“Creo que este disco nuevo tiene una vuelta de tuerca, es más ambiental, más shoegaze, o no sé, siempre hablo con alguna terminología que no suena bien. Eso fue parte de nuestro éxito: declarar horrible”, dice con su habitual buen humor Federico González (47), cantante, guitarrista y principal compositor de La Foca, sobre La fórmula (séptimo disco de la banda) y su histórica falta de popularidad.

En un bar de Ciudad Vieja González habla muy rápido, tanto que funde palabras como describe y destila, duda sobre sus dichos, los corrige con notable ocurrencia, y reconoce que a todos sus compañeros de banda les encanta embromar con su condición de perdedores: “Es cierto, siempre que tocamos llueve”. En el mensaje que me envía por Whatsapp, adjunta una fotografía en la que se lo ve con uno de sus hermanos, ambos lookeados como los hermanos Peluffo de un universo paralelo sin triunfos: “Guillermo y Gabriel, lado B”.

“Con Trotsky Vengarán tocamos en la Facultad de Economía en 1990, y la verdad es que hacíamos lo mismo que todas las bandas. También existe la posibilidad de que a la gente no le gustáramos”, recuerda.

Tal vez la historia de fracasos no sea del todo exacta, pero es verdad que hace un par de años algo cambió en el grupo y en su relación con el público uruguayo.

A fines de los 90 tocaban en el mítico boliche Perdidos en la Noche, y a partir de los 2000, sin demasiada suerte con los sellos uruguayos, comenzaron a forjar su identidad independiente, y además organizaron festivales por su cuenta, con artistas argentinos como Juana Molina, Antonio Birabent y Jaime Sin Tierra.

En ese período de cierto anonimato nacional, sin embargo, algo los conectó con Argentina y con algunos fans en particular, como sus colegas de Jaime Sin Tierra, con los que comparten amistad sónica y humana, y el director de cine Ezequiel Acuña, quien llevó su fanatismo por la banda al extremo de crear una película que cuenta las peripecias de un grupo de rock con bastantes puntos en común con La Foca, inspirada en su música y sus narraciones, y que lleva como nombre el título del quinto disco de la banda, La vida de alguien. El film se estrenó en 2014 y tuvo excelentes críticas de la prensa, que destacó especialmente la calidad de la banda sonora (compuesta en su totalidad por La Foca), a la que la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina premió con el prestigioso Cóndor de Plata.

La sociedad artística con Acuña continúa hasta el día de hoy. Uno de los tracks del nuevo disco de La Foca también forma parte de la última película del argentino, La migración (2018), que vendría a ser algo así como una secuela de La vida de alguien. González, además, colaboró con otros paisajes sonoros de La migración.

El estribillo perdido

La canción se llama “1997” y cuenta con la participación de la cantante Alfonsina. “Habla de algo que nos pasó con Diego y Gustavo, una situación medio complicada”, aclara González en referencia al bajista y al guitarrista de la banda. “Yo no soy bueno contando historias, tampoco las escribo en forma interesante; no sirvo para eso pero soy bastante obsesivo: me acuerdo de todas las cosas que tengo sin terminar. Y ta, en un momento le encontré el estribillo a esta canción, volviendo de Buenos Aires medio dormido. Ahí me di cuenta de que tenía el remate de una letra que tenía guardada desde 1997”.

El anonimato uruguayo se ha ido diluyendo a lo largo de los últimos tres años. A la par de los reconocimientos porteños, sucedió algo más: “Creo que tiene que ver con una generación que se nos pegó, o que nosotros nos pegamos a ella; claramente nos dio un lugar que nunca nos habían dado. Creo que les pareció interesante la propuesta musical y la forma en que nosotros funcionamos”, dice González sobre el grupo de artistas de rock notoriamente más jóvenes que los integrantes de La Foca con los que hicieron sinergia de un modo natural, entre ellos Federico Morosini y Los Zalvajes. En 2017, La Foca se animó a su primera sala Hugo Balzo, y en 2018 a su primera Trastienda.

La fórmula, que desde este mes está disponible en plataformas como Spotify y Bandcamp, fue mezclado en Buenos Aires por Juan Stewart, bajista y productor de Jaime Sin Tierra. “Volvimos a trabajar con él y no le erramos. Es un tipo de texturas, te hace espacios donde no hay. A nosotros no nos deja de sorprender”. La grabación fue en Montevideo, con El Niño que Toca Fuerte y Álvaro Reyes.

En canciones profundamente tristes y luminosas, las notas musicales se van sumando en un crescendo de pequeños fragmentos que, como estrellas, completan, con paciencia y en un viaje de trance, paisajes que pueden verse con perfecta claridad, siempre y cuando el oyente se entregue con atención y –preferentemente– serenidad a la experiencia.

“Lo primero que escuché, a los 14 o 15, en 1984, fueron Los Estómagos, y ahí conocí a The Cure, Joy Division, Bauhaus; toda esa barra me cautiva, me enamora”, dice González sobre las influencias reconocibles en el sonido de La Foca.

“Para mí Robert Smith es el letrista del rock, del rock oscuro; yo creo que le robé bastante a él. Me gusta cómo describe situaciones, esa cosa de enlaces rápidos que hace: con tres cosas te deja dado vuelta. Y al mismo tiempo descubrí a Fernando Cabrera, Eduardo Darnauchans, Jaime Roos. La lírica de Cabrera no me llama mucho la atención, pero sin embargo tiene un manejo de la musicalidad que me gusta; probablemente yo tenga algo de eso. Lo mismo me pasa con Daniel Viglietti, esa cosa rítmica, de golpes, en ‘De cabeza’, por ejemplo”.

Sin tal vez, el otro gran secreto del sonido de La Foca son las extrañas e inconfundibles guitarras de Gustavo Compagnone: “Es imposible que yo componga sin pensar en Gustavo, no hay forma; se lo dije una vez, cuando él estaba borracho. Tiene una base pop, es muy fan de Los Beatles, priorizara la canción. Ha logrado tener un sonido muy suyo, reconocible. Es muy introvertido, como un cascarudo, pero logramos funcionar juntos y se da la magia. Es un guitarrista muy particular: va asimilando nuevas influencias, pero si vos escuchás las guitarras del primer disco y las últimas hay algo que siempre está ahí”. Compagnone rara vez se separa de una Fender Telecaster American Traditional de colores blanco y crema que sus compañeros apodaron “palito de limón”.

Ruben Larrosa, baterista, y Diego Lorenzo, construyen una base que funciona como el motor pesado del carrusel de vueltas infinitas, para que las guitarras viajen hacia cualquier lado antes de volver a casa.

“Para nosotros es un milagro poder hacer un toque. Siempre te queda una. Hemos logrado salir de la gente de nuestra generación que ya no sale, tener un público nuevo y conectar con algunas personas para las cuales nuestros toques son eventos importantes”, comenta González sin perder nunca su mística de derrota.

Este mes, además, la banda estrena el video de “Bola brillante”, una de las mejores canciones de La fórmula, y no planea tocar más de cuatro veces en el año. En agosto, en la sala Hugo Balzo, será la presentación oficial del disco. “Nos cuidamos mucho, como ese jugador veterano que no puede correrlas todas porque se va a desgarrar”.

Mañana La Foca celebra la salida de La fórmula en el club Narvaja (Tristán Narvaja y La Paz) a las 20.30. La entrada es libre, con invitación: hay que escribir a [email protected]