explicó que Uruguay podría tener “un acceso probablemente más competitivo” que algunos de sus competidores en diversos mercados de Estados Unidos.

Represalias e incentivos

Más allá de lo que puedan generar las medidas arancelarias en la relación comercial entre Uruguay y Estados Unidos, aparece un segundo capítulo vinculado a cómo se mueve el resto del mundo, y cómo eso también impacta en el país. Según Oddone, esta posición del país norteamericano “no es un fenómeno transitorio”, sino que forma parte de “un firme movimiento global que ha decidido mover ficha con relación al mundo cooperante y multilateral”.

Sin embargo, el ministro aseguró que para Uruguay, por el tamaño de su economía, “el camino sigue siendo” el de los “acuerdos de comercio” y las “relaciones fuertes con los países”. Llegar a eso, dado el escenario global descrito previamente, parecería, al menos, una tarea difícil.

Más allá de la visión del ministro, según dijo a la diaria el experto en comercio internacional Marcel Vaillant, la existencia o no de una tendencia proteccionista en el mundo va a depender de “las reacciones” que tengan los países sobre los que han recaído las principales acciones de Estados Unidos. El académico aseguró que esas eventuales “represalias comerciales” tampoco “necesariamente van a ser el patrón de funcionamiento del resto del mundo”.

Vaillant recordó que Estados Unidos representa el 13% de la importación de bienes a nivel mundial, por lo que “es un comprador importante, pero no es predominante”. Al mismo tiempo, el experto recordó que existe la posibilidad de que otros mercados relevantes como China y la Unión Europea (UE) puedan tener “incentivos alineados” para “sostener las reglas del comercio” a nivel internacional.

Por su parte, el decano de la Universidad Católica Business School, Marcos Soto, dijo a la diaria que “cuando repasa las cifras en los últimos años, el crecimiento de acuerdos de intercambio comercial ha sido realmente exponencial”, lo que no quita la existencia de un multilateralismo “paralizado”. El académico aseguró que, de igual manera, se debe reconocer que se está frente a “políticas recesivas” que no sólo “tienden a disminuir la actividad económica en sus países, sino también a nivel global”.

En este contexto, el doctor en Relaciones Internacionales Ignacio Bartesaghi dijo a la diaria que comparte igualmente los dichos de Oddone sobre que “el escenario para Uruguay no es tan grave”. Principalmente, subrayó que esto tiene que ver con que el país no fue comparativamente tan afectado por las medidas arancelarias (se le pasó a aplicar una tasa del 10%). Pero, además, aseguró que este fenómeno proteccionista “espejo” generado entre Estados Unidos y otras economías potentes puede decantar en “acelerar procesos de negociación” bilaterales de “otros países y otras regiones”.

Las posibilidades para Uruguay

Vaillant planteó dos escenarios indirectos en los que la política arancelaria estadounidense puede afectar de forma disímil a Uruguay. En el primero, hizo referencia a la venta de “materia prima” hacia un mercado que con ella genera un “producto manufacturado que se vende a Estados Unidos”. Enlentecido el mercado de ese país con el país norteamericano, Uruguay se ve perjudicado. Por el contrario, ante la eventual aplicación de China de medidas espejo sobre Estados Unidos en lo que respecta a los “sectores de actividad económica agroalimentaria de clima templado”, para Uruguay “se genera una oportunidad”.

Para Soto, más allá de que “en ese río revuelto puede haber alguna oportunidad”, la alta probabilidad de que Estados Unidos entre en un “escenario recesivo” dificultaría el aprovechamiento de la tasa arancelaria comparativamente más baja. Sin embargo, el especialista sí ubica, al igual que Vaillant, la posibilidad de encontrar en China el “redireccionamiento de compras” por la “parálisis” de su relación con Estados Unidos.

Agregó, además, que “en un escenario de economía global en recesión potencial” el hecho de que Uruguay venda productos de “primera necesidad, básicamente alimentos”, le asegura la existencia de demanda. En ese sentido, Bartesaghi aseguró que, por ejemplo, la eventual dificultad de venta de carne a Estados Unidos puede resolverse con la aparición de otros mercados que, por el propio escenario restrictivo a nivel internacional, puedan empezar a “pagar mejor”.

El acuerdo con la Unión Europea

“Fui muy escéptico del acuerdo con la UE a partir de lo que pasó en 2019, incluso ahora con el fin de la negociación en diciembre, pero creo que todo lo que ha hecho Trump en los últimos meses definitivamente aumenta la verosimilitud de que este acuerdo pueda culminarse”, valoró Vaillant. “Europa claramente tiene que restablecer el eje atlántico”, aseguró. Agregó que llegar a economías “emergentes” y “proteccionistas” como Argentina y Brasil “es una cosa muy valiosa para la manufactura europea”.

“La razón principal por la que Ursula von der Leyen [presidenta de la Comisión Europea] vino a Montevideo y se cerró ese acuerdo fue porque Trump ganó las elecciones”, aseguró por su parte Bartesaghi. “Y ahora no es sólo un Trump cumpliendo con las promesas, es un Trump que acaba de iniciar una guerra arancelaria inédita”, agregó.

En el caso de la UE, Soto no ve como un “automatismo” el favorecimiento del acuerdo con el Mercosur como consecuencia de las medidas proteccionistas estadounidenses. Sin embargo, considera posible que el bloque europeo busque “alternativas de apertura” que puedan significar “un canal” para la concreción de esta alianza.