En la cultura neoliberal, el primer impulso que tenemos para celebrar es ir a comprar y consumir. Muchas mesas se completan de excesos y cosas inservibles por la necesidad de llenar ausencias.
Todas estas violencias siguen aconteciendo en la Colombia olvidada, periférica y cocalera, donde el acuerdo de paz y cualquier atisbo de implementación siguen siendo hoy mera quimera.
Los cuerpos puestos en colectivo generan otras dinámicas, echan a andar otros procesos mucho más poderosos, mucho más valiosos, mucho más potentes y duraderos.
Los adultos realizan cambios a los textos que les leen a los menores, sea porque se preocupan por la interpretación y explican el vocabulario, o por añadir expresiones que hacen más amena la lectura.
En nombre de dar garantías a los docentes y apelando discursivamente a sus derechos, se sostiene el statu quo, donde antigüedad es la palabra generadora de la organización del trabajo.
Por más esfuerzos que se realicen por instalar un relato de optimización del gasto y revisión de la eficiencia en la ANEP, los hechos muestran que se está registrando un proceso de degradación de la calidad de la educación pública.
El gobierno debería aceptar generar un diálogo nacional, dejando de lado el discurso de que “todo es culpa de cómo dejó el Frente Amplio el país”. Por un lado, eso no es cierto. Por otro, aun si fuera cierto, no aporta.