“Voy atravesando mis recuerdos / llenos de lluvia y autocompasión. / Los jazmines y las madreselvas, / flores secas de un entierro. / De pronto, un zumbido me hizo volver aquí, / así es mi cabeza amarga / que se pierde por ahí”, canta Alberto Mandrake Wolf en “Cabeza amarga”, una de las canciones incluidas en Sortilegio, el nuevo disco que lanzó con su grupo, Los Druidas, el sucesor del homónimo álbum debut, de 2017 (por ahora está disponible sólo en Spotify, pero más temprano que tarde llegará en formato físico).

Mandrake tiene mucho de perderse por ahí en una entrevista: nunca se sabe para dónde va a disparar su respuesta, sea en broma o en serio. Pero donde seguro no se pierde es en el escenario. Hoy a las 21.00 en Sala del Museo el músico se presentará con su banda (entradas por Abitab), aunque luego de charlar con la diaria queda claro que no es suya sino un proyecto cada vez más orgánico y horizontal. Sobre esta y otras cuestiones conversamos con Federico Anastasiadis, baterista del grupo, y Mandrake, la persona y el personaje.

Federico Anastasiadis (FA): Salió un tema que no tenía voz y nos gustó cómo quedó. Si había un lugar para ponerlo en el disco era al principio, para que funcionara como una introducción, porque tanto en el álbum como en el escenario te mete en un clima. El espíritu y el ambiente del disco están bastante representados en ese tema, por más que no tenga letra y haya algunos aullidos.

Mandrake Wolf (MW): Nosotros pensamos los discos a la vieja usanza, como un todo; incluso en la duración, como si fuera un vinilo. Porque en una época me cansaron bastante los discos de 18 canciones. Me parece que era una inmadurez del compositor o del grupo: “Mirá que tengo esto y esto”, en vez de hacer una cosa concreta. Pero bueno, a Songs in the Key of Life [1976], de Stevie Wonder, no hay con qué darle, por ejemplo. En una época se hacían discos muy largos y ahora la gente no tiene tanto tiempo como para escuchar un disco doble. Ni siquiera sé si tiene tiempo para escuchar un disco de media hora, como este.

Hablando del sonido del disco: me pareció, comparándolo con el anterior, que tiene más arpegios y se forman más espacios, eso le da soltura.

FA: Ya desde la composición hay una cosa distinta, porque en el primer disco la mayoría de las canciones eran las que Mandrake tenía, y de repente se formaron Los Druidas y calzaron con ese sonido, más algún tema que se agregó sobre la marcha. Pero para el nuevo disco son temas que él hizo con este sonido y esta banda en la cabeza, con casi cuatro años de rodaje tocando juntos.

O sea que ahora es más banda que antes.

MW: Nos conocemos mucho más. El primer disco funcionó, y teniendo esa alquimia y forma de entendernos entre los cuatro, las canciones me salieron para esta banda. Y a la vez también buscamos que haya más atmósfera en las canciones; lo que decís tú, que esté el diálogo musical, que haya silencio.

En eso de los silencios, las dinámicas y las atmósferas encontré algunas similitudes con el sonido de Buenos Muchachos, más allá de que compartan bajista (Ignacio Echeverría), sobre todo en el tema instrumental.

Foto del artículo 'Cabeza amarga: con Mandrake Wolf y Federico Anastasiadis, de Los Druidas'

Foto: Alessandro Maradei

MW: Somos grandes amigos, hemos compartido shows con ellos, son tipos a los que les tengo un gran aprecio y respeto musical. No creo, pero capaz que sí, ojo. Me llamaba la atención lo que hizo Pedro [Dalton] a nivel de letras, por ejemplo, que mezclaba el inglés con el español, y en este disco le afané un poco. También es el lenguaje de ahora. Siempre me acuerdo de un día que iba caminando por la calle y de repente vi que en una vidriera decía “sale”. Dije: “¿qué sale?”. Estaba esperando que saliera un camión, un camello, yo qué sé, y después dije “claro, sale”. De a poco se ha ido angloparlantizando nuestro idioma y Pedro fue uno de los primeros que fueron por ahí.

FA: No fue buscado, pero después de escuchar el tema le puedo encontrar esa conexión. Incluso Guillermo Berta [ingeniero de sonido que realizó la mezcla del álbum] cuando lo escuchó dijo que le hacía acordar, pero no fue algo intencional, porque también es un terreno que a la banda le queda cómodo. En la concepción del tema mi referencia estaba más en Pink Floyd, pero localmente también capaz que los Buenos Muchachos tienen una veta ahí.

MW: Pero también capaz que te saco totalmente de la cabeza y te digo que el instrumental “Los lugares queridos” tiene más que ver con “El tordo” o “El palo bembé” de Mateo, que son mis raíces. Pero, claro, electrificado capaz que no se nota mucho.

Excepto por la canción “Fetal”, que tiene letra de Jorge Nasser, todas las canciones del disco fueron compuestas por Mandrake. ¿Por qué no se abre la cancha para los demás integrantes de la banda?

MW: Nunca se ha planteado, capaz que yo vengo con las cosas muy hechas. Pero quién te dice en el futuro... No ha pintado.

FA: Naturalmente se da así porque Mandrake tiene mucho tiempo de ocio y compone mucho. Él trae la armonía, la melodía y la estructura básica, la instrumentación se va dando 100% en la sala.

El primer corte de difusión del disco fue “Están pasando los días” y en el álbum anterior estaba “Estos son los días”. ¿Tenés una obsesión con ese período de tiempo?

MW: No, en verdad la idea del toque era que aparezca una familia Días, que se queda en el escenario. Entonces, digo “están pasando los Días y estos son los Días”, y después los presentamos. Es un acting que teníamos, pero no lo podemos hacer por los protocolos.

En un año y poquito vas a cumplir 60. ¿Cómo te llevás con esa cifra?

MW: Mientras que esté bien... Pero las cifras asustan. Ahora me tocaba vacunarme y no me enteré. Yo no miro la tele y en la Sport 890 no dijeron nada.

En “Están pasando los días” hay una dualidad vocal entre un Mandrake que canta rabioso y otro más melódico y agudo en la parte un poco más esperanzadora de la canción.

MW: Eso me hizo acordar de un recurso de los Who, que tienen esa jugadita que Pete Townshend está en una furia tremenda y de repente sale con una parte luminosa. Es un afane grande a Pete.

Seguís escuchando todo eso, obvio.

MW: Sí, y cada vez es peor.

FA: Yo no tengo problema porque escucho eso mismo, es mi base musical, entre los 60 y los 70.

MW: Tiene los mismos discos, por eso tocamos juntos. No fue que yo quise aggiornarme ni que ellos quisieran envejecerse sino que escuchamos lo mismo.

FA: Y no desde un lado esnob, sino que es lo que yo ya escuchaba naturalmente antes de conocerlo a él. Para mí es natural porque también con mis amigos compartimos el mismo gusto. Entonces, hablo de Canned Heat o de los Who con mis amigos o con Mandrake.

¿En la canción “Cabeza amarga” hay algo autobiográfico? ¿Sos de perderte por ahí?

MW: Sí, puede ser, pero en verdad lo que estuvo bueno de la letra fue que un día fui a pescar a Paso Severino y saqué un cabeza amarga, me encantó el nombre. ¿Cómo nadie escribió un tango titulado “Cabeza amarga”? Es increíble que un pez se llame así. Fue un poco por ahí, a partir del nombre.

¿Tenés el hábito de pescar?

MW: Es una afición que adoro. Me gusta comer pescado, por supuesto, y componer canciones es como pescar: tenés que tirar varios reeles. Yo siempre estoy haciendo varias canciones a la vez; de repente tiro unos reeles a lo hondo, después uno a media agua y otro con boya. Así van saliendo distintos tipos de canciones. Además, a veces las canciones no las saco de un tirón, estoy con todas las líneas y de repente: “Me está picando en esa”, y trabajo ahí. Así es mi oficio de escribir canciones.

¿Cuántos te dijeron ya que toda esa cosa apocalíptica que describís en “Están pasando los días” habla de la pandemia, aunque la hayas escrito antes?

MW: Mucha gente habló de eso. Pero fue mucho antes: yo veía que se venía Bolsonaro y toda esa cosa rara, y se vino todo junto. No pude prever el coronavirus, pero casi, casi... Tuve la suerte de que estaba con mi familia en casa, tranquilo, y tenía una plata ahorrada, pero fue fuerte. A nivel convivencia no fue fácil para nadie.

¿Ya están armando canciones para un posible tercer álbum?

FA: Hay planes de un próximo disco, porque grabamos este en febrero [de 2020] y en seguida vino la pandemia. Empezamos a trabajar la mezcla, estuvimos un tiempito sin ensayar y cuando empezamos de vuelta, como las perspectivas de tocar eran tan lejanas, Mandrake tenía temas nuevos y estaba componiendo lo que él denominó una “suite”, un montón de temas enganchados de alguna forma uno con otro. Estamos con eso, tenemos cinco o seis temas, termina uno y se desarma o engancha con otro. Hay uno que estamos tocando en vivo, lo ideal sería grabarlo a fin de año o principios del año que viene.

Foto del artículo 'Cabeza amarga: con Mandrake Wolf y Federico Anastasiadis, de Los Druidas'

Foto: Alessandro Maradei

Pero la gente precisa un tiempo para escuchar el disco nuevo que salió hace poco.

MW: A mí me gusta que cuando sale el disco se vaya paladeando, porque hay que tomarse un tiempo para escuchar la música. Los que somos fans de la música sabemos que tenés que estar metido para escuchar un disco. Ahora con esto del formato digital salen 90.000 discos. Conozco gente que tocó cuatro o cinco veces en su vida y ya tiene diez discos grabados, es una carrera bárbara. Un disco ayuda para mover la banda, para que toques. Una vez un productor habló del disco como “el producto” y yo me le reí en la cara, pero después me di cuenta de que tenía razón, porque es una forma mercantil de vender la música, de entrar en la industria del entretenimiento. En una época de repente escribías una canción para alguien muy famoso, vendía muchos discos y hacías mucha plata.

Vos arrancaste en una época en la que para grabar un disco había que ir a golpearle la puerta al sello Orfeo e insistir; ahora hay más posibilidades, sin depender de empresas discográficas.

MW: Ahora cualquiera graba y está todo bien, pero ¿qué pasa? Eso jodió mucho a los músicos que viven de la música, porque cada vez cobramos menos plata de derecho de autor y de derecho de intérprete. Es muy libre todo, podemos grabar el disco acá en casa, es mucho más barato, pero también lo que vuelve es muy poco.

Pero hacer música en Uruguay pensando en hacer mucha plata es una utopía.

MW: Por supuesto, si vas por ese lado te equivocaste de camino. Hay que pensar que es un oficio y te tenés que entregar en cuerpo y alma a él, y agradecé cuando tenés un plato de comida y un techo. Eso te lo ganaste tocando y grabando, es un valor enorme para mí; o que una canción tuya haya gustado mucho y otro intérprete la cante, pero es el día a día.

¿Pensás que a veces se infravalora el trabajo del músico? Por ejemplo, se pueden dar situaciones en las que los “contraten” para tocar sólo a cambio de comida o unos tragos.

MW: Yo nunca hice eso y la gente que admiro tampoco, salvo que estés muy necesitado. Uno tiene que hacer valer lo que hace. Nosotros, por ejemplo, estuvimos en contra del streaming porque ¿a quién le estábamos dando plata? ¿A plataformas como Facebook? Tampoco entendí nunca a los artistas que van a tocar gratis a tal lado porque “nos va a conocer la gente”. A muchos les fue bien, pero a mí nunca me gustó hacer eso, estás regalando un oficio.

Hablaban de que ambos escuchaban la misma música. Vos, Federico, ¿solías escuchar la música de Mandrake antes de tocar con él?

FA: Sí, para mí era un referente antes de conocerlo. Pero cuando empecé a profundizar en su música primero me copé con el disco Primitivo [1993], porque de algunos discos de Los Terapeutas no me gustaba mucho el sonido, o yo estaba en otra época y escuchaba otra música, pero en ese disco encontré una pata, y ya escuchaba a Mateo y cosas así. Después empecé a escuchar a Los Terapeutas y justo coincidió con la época en que empezamos a tener contacto.

Mandrake tiene un aura de personaje. ¿Cuánto hay de eso luego de que lo conocés?

FA: Para mí hoy es un amigo. Hay mucha gente que me dice: “Bo, qué ficha el Mandrake”, pero yo tengo amigos que son tan ficha como Mandrake o peores. Es divertido, y Los Druidas es una banda que funciona horizontalmente, ninguno siente que está tocando “en la banda de Mandrake”, sino que la compartimos. También las opiniones sobre las canciones o sobre lo que tocamos las tomamos horizontalmente. Sí creo que la personalidad de él, el sentido del humor y esa energía que es siempre para arriba y adelante contagia positivamente a la banda.

MW: Me da para atrás y después me da para adelante. ¿Viste?

FA: Eso es lo que hacemos los amigos.