En seis años del Proyecto CasaMario prácticamente no hicieron exposiciones, ya que buscaron salirse de la disciplina artística, migrar a zonas que trasciendan la observación, construir y problematizar las relaciones, inmersos en el barrio. “Una de las cosas que erosionaban la distancia era la comida”, indica Sebastián Alonso, que este mediodía presenta 57 recetas y experiencias culinarias, 57 historias biográficas ilustradas, desde ravioles hasta gefilte fish, "una suerte de recetario dionisíaco preparado en una casa de Ciudad Vieja”.

Esta colección lleva por nombre Symposium, y Alonso, en tanto curador, junto a Silvana Juri y Niklaus Strobel en la dirección editorial, oficia de anfitrión. “Si bien CasaMario planifica y desarrolla sus programas de trabajo instalando y promoviendo dinámicas de encuentro, es en la mesa, en ronda o parados, compartiendo una comida, donde más fácilmente puede acontecer lo inesperado, lo furtivo, lo ambiguo, aquello que estalla y se aleja de la previsibilidad. La repetición de estas instancias refuerza la noción del estar juntos y juntas haciendo y reflexionando sobre algo”, escribe en una de las postales que enviarán a los “comensales” que participaron desde el exterior o que no puedan sumarse en esta instancia.

“Mientras trabajábamos en este libro, en pleno marco pandémico y de estrambóticas gestualidades punitivas, nos propusimos colaborar, junto con el merendero Las Bóvedas y cooperativistas, en las redes solidarias de apoyo a las personas más necesitadas. Los días sábados comenzábamos al mediodía con una pequeña mesa redonda con frutas, alguna tarta y galletas, y con las horas se iba conformando una larga reunión de desconocidos y desconocidas al infinito. Compartimos con vecinos y vecinas la mesa y la calle, preparamos arroz gris, tambera a las brasas, paella, polenta con tuco y otras delicias”, continúa.

En cinco años hicieron 72 activaciones, esto es, actividades que comprendían talleres, seminarios, ejercicios pedagógicos, conferencias, incluyendo en muchos casos investigadores extranjeros que trabajaron no sólo en CasaMario sino en la Universidad o en la propia ciudad.

Consignas y rebeldías

“Una de las claves de esta curaduría editorial que hicimos fue justamente la variedad. No nos interesa tanto la trazabilidad, si son recetas del mundo, por ejemplo. Lo que más nos importa es la relación afectiva que tenemos con estas personas. Entonces, cuando las convidamos, se les mandó una planilla de invitación con una serie de requisitos: que eligieran una receta y que desplegaran los ingredientes que se necesitan y la manera de prepararlos, que no fuera un modo convencional y que tuviera cierta performatividad, que se implicaran. Para exagerar un poco, diría que es un ejercicio biodramático”, explica Alonso. (Y ya que nombró el biodrama, viene al caso decir que su creadora, la artista argentina Vivi Tellas, es parte de la brigada, con unas habas con arroz a la turca).

La intención del proyecto siempre fue expandir los formatos, algo que se repite en este recetario con algo de libro de artista o, por tramos, de manifiesto. Aunque buscaran dejar registro de detalles complementarios al acto de picar, amasar, sofreír, como poner música, dice Alonso, reforzando esa línea: “Nunca lo vimos como un gesto estético sino social, como una gestualidad afectiva más que de otra índole. O sea, no poníamos los aparatos, la comida, en una disposición formal a la que uno tuviera que entrar para hacer determinada cuestión, como en algunas prácticas del arte relacional. En algún caso sí, eso pasó, pero no era la condición”.

Al promediar las páginas, la publicación empieza a mostrar algo más que recetas, tomando un tono poético o combativo. La preparación deviene entonces en consejos para amainar efectos de gases lacrimógenos, por citar uno.

“Por otro lado, les pedimos un texto de orden narrativo, y por último, una imagen fotográfica que quisimos ilustrar en blanco y negro. En algunos casos los invitados se tomaron ese documento muy en serio y llenaban ese formulario de una manera ordenada, pero por momentos algunos tomaron la receta y la historia como una cosa única. Estuvo bien divertido eso: la de Gabriel Peluffo Linari, por ejemplo, es una narrativa que envuelve la receta, es más orgánica”.

Así como la mayor parte no son cocineros, tampoco todos son artistas: hay críticos de arte, curadores, directores de instituciones, profesores, arquitectos, investigadores. Complementariamente fueron invitados Mauricio Pizard y Pía Morosini, que sí aportan una perspectiva desde la cocina.

Hace un mes se lanzaron los dos primeros libros de esta línea editorial que transita ahora CasaMario, algo así como posfacios a la residencia que el colectivo tuvo el año pasado en el Subte municipal. “Creemos que existe cierta confusión o cierta opacidad en la comprensión de todo este proyecto”, admite Alonso. “Pero también existe una dinámica de compartir, de generar aperturas de conocimiento. Nos importa que hacer sea una práctica crítica y con proyección. Y nos importa mucho lo que pasa en el contexto del barrio, a los cooperativistas, a las pensiones, a los grupos de inmigrantes. Nunca nos pensamos como un proyecto de mediación sino de cercanía”.

Symposium - Recetario CasaMario, de Sebastián Alonso y Silvana Juri con apoyo de la Fundación Itaú. Libro $ 600, más tickets de $ 200 para la degustación de platos (tres recetas y una bebida). Hoy, de 12.00 a 16.00, almuerzo y breve presentación en el Museo de las Migraciones (Mumi, Bartolomé Mitre 1550). Cocinan sus recetas Silvana Juri: ensalada de coles con garbanzos tostados al za’atar, Suraia Abud: manqoushe zaatar (pan a la plancha con hierbas silvestres), Sandra Sifuentes: salto del tigre al ceviche y anticucho cucurucho, Senobia Asenjo: papas rellenas acompañadas de arroz chaufa, Fernando Miranda: paella valenciana, Ana Luisa Valdés: gravad lax, Niklaus Strobel: tallarines Eurovisión, George Yudice: salsa di pomodoro con fagioli e ceci, Marcos Banina: cajita cubana, Mariana Amieva: el locro matemático de la abuela gorda.


Feria en el Hotel del Prado

“Vení a ser parte de otro divino domingo: traé la silla, el mate, la bici, vení en familia o con amigos”. Con ese ánimo invitan a acercarse a la feria Bon Gût, que tendrá otra edición mañana de 13.00 a 19.00, con entrada libre, en el Hotel del Prado. Es obligatorio el uso de tapabocas para pasearse entre los 80 expositores del paseo de compras. Habrá DJ, espectáculos en vivo y una plaza de comidas montada en el parque.

Foto del artículo ''

Foto: Ricardo Antúnez, adhocFOTOS

Picnic en el Latu

Picnic Food Festival es una feria al aire libre que convoca foodtrucks, cocineros, productores y profesionales gastronómicos acompañados de plataformas de chill out, entretenimiento y actividades para toda la familia. Es este fin de semana, de 11.00 a 20.00, en el Centro de Eventos del Latu (Dra. María Luisa Saldún de Rodríguez 2037). Aunque es gratuito es necesario registrarse para asegurarse lugar: ticketuno.com/evento/picnic.

Un día de campo

Hoy a partir de las 17.00 en Margat (ruta 11, km 92,800) vuelve La Vasca, una confluencia de gastronomía, cervezas artesanales, mercadito, grafitería, música y poesía con entrada libre.