Ignacio Alcuri: No es que esta clase de reseñas compartidas sean grandes eventos, pero solemos reservarlas a series que se enriquecen por un par de miradas, o que pueden ser abordadas desde diferentes ópticas. Me pareció que Andor era un ejemplo perfecto, pero esta conversación casi no se produce porque... bueno, porque la serie es un poco lenta. ¿Querés que empecemos hablando de esto, que es quizás el mayor obstáculo?

Rodolfo Santullo: Comencemos por ahí, sí, y empiezo con una confesión: Andor arranca dos a cero abajo. Primero, porque se trata de OTRA precuela, esa necesidad enfermiza que ha desarrollado Star Wars –quizá su propio fandom, no lo sé– de tapar hasta el último agujero narrativo posible, revisar cualquier posible casillero donde encontrar la próxima franquicia exitosa y redundar una y otra vez en lo que ya sabemos. A priori, la historia del tercero en importancia de Rogue One: una historia de Star Wars (Gareth Edwards, 2016) no tenía, para mí, el menor interés. Y segundo, lo que vos decís: los dos primeros episodios son de una austeridad –por llamarlo de alguna manera– terrible. No pasa gran cosa, no se plantea gran cosa y se promete todavía menos. Entre el episodio 2 y el 3 dejé pasar varias semanas y casi abandono.

Ignacio Alcuri: No me gusta ser de esas personas que dicen “esperá, que a partir del quinto (o del sexto) episodio se pone buena”, pero sí me gusta advertir. Tengan paciencia. La serie se toma un rato, un buen rato, para ir situando las piezas sobre el tablero, como esos juegos de mesa para adultos en los que estás una hora aprendiendo las reglas, pero cuando tirás los primeros dados es pura diversión. Creo, no participo en esas actividades. ¡Volviendo a la serie! La premisa, la primera pieza del tablero, es un integrante de la rebelión interpretado por Diego Luna. Pero como la serie es una precuela, lo conocemos como un tipo más preocupado por salvar su pellejo en medio de una dictadura galáctica. Y utilizo el término “dictadura” porque el tablero acá tiene casilleros bien blancos y bien negros.

Rodolfo Santullo: Y eso es lo que, probablemente, la vuelva en definitiva tan interesante: ser una serie adulta, de personajes grises. No es “adulto” lo primero que uno piensa cuando tiene Star Wars en mente, y ahí está lo novedoso de Andor: ir en esa dirección, algo que la saga no había hecho nunca de esta manera. Y para eso es que todos sus personajes son tridimensionales, desde el protagonista –que tiene muy poco de héroe–, pasando por el ideólogo de la rebelión –para mí, el verdadero personaje principal de la serie: el Luthen de Stellan Skaarsgard– hasta llegar a los antagonistas, que también tienen su propio espacio de desarrollo. Es una serie que, como vos bien decís, se toma el tiempo de construir a todos, y luego los pone a interactuar.

Ignacio Alcuri: Que no parezca que no ocurren cosas interesantes al comienzo; no quiero que la gente abandone los juegos de mesa. De hecho la serie rápidamente nos muestra los comienzos de una rebelión que todavía no estaba tan bien organizada. Sería impensado imaginar un ataque a la Estrella de la Muerte con tan poca coordinación. Pero también, y esto apenas si lo había mostrado Rian Johnson en su (para mí) magistral Episodio VIII, es mostrar un poco más de la clase alta del Imperio. Clase alta que, en este caso, se planta contra el gobierno totalitario, pero debe hacerlo desde las sombras. Ahí está Luthen y también Mon Mothma (Genevieve O’Reilly), personaje “conocido” entre los fanáticos, pero que funciona entre los neófitos.

Rodolfo Santullo: Polémico el coescriba con sus elecciones de cosas magistrales. Bueh. Es que creo que en Andor hay una apuesta al realismo y a un tipo de estructura en “arcos”. Lo primero se nota hasta en cómo está filmada: en estudios abiertos y con efectos prácticos –lo que se nota y hace mucho bien– y lo segundo es lo que potencia el seguirla viendo. El primer arco es el reclutamiento de Andor; luego viene el asalto a la guarnición de stormtroopers –quizá el mejor momento–, luego la fuga y, por último, el clímax. Se nota la apuesta de su creador, Tony Gilroy, a la hora de construir un aspecto del universo y una lógica que hasta ahora no te digo que brillaba por su ausencia, pero no ocupaba un lugar de importancia: entender que una dictadura como la del Imperio y una rebelión como la que se gesta en su contra no funcionan de manera simple. Por eso, la burocracia de los villanos, la construcción compleja del levantamiento en su contra, etcétera.

Ignacio Alcuri: Fueron muchos años de villanos con estética cool y juegos que te dejaban ser parte del Imperio, hasta que la gente se fue olvidando de que eran los malos de verdad. Creo que el momento en el que la serie más lo muestra es en la prisión –el favorito para mí–, donde se muestran las condiciones en las que están recluidos y las penas que cargan por los delitos más nimios. Sí, esta es una serie política, con gente convencida y otra que se va convenciendo. En ese sentido quiero rescatar (guiño no intencional) al personaje interpretado por Andy Serkis, que pasa sus días en prisión esperando el fin de su condena, y descubrirá la chispa de la revolución. Quién hubiera dicho que Disney iba a hacer una serie justificando ciertos tipos de terrorismo... ¿Habrán leído los guiones antes de firmar los cheques?

Rodolfo Santullo: Lo de Serkis es magistral, pero cabe admitir que vale para todo el elenco: desde Fiona Shaw –qué conmovedor su último monólogo–, pasando por los villanos que componen Denise Gough y Kylle Soller –¡hay una historia de amor entre villanos! ¿Cuán novedoso es esto?– hasta redundar en Skaarsgard. El momento en que le explica a un reluctante aliado todo lo que ha dado por la rebelión debería granjearle todos los premios posibles. Es una serie muy bien escrita, con frases como “estamos plantando árboles de cuya sombra nunca disfrutaremos”.

Ignacio Alcuri: Y por si no quedó claro, también está representado el costado imperial, a través de una de sus oficinas burocráticas de control galáctico. E incluso se muestra la vida personal de alguien cuyo principal objetivo en la vida es ser parte de ese organismo. Vemos cómo funciona la dictadora de Palpatine, vemos cómo piensan sus acólitos (que los habrá, los habrá), pero en ningún momento se justifica. Sin entrar en terrenos spoileríficos, ¿te parece que queda cuerda para cortar en una segunda temporada?

Rodolfo Santullo: Sí, porque me parece que nos queda ver funcionar de verdad a esa alianza rebelde que se ha ido forjando tan dificultosamente. Creo que esta primera temporada fue la iluminación de Andor, cómo entiende que hay algo por lo que vale la pena pelear, más allá de sí mismo. Ahora falta ver como eso crece hasta llegar al punto que todos conocemos, con la Estrella de la Muerte reventando en 1.000 pedacitos. Quién lo diría: bien escrito sí que vale la pena ver la historia del tercer personaje en importancia de Rogue One.

Ignacio Alcuri: Vamos a terminar creyendo eso de que no hay malos personajes sino malos guiones.

Rodolfo Santullo: Y...

Andor, con Diego Luna, Stellan Skarsgård y Andy Serkis. 12 episodios de unos 45 minutos. En Disney+.