Históricamente, el comportamiento electoral de la población uruguaya presenta variaciones territoriales importantes que han sido poco exploradas. En el imaginario social, a medida que nos alejamos de la capital del país y cuanto más nos adentramos en el Uruguay profundo, el voto se vuelve más tradicional y conservador.

Las últimas elecciones son una oportunidad para reflexionar sobre cómo es el comportamiento de quienes votan en el medio rural. ¿Es realmente este voto más conservador que el urbano? ¿El acercamiento de las pautas culturales entre los espacios rurales y urbanos reduce las brechas electorales? ¿El “voto rural” es igual en todo el país?

Para ello se estudia el voto en los circuitos rurales del país.1 En la elección nacional de octubre esos circuitos fueron 808, distribuidos en todo el territorio del interior, y representaron 6,3% de los votos emitidos, un porcentaje significativo si se considera la paridad que se dio luego en el balotaje.

En el cuadro 1 se muestra el voto a los principales partidos políticos en las elecciones legislativas y presidenciales de octubre, según tipo de circuito urbano o rural, y la diferencia porcentual entre ambos.

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El resultado de las elecciones pautó una tendencia diferente entre el voto rural y el voto urbano. En Montevideo y ciudades del interior, el Frente Amplio recoge 40,4% de los votos, mientras que en los circuitos rurales, las adhesiones a este partido se reducen a casi la mitad (22,4%). En cambio, el Partido Nacional tiene un comportamiento inverso, y reúne 27,8% de los votantes urbanos y 43,6% de los votantes rurales. Esto reafirma la existencia de una fuerte base política del Partido Nacional en estos entornos.

El Partido Colorado, por su parte, no tiene un desbalance tan fuerte entre sus votantes urbanos y rurales, aunque incrementa en algo su votación en los circuitos rurales, acercándose a la votación del Frente Amplio, que es la segunda fuerza en el medio rural.

Se destaca que el nuevo partido de derecha Cabildo Abierto tiene la misma incidencia en el ámbito urbano como rural, lo que constituye un comportamiento diferente al del resto de los partidos. Se constituye en un polo de atracción para los votantes independientemente de su lugar de residencia urbana o rural, y alcanza 11% de los votos en los circuitos urbanos y 12,3% en los circuitos rurales.

En síntesis, las adhesiones políticas de los ciudadanos muestran diferencias significativas según el tipo de circuito: el electorado urbano tiene un voto más progresista y de izquierda que el electorado rural, que se vuelca mayoritariamente a las opciones de los partidos tradicionales y de derecha. La brecha es de 18 puntos a favor del Frente Amplio en los circuitos urbanos y de 22 puntos a favor del bloque de los principales partidos de la coalición opositora en los circuitos rurales.

Pero si bien hay diferencias entre lo urbano y lo rural, ¿se puede hablar de un voto rural uniforme? Eduardo Moyano2 llama a cuestionar la existencia de un voto rural único, como si el mundo rural fuera un cuerpo social uniforme y homogéneo. Los territorios rurales son diversos en sus características productivas, lo que determina las relaciones sociales de la población que reside allí, y son espacios abiertos en permanente interacción con sus entornos urbanos.

Una forma de aproximarse a esta posible variación del voto rural es por medio del estudio de las preferencias electorales a nivel departamental para esos circuitos.

En los circuitos rurales de 17 departamentos el Partido Nacional aparece como primera opción del electorado, y Salto es el único departamento en el cual el Partido Colorado ocupa el primer lugar. El Frente Amplio no alcanza la mayoría en ningún departamento pero es la segunda fuerza política en los circuitos rurales de 14 de ellos.

A su vez, el Partido Colorado logra el segundo lugar en cuatro departamentos: Colonia, Lavalleja, Río Negro y Rivera, mientras que Cabildo Abierto se posiciona como la cuarta fuerza política en 13 departamentos y ocupa el tercer puesto, desplazando al Partido Colorado, en Treinta y Tres, Maldonado y Rocha, y al Frente Amplio en Lavalleja y Rivera.

Esta información cuestiona la existencia de un voto rural homogéneo, a pesar de la brecha observada a nivel nacional. Por el contrario, muestra la heterogeneidad que tienen las preferencias electorales de los votantes de los circuitos rurales, y por ende, cómo se conforman los mapas de votación rural de cada partido por departamento.

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En resumen, en los circuitos rurales se constata el predominio del voto tradicional y de derecha, y una menor presencia de las posiciones progresistas y de izquierda. En los departamentos de Lavalleja, Rivera, Colonia, Durazno, Flores y Tacuarembó se registra una baja o muy baja presencia de voto al Frente Amplio, que no alcanza a dos de cada diez votantes. Por su parte, los departamentos con mayor voto rural a la coalición de partidos de izquierda son Salto, Florida, Rocha, Paysandú, Canelones y Artigas, donde el Frente Amplio supera el 25% de las preferencias electorales.

Alberto Riella, Paola Mascheroni y Diego Amarilla pertenecen al Grupo de Estudios en Sociología Rural, Territorio y Desarrollo del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República.


  1. Los circuitos rurales son definidos por las Juntas Electorales departamentales al amparo de las leyes 7.812 y 17.113. No implican una demarcación sociológica de los territorios urbanos y rurales (para esta discusión ver: Riella, A. y Mascheroni, P. (2009) “Población, ingresos y hogares agrodependientes”. En: Anuario OPYPA 2009. OPYPA-MGAP, Montevideo). No necesariamente se encuentran alejados de centros poblados mayores, pudiendo en algunos casos formar parte del área periurbana de las principales ciudades del interior.  

  2. Moyano, E. “¿Existe el voto rural? Reflexiones a partir de las elecciones andaluzas del 2-D”. Disponible en: www.diariocordoba.com/noticias/opinion/existe-voto-rural_1270447.html