Los sintetizadores empiezan suave, como una fría brisa, para luego subir la intensidad hasta volverse helada y misteriosa. Así suena la oscuridad. La caja de ritmos machaca y machaca, con una reverberación inmensa. Así suena la década del 80. Con efectos varios –flanger, un poco de eco y algo de chorus–, la guitarra eléctrica larga notas arpegiadas con sigilo, y termina de armar la atmósfera sombría. Así suena el pospunk. En menos de un minuto entramos sin pagar peaje a una época, a un sentir, como cuando vemos esas fotos viejas sin fecha a las que delata un peinado particular, un estilo de ropa o hasta el simple armazón de un par de lentes.

En 1976 el guitarrista Sebastián Vázquez acababa de nacer. Ese mismo año, en las costas de Cabo Polonio varios testigos vieron cómo el agua llevaba –o traía– cuerpos hacia la orilla. Por eso, nada más y nada menos, el disco conceptual que ideó sobre la dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1985) empieza con “Desde el mar”. Y por eso es instrumental, porque a veces es mejor no decir nada con palabras.

Suena a los 80 y es pospunk, pero fue grabado en 2018 y compuesto en 2017. Vázquez viene del palo del punk –toca en La Sangre de Verónika– y sintió la necesidad de crear un disco conceptual sobre los tiempos más oscuros que vivió este país en paralelo con la idea de incursionar en el estilo pospunk, cuya principal característica es, justamente, no ser muy luminoso.

Si bien el guitarrista notaba que el tema de la dictadura no abunda en el rock actual, confiesa que la idea también fue producto de “un poco de egoísmo”, ya que no se puso a analizar demasiado lo que pasa en el rock uruguayo de ahora. La unión entre el tema y el estilo se dio, según dice, de forma “bastante natural”, ya que son dos mundos que comparten la tristeza. “Es un estilo musical muy introspectivo, que habla de los sentimientos. El de las letras es un mundo muy amplio, pero más o menos hay como una matriz de que es un estilo más sentido. Entonces, por ese lado se amalgamaba bien con la emoción, y la temática es triste, no es para otro estilo”, explica el guitarrista.

Así nació la banda La Memoria, integrada por Gerardo Morán (voz), Germán Veglio (guitarra), Rodrigo Quagliano (bajo), André Goldman (teclados y caja de ritmos) y Vázquez, que, como viene del punk, no fue a buscar músicos a la Filarmónica sino que se concentró en encontrar compañeros de grupo por el lado de la emoción, el sentimiento y el compromiso.

Con ese compromiso cultivaron el disco Desaparecida, que contiene nueve temas basados en la dictadura. El álbum está disponible en plataformas digitales –Youtube y Spotify–, como no podía ser de otra manera, además de en CD (en edición muy limitada, se puede reservar en este enlace), pero también se lanzará en vinilo, y un sello alemán lo publicará en el formato ochentero por excelencia: casete, para que la experiencia termine de ser completa.

Material incluído en el CD

Material incluído en el CD

Ola a ola

Vázquez cuenta que “Desde el mar”, el tema que abre el disco, fue el primero que compusieron, y así parieron canción tras canción, con bastante facilidad, en el orden que aparecen en el disco. Como nació en 1976, dice que apenas recuerda “algunas cosas” de la dictadura, pero, en perspectiva, cuando compara su niñez con la de sus hijos hoy, ahora, en este tiempo y espacio, se da cuenta de la abismal diferencia. Leer las crónicas de los cuerpos que aparecieron en Cabo Polonio le pegó “fuerte”, porque en esa época fueron “las primeras pruebas fehacientes del horror que estaba pasando”. Si bien el tema inspirado en esos hechos no tiene letra, porque piensan que no podían “decir nada” al respecto, cuando tocan en vivo se apoyan en imágenes “para dar a entender la temática”.

Pero no sólo en los shows hay imágenes. La línea conceptual de la música también se sigue en el arte del disco. Por supuesto, en la cajita del CD predomina el negro antes que cualquier otro color, y en la portada hay una ele y una eme de color gris difuminado, como si la memoria, con los años, se volviera más borrosa, pero aun así se negara a desaparecer. Adentro de la cajita, además del librillo de rigor con los créditos y las letras, nos topamos con un hoja que simula ser una portada de diario con información de la banda, negativos de fotos del grupo –sigue lo ochentero– y lo más interesante: una lámina transparente, de diapositiva –explota el ochentómetro–, con portadas de diario de la época, entre las que se destaca la edición extra del diario Ahora del 27 de junio de 1973, que en muy grandes y muy negras letras decía: “Bordaberry disolvió el Parlamento”.

“En ese cielo gris y estático, / tanques apuntándote, / libertad en defunción, / todos tratando de escapar”, canta Morán en el arranque del segundo tema del disco, “Setenta y tres”. En el estribillo se limita a cantar una y otra vez el número, con voz grave y profunda, para que nos quede incrustado. Y esa es una línea que siguen todas las letras del álbum, que son cortas y concretas, sin metáforas, con no más de dos estrofas y estribillos de pocas palabras como disparador de algo más, que todos sabemos o deberíamos saber. Vázquez acota que, a veces, se dice sin decir. “Ya nadie escucha su voz, / no necesito más silencio. / Ese silencio nos condena, / ¡quiero que escuchen su voz! /, desaparecida”, dice la segunda estrofa del tema que da nombre al disco.

La Memoria hará varios toques presentando su flamante disco. Hoy a la 1.00 con entradas a $ 100 se dará cita en Segunda Vuelta (Gaboto y Guayabos), un boliche chico pero que a la banda le cae bien porque es un sótano, ideal para su música. Desaparecida no es un disco como para tocar en un festival veraniego en medio de la playa. “Sería muy extraño, tendríamos que usar unos lentes muy negros y ponernos unos gorros muy grandes. Nos sentimos muy bien en lugares un poquito turbios”, comenta.

Influencias de acá y de allá

La estética musical general del disco remite, de una, a la banda inglesa The Sisters of Mercy –incluso en algunos pasajes de la voz afectada y grave de Morán–, baluarte del pospunk y el rock gótico, que vendrá por primera vez a Uruguay en noviembre (se presentará en Montevideo Music Box, y no en vano será teloneada por La Memoria). Cuando se le comenta a Vázquez la reminiscencia de la banda inglesa agradece con entusiasmo, porque, comenta, como uno de los íconos del estilo, “es imposible obviarlo”, así como tampoco a The Cure, Joy Division y Bauhaus, todas bandas oscuras e inglesas.

Pero tampoco es muy necesario irse hasta allá arriba para buscar referencias. Como se sabe, incluso antes de terminada la dictadura, con Los Estómagos como punta de lanza floreció una camada de bandas de rock posdictadura uruguayas, que tenía poco y nada de raíces musicales vernáculas pero en general estaba bien asentada en lo que pasaba y pasó en nuestro país. “Eres sólo un animal, / un enfermo mental. / Máquina de torturar, / programada para matar. / Y dirás que era tu deber, / que sólo cumplías tu misión. / ¿Cómo pudiste llegar / hasta tal degradación?”, cantaba con furia Gabriel Peluffo en “Torturador”, editada en el primer disco de Los Estómagos, Tango que me hiciste mal (1985), que en apenas dos estrofas de cuatro versos decía todo lo que había que decir.

Vázquez confiesa que la movida del rock posdictadura tuvo “toda la influencia” para este disco, y recuerda que su hermano, cuatro años mayor, en esa época tenía una banda, ensayaba en el living de su casa y hacía un cover de la banda de Peluffo, Gustavo Parodi y compañía. Fue así que conoció su música, aunque nunca los vio en vivo. “Pero amo la obra de Los Estómagos, y es evidente que hay un amor muy profundo de La Memoria por ese estilo de bandas”, agrega el guitarrista. Además, subraya el coraje “increíble” que significó componer una canción como “Torturador” hace más de 30 años. “Tenía 11 años cuando escuché por primera vez ‘Torturador’, y me hizo hurgar un poco para ver de qué se trataba la letra. Capaz que esa canción es el punto de partida para este disco”, dice el guitarrista.

Material incluído en el CD

Material incluído en el CD

En la verdad, la libertad

“Otro día más, / esto pasará, / arde la verdad, / radio y miedo / y la oscuridad”, canta Morán en “Radio y miedo”, la canción que habla de la tortura en forma lateral pero contundente al mismo tiempo. “Cuando los presos iban a la sesiones de tortura, según los testimonios, [los militares] subían la radio a todo lo que daba para que los otros detenidos no escucharan los lamentos; entonces, cuando escuchaban la radio, en seguida venía el miedo, porque ya se sabía lo que estaba pasando”, explica Vázquez, y agrega: “Sabemos que es un tema muy doloroso, por eso lo tomamos con mucho respeto, y lo llevamos para lo artístico, no para la crónica roja”. Cuando se le pregunta al guitarrista si no hay una paradoja en usar un estilo anglosajón, foráneo para retratar una vivencia uruguaya Vázquez contesta que sí, que puede resultar contradictorio, pero que son las herramientas que tienen a mano y es su manera de expresarse. “Además, puede tener un paralelismo con el canto popular, la milonga triste, por ejemplo, esto puede tener lugar en este Montevideo”, agrega.

El disco cierra con “En la verdad”, una canción musicalmente más punk que pospunk y más animada que el resto del disco, pero igual de oscura, que repite como un mantra “en la verdad, la libertad”, uno de los mejores estribillos de todo el álbum. “Subimos todo el volumen que podemos y es como un grito al aire. Necesitábamos terminar el disco así, con el puño en alto, tratado de que toda la tristeza que fue transcurriendo termine en algo enérgico, con fuerza y motivador”, explica Vázquez. Ya que estamos con la verdad, Desaparecida también incluye “Cobardes”, una canción dedicada al “Estado estático” y a las personas que con lo que “hicieron y lo que no hicieron” lograron “que estemos como estamos”. “Tenemos que depender de otros países para que llegue la justicia”, sentencia el guitarrista.

Palabra del editor

Gabriel Brikman, guitarrista de la banda de metal Radical, y antes de Chopper, es el encargado de editar el disco bajo el sello independiente 01Records. Cuenta que escuchó uno de los temas de La Memoria en Facebook, le encantó, se contactó con la banda “como fan” y quiso ser parte del proyecto para editarlo. “Este disco cumple un lugar dentro del rock uruguayo. Me gustó el concepto, va al hueso hablando de la dictadura. Puede sonar pretencioso pero no lo es: alguien tenía que hacerse cargo de este trabajo, editarlo, que tuviera todas la herramientas a nuestro alcance para que fuera conocido y tuviera su lugar en la historia de la música uruguaya”, dice Brikman. Además, cuenta que pensó la gráfica y el concepto del arte del disco desde un lugar “militante”, y le quedó muy cómodo. “Soy de esa época, no me costó nada porque es lo que viví”, finaliza.

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