“Voy a escribir sobre mis hijos sufriendo, voy a escribir sobre mi padre muriendo, pero no por eso mis hijos van a sufrir, no por eso mi padre va a morir. Los hijos siempre terminan sufriendo, los padres siempre se terminan muriendo. Además, ¿qué mejor lugar para sufrir que el papel?, ¿qué lugar mejor que el papel para morir donde uno puede morir para siempre?”, dice el escritor Daniel Mella en el prólogo incluido en el librito (virtual o físico) de Negro, de Danteinferno.

Luego, bajan siete textos y siete dibujos de siete canciones de aceptación, dolor y enfrentamientos. En “Ir”, la canción que abre su quinto y excelente nuevo disco, primero amagan con uno de sus vicios sónicos y luego engañan con una melodía optimista mientras Pancho Coelho canta: “Ir, irse mal, partir el tiempo por la mitad”, y luego: “Sentí un empujón y volé, aprendí a aterrizar de nariz”, sin dejar dudas sobre el destino y la suerte del protagonista de su poesía, del principio al fin del álbum.

Martín Recto, ferviente fan de The Stooges, baterista y productor del grupo, tiene otro que se llama Chino, pero Danteinferno es el que lo desvela. Hablará muchas veces sobre “el sonido”, un mantra adherido a cada una de sus acciones, y sobre Andy Adler, que no demora en aparecer en su relato, como si el influyente músico aguardara en silencio, tratando de pasar desapercibido, recostado hacia atrás en una silla cercana y pronto para aplicar su verdad con serenidad cuando la situación lo amerite.

Por ejemplo, sobre la producción de Negro: “A nosotros nos pasa que el sonido nos importa. Descartamos cosas. Hicimos muchas capas, le dedicamos mucho tiempo. Después empezamos a sacar en vez de poner. Me parece que es un disco bastante denso en cuanto a información, hay mucho para descubrir, pero al mismo tiempo la idea está desde un primer momento, no es música misteriosa”.

Mientras tomamos el café más barato y le pregunto sobre bateristas y bandas de los 90, la flora y la fauna del noise uruguayo sale de su melena fuera de época, parecida a la de Nico Barcia o la de Gabriel Barbieri en sus mejores-peores años. Sin casualidad, Martín lleva el pin espiritual de la incomprendida banda con orgullo. “Yo vengo de una generación de músicos que se identificó con Chicos Eléctricos. Lo que hacían traía una información para la que no estábamos preparados. Los toques en Amarcord eran una locura”, recuerda para comenzar a explicar de dónde viene la música –y la búsqueda– de Danteinferno.

“Pancho es un esteta. El guacho maneja un sonido muy particular y muy fino desde siempre. Cada una de sus canciones es una propuesta sonora”, dice sobre su compadre, el cantante y guitarrista de la banda, al que descubrió en el pub Perdidos en la Noche al frente de los míticos Pompas: “Yo era amigo de Martín Sierra, que era el baterista de Pompas, un tartamudo que toca como habla, un baterista increíble. Una vuelta estaba con Andy Adler y Juan Sacco [de La Hermana Menor y Chino] y los fuimos a ver. Cuando los descubrimos fue como una bocanada de aire fresco; aquellas letras psicodélicas... Era una demencia lo que hacían. Una mezcla de Frank Zappa con algo más glam. Bien sapos de otro pozo, y del oeste. Yo había estado ensayando con Buenos Muchachos y La Hermana Menor, y quería armar mi banda. Le pedí a Martín que me pasara el contacto del Colo [Eugenio Amen, guitarrista de Pompas] y me dijo: ‘Bo, al que tenés que agitar es a Pancho’”.

Cinco discos después de conocerse y hacerse amigos con facilidad, de viajes por Brasil y Chile, Martín y Pancho, junto al bajista Javier Gerfauo, siguen apostando a la energía que desprende un power trío: “Cuando, luego de un impasse y cambio de bajista, pensamos en volver a juntarnos, la visión fue tener una base sólida, poderosa, estable, y que Pancho, arriba, pudiese ir y venir en eso más esquizo que hace él, con las melodías de voz y sus guitarras. Esa idea sigue estando”, cuenta, al tiempo que reivindica bandas heroicas y colegas como Dinosaur Jr. y Sebadoh.

Foto: Alessandro Maradei

Foto: Alessandro Maradei

“Estuvo tremendo, un sonido increíble”, vuelve Martín cuando quiero saber más sobre un concierto de Neil Young que vio en Nueva Jersey gracias a una invitación de Mella: “Daniel es un amigo mío de guacho. Cuando estuvo en Nueva York, ni bien hizo unos mangos me invitó a ir para allá. Los dos somos profesores de inglés, nos conocimos en el Anglo de la Costa. Siempre participa en el proceso de creación de nuestros discos. Es como el chamán de la banda”.

Además del prólogo, la voz de Mella se escucha en “No miro más”, otra de las canciones de Negro: “Fue una idea de Pancho. En vivo ya estábamos metiendo poemas de él, y pensamos en hacer algo original para este disco. Para esa canción, que tiene dos partes, nos fuimos a un bar a charlar, dirigimos un poco sobre qué íbamos a hablar, y grabamos con un celular, con esa idea que tienen algunos escritores de que lo que se escribe se puede volver realidad. La parte B que hace Pancho es una especie de respuesta a esa parte A de Daniel”.

En las canciones de Danteinferno aparecen –además de las que ya nombraste– algunas bandas muy representativas de un sonido que tuvo su mayor auge a principios de los 90, como Mudhoney, o Nirvana, que es parte de la letra de “Leche y miel” en este nuevo disco. ¿Cómo te parece que envejeció ese sonido?

Es difícil, porque en el medio está la significación que vos le das algo que curtiste contemporáneamente. Yo escucho el Dirty de Sonic Youth ahora y me parece un discazo.

¿Qué otro disco influyente en el sonido de ustedes envejeció bien?

El Locust Abortion Technician de Butthole Surfers es fundacional. Es como que traen todo lo psicodélico pero con esa revisión más texana, más acida, más reventado que Grateful Dead, como que de alguna manera continuaron el legado de la psicodelia pero le dieron una impronta mucho más abstracta. Me pasa lo mismo con cosas más viejas, como Velvet Underground. Hay música que por su propuesta estética toma un nivel que logra trascender lo temporal.

¿Y ahora qué escuchás?

Sonic Youth, Dinosaur Jr., The Stooges, Melvins, Yo La Tengo, bandas que sigo desde guacho. Pero también me gustan los Death Grips. Son tres flacos, es como un rap medio noise. Y sigo escuchando Shellack.

¿Tus bateristas preferidos?

Steve Shelley, de Sonic Youth, un referente muy fuerte; toda la abstracción de Sonic Youth se forma a partir de lo concreto de su ritmo. Mac McNeilly, de The Jesus Lizard; la irregularidad de sus ritmos tocada con una convicción heroica. Bill Rieflin (Ministry, Robyn Hitchcock, R.E.M.). Lo elijo por su clase y su versatilidad; es un tipo que todo lo que hace es bello, desde los ritmos maquinosos industriales hasta los arreglos pop muy sutiles. Y Todd Trainer, de Shellack, parte de un trío perfecto. Sus composiciones rítmicas con el sonido registrado por Steve Albini hacen de esta banda un bocatto di cardinale.

¿Cómo encontraron el sonido de Danteinferno? A lo largo de su discografía hay algo bien reconocible y constante.

Para nosotros el respeto por el sonido es fundamental. Eso lo aprendí con Andy Adler. Acá no hay mucha cultura de eso. Es como “bo, lo que hacés cuidalo. No es enchufar y sonar: ponele tu impronta”. Es un carácter, una propuesta; que lo que vos hagas, de alguna forma, te identifique, tenga que ver contigo, que haya una búsqueda. ¿Ustedes fueron al concierto de Thurston Moore en La Trastienda? ¿Vieron lo que era? Parecía que el loco no era músico sino escultor; era matérico, sentías que te tocaba el cuerpo. Esa sensación me interesa mucho, la materia a partir del sonido.

Es indudable la influencia de Andy Adler en varias generaciones de músicos, y vos no hacés más que confirmarlo. Ya me dijiste bastante, pero me interesa saber más sobre qué era exactamente lo que intentaba transmitir Andy sobre la construcción del sonido en la música.

Lo hablé mucho con él. Cuando tocás con otros hay algo que te trasciende, no es lo que vos imponés. Hay algo en la composición tímbrica, en la composición sonora de cada instrumento. Así fue como calzó Javi [bajista], que tiene un sonido alucinante, en lo que queríamos hacer. Me parece que hay una parte de experiencia, de búsqueda; vos vas probando qué querés transmitir, y después hay una parte de intuición, algo más trascendental, es como una información que te baja y de alguna manera tenés que ver qué hacer con eso, cómo lo sacás para afuera.

Y ahora, ¿a tocar el disco en vivo?

Parece que sí. Tenemos que ver cómo vamos a tocar estas canciones. A nosotros no nos interesa lo de sonar igual que el disco. Eso es Notevagustar, que mete 70 pistas abajo. A mí personalmente no me interesa, no porque esté mal o bien, es una elección estética.

Negro, de Dante Inferno, editado por Post Post Records, está disponible en Youtube y Bandcamp. Para hacerse con el disco en formato físico se puede escribir a las páginas de Facebook o Instagram de Débil Records, o buscarlo en Ayuí Discos o en las librerías La Lupa y Escaramuza.