Hay algo del universo vegetal que atrapa. La mansedumbre callada con que traspasa el duro cemento y prevalece. Vence obstáculos. Se retuerce buscando el agua en la tierra seca. Crece entre las baldosas y florece. Se levanta en forma de pequeños arbolitos imposibles en una azotea. El vegetal es tenaz e invencible. Esa fascinada comprobación subyace a la muestra Herbario: oda a las malas hierbas, que Federico Ruiz Santesteban expone hasta el sábado 26 de setiembre.

Ruiz es fotógrafo y arquitecto, y desde 2019 está al frente de Espacio Hiedra, un centro cultural en el que se dan cita e interactúan diversas propuestas vinculadas al arte –fotografía, coro, teatro, historia del arte, plástica– en el lugar que antes cobijó a la recordada biblioteca y taller para niños Gato Peludo, en el barrio La Blanqueada.

Herbario: oda a las malas hierbas se enmarca en un lugar equidistante entre distintas inquietudes que Ruiz lleva consigo –“rumia”, dice él– desde hace un buen tiempo: la fotografía, la experimentación en formas alternativas de revelado con materiales sustentables, el vínculo con el entorno, la construcción y la modificación del paisaje. Esta exposición sigue la línea sucesoria trazada en trabajos anteriores: “El primer trabajo de este tipo fue El extraño caso del jardinero, que empecé a exponer en redes sociales en 2012 y se expuso en el Espacio de Arte Contemporáneo en 2016; después, en 2019 expuse Playeros en el Centro de Fotografía, en la que seguí trabajando en procesos alternativos pero no con clorofila, sino con una emulsión fotosensible que hice a partir del agua de la playa de Lagomar; más allá de que la técnica no es la misma, forma parte de un eje de trabajo enfocado en estrategias de revelado alternativo vinculadas con mi entorno”.

Por otra parte, explica: “Las técnicas que utilizo no incluyen tintas ni químicos: es la reacción de la clorofila y otros pigmentos fotosensibles que están en las plantas. En este trabajo el desafío fue construir esas asociaciones a modo de papeles o soportes fotográficos”.

Quién invade a quién

En ese trayecto tiene bastante que ver el lugar donde habita: Ciudad de la Costa. A partir de la década de 1980 el paisaje de pinos de ese encadenamiento de balnearios sobre la costa del Río de la Plata se fue urbanizando, en la medida en que numerosos montevideanos encontraban allí una alternativa para mudarse. Ese crecimiento sin medida ni planificación ha sido motivo de debate y preocupación, y es una de las cuestiones que inquietan al autor desde siempre. Malas hierbas. Yuyos. Maleza. En su “belleza poética y conceptual”, según describe Ruiz, esas hierbas que crecen por ahí, que se niegan a ceñirse a límites, ponen el acento, al abordar el espacio en cuestión, en quién invade a quién.

“Definitivamente, mi formación como arquitecto atraviesa este tema, que ya venía desde antes, pero redobla y toma otras capas cuando entro a la facultad. Ya entonces lo que estaba pasando en esta zona era un tema que estaba en debate: como algunas decisiones de urbanismo y planificación que se proponían controlar la mancha urbana de Montevideo habían tenido como consecuencia que no creciera hacia las zonas rurales del departamento pero explotara hacia los bordes, hacia afuera, en particular hacia Ciudad de la Costa y Rincón de la Bolsa, en el departamento de San José”, comenta el autor.

Y se explaya: “Hubo acciones para contener el colapso, quizá solamente enfocadas en lo vial y en el saneamiento, pero en el medio quedaron cosas muy importantes, como la identidad natural de este lugar, que es una coexistencia de acciones entre el hombre y la naturaleza. Me refiero, por ejemplo, a las primeras plantaciones de la década de 1920, que hicieron que se contuvieran las dunas y de esa manera creciera El Pinar; a los grandes sistemas de dunas y los lagos producto de las primeras canteras; o al lago de Lagomar, que es producto del diseño urbano de [Román] Fresnedo Siri... Se trataba de una construcción sinérgica entre el hombre y la naturaleza que hoy la ciudad genérica se ha devorado, por lo que hemos perdido particularidades: muchos de los lagos están con niveles de contaminación muy grandes, incluso algunos están tapados en gran parte de su área; el sistema de dunas de Lagomar ya no existe porque se eliminó en los 80 para hacer una ampliación de la avenida Giannattasio, y podría seguir mencionando ejemplos. Esto continúa: con las últimas modificaciones del Costaplan se habilita la construcción de edificios de gran altura en la zona, y se estima que se podría llegar a 20% más de población”.

La vuelta a lo analógico

Una de las cosas que maravillan de esta muestra es el regreso de la maleza a la maleza, por un camino inesperado. Ruiz acota que las imágenes son capturas que hizo con el celular que suele llevar consigo, y que luego experimentaron una migración hacia lo analógico.

Foto del artículo ''

“La vertiente mágica y alquímica de los procesos de revelado es una de las cosas que me llevaron a intentar encontrar puentes entre la accesibilidad de la fotografía digital contemporánea y esa variable onírica. Hace ya unos diez años que empecé a buscar estrategias para volver a revelar, pero partiendo desde las fotos digitales y permitiéndome colocar lindes, colocar bordes a esas búsquedas: hacerlo desde un lugar económico, sustentable y que tuviera que ver con el entorno en el que habito, con la accesibilidad de los elementos, ya que en Uruguay a veces se nos hace difícil conseguir determinados insumos”, cuenta.

Sobre este trabajo que, a los ojos de esta neófita, se adivina absolutamente fascinante, comenta: “Cuando empecé a trabajar con esta técnica había muy pocos antecedentes y muy poca bibliografía, por lo tanto es todo producto de ensayos y errores constantes, porque no todas las especies de plantas reaccionan y no todas lo hacen de la misma manera. Entonces, casi en paralelo con intentar aprender y sumergirme en el mundo de estas plantas consideradas invasoras, malezas, había que descubrir cuáles reaccionaban para hacer procesos fotográficos y de qué manera lo hacía cada una. Ahí hay otra capa de experimentación total, que tiene que ver también con celebrar la memoria del material: todo ese bagaje poético e histórico que trae consigo como cuerpo. Un anhelo en mi búsqueda es seguir, continuar ese camino preexistente, inherente en este caso a estas plantas que nacieron y vivieron en esas cunetas, baldíos y vacíos urbanos de la actual Ciudad de la Costa”.

Sobre esos escasos antecedentes en los que se apoyó su búsqueda cita en primer lugar al fotógrafo inglés del siglo XIX John Herschel, “un investigador muy importante en la historia de la fotografía, el inventor del cianotipo y de la antotipia como búsqueda, es decir, la experimentación con la fotosensibilidad natural, con pigmentos naturales”. Da, además, algunos ejemplos contemporáneos: “Un dúo de artistas ingleses, Helen Ackroyd y Dan Harvey, que trabajaban con superficies de pasto, y un vietnamita, Minh Dang, que experimentaba con la antotipia”. “Más allá de que la fascinación con la fotosensibilidad natural es tan vieja como la humanidad misma, al darnos cuenta de que estamos recubiertos de una superficie fotosensible como es la piel”, puntualiza.

La creación de un jardín

No es casual que esta muestra se exponga en el Museo Zorrilla. Y no lo es porque la casona está rodeada de un enorme jardín que acoge a parte de la muestra y termina de darle sentido, en otra vuelta de tuerca.

“El jardín del museo fue también inspiración de una de las fases de la muestra”, explica Ruiz. “Fue construido de manera terca y porfiada por Zorrilla, luchando contra las inclemencias del tiempo y temas geográficos del espacio. Todavía habitan allí muchas de las plantas que él plantó, por eso me parecía importante que varias de las piezas salieran y convivieran en ese entorno. Las plantas, las malezas, las malas hierbas y los yuyos que forman parte de la muestra también buscan terca y porfiadamente seguir brotando. Estas piezas, al estar a la intemperie, van a estar en constante mutación, ya que el sol y la humedad van a accionar sobre ellas, y el final, como termine cada una, es tan incierto como los tiempos que estamos habitando”, reflexiona.

Herbario: oda a las malas hierbas en el Museo Zorrilla (José Luis Zorrilla de San Martín 96), de lunes a viernes de 14.00 a 19.00 y los sábados de 11.00 a 16.00 (los sábados hay visitas guiadas a partir de las 11.30).