Los niños suelen ser máquinas devoradoras de contenido audiovisual. Hace unos años, cuando los niños éramos nosotros, si teníamos alguna película de Disney en VHS, ese casete era reproducido una y otra vez hasta que apenas se divisaban la princesa, su animal de compañía y el interés romántico.

La llegada de las plataformas de streaming, así como la cantidad de material disponible en Youtube (entre videos de supremacistas blancos), hizo que los niños de la actualidad tengan un menú gigantesco a la hora de ponerse a ver “dibujitos animados”. Aun así, terminan sabiéndose las canciones de memoria... y sus padres también.

Así que hay que estar atentos a cualquier nuevo lanzamiento de Netflix. Es es caso del film Animal Crackers, traducida correctamente como Galletas de animalitos. Presentada originalmente en 2017 en el Festival de Animación de Annecy, recién tuvo su estreno en Occidente hace pocos días, gracias a Netflix.

La historia no es muy compleja, aunque abarca varios años en la vida de los integrantes de un circo. Todo comienza con dos hermanos, hasta que el amor los separa y separan sus caminos en el mundo del espectáculo circense. Ya en el presente, un sobrino de ellos recibe una caja mágica y deberá utiliza esos poderes para encauzar el negocio familiar.

En la caja, por supuesto, hay galletas. Cuando nuestro protagonista come una galleta con forma de león, se transforma temporalmente en un león. Y todo así.

Galletas de animalitos busca ser una película de Pixar o Dreamworks y se queda a mitad de camino. Tiene números musicales, un plantel de voces envidiable (incluyendo a Sylverster Stallone como el Hombre Bala) y muchísimo humor de golpe y porrazo. Pero no llega al altísimo estándar por el que solemos ir al cine y dejar una fortuna en pop y refresco.

Los puristas de la animación descubrirán que los pelos y las pieles de animales no se mueven de manera tan fluida y que la gran revelación del tercer acto está telegrafiada, pero los más pequeños tendrán la posibilidad de entretenerse durante 105 minutos y reír con cada eructo o cuando alguno de los malos recibe su merecido.

Eso sí, durante los créditos de cierre los padres o tutores tendrán que explicarles a los niños por qué está bueno que los circos hayan dejado de tener animales. Aunque eso signifique revelarles que las galletitas mágicas no existen.