El sábado 25 de enero de 2020, en el Club Los Titanes La Tuna (Canelones), fue la última vez que Buitres se subió a un escenario con público enfrente. Un mes y medio después, como todo el mundo lo sabe, vino la pandemia y al grupo se le frustró una gira que ya tenía armada. “Hicimos dos shows de streaming y nada más. Ya desde el principio decidimos no tocar hasta que las condiciones de los shows fueran parecidas a las que consideramos que tienen que ser”, dice Gabriel Peluffo, vocalista y compositor del grupo.

Como quien no quiere la cosa, pasaron más de 30 años de la formación de la banda –en seguida de la separación de Los Estómagos– y 13 discos de estudio, desde Buitres Después de la Una (1990) hasta Mecánica Popular (2019). También pasaron las modas, las subidas y bajadas del rock nacional, pero Buitres siempre siguió ahí. El jueves a las 21.00 la banda se presentará a cielo abierto en Parque Roosevelt y Peluffo dice que tienen la expectativa de seguir tocando luego de este show. También, que sabe que les picará el bichito de componer.

¿Cómo viviste estos dos años de abstinencia de shows?

Fue muy complicado, no nos gustó nada. A mí me afectó bastante, extrañé muchísimo y estuve ansioso por ver en qué momento se podía volver a tocar. Pasé por diversos estados de ánimo con respecto a ver si se podía tocar igual en un lugar chico, porque había otros artistas que se empezaban a mover. Pero en realidad me entusiasmaba y después me bajoneaba.

Hicieron un par de recitales por streaming, sin público, pero no tiene nada que ver.

Estuvo buena la experiencia y la verdad que los dos que hicimos fueron de calidad, uno para TV Ciudad en el Teatro Solís y otro para Direct TV. Salieron muy bien, estábamos en forma, tocando los temas nuevos; pero no tiene nada que ver. Es más, después del segundo dijimos “ta, no más streaming”. Yo me subí por primera vez a un escenario a los 17 años y la experiencia de que esté la gente ahí… He tocado para cinco personas y para 100.000, no es sustituible por otra cosa, aunque sea para tres o cuatro personas. En España nos pasó de presentarnos para público que ni nos conocía, o en Paraguay, en un festival enorme, y cuando conectás con la gente pasa algo fantástico.

¿Por qué te subiste al escenario a los 17 con Los Estómagos? ¿No había otra cosa para hacer o realmente querías eso?

Estábamos convencidos de que íbamos a conquistar el mundo, de que éramos la mejor banda de rock, de que los íbamos a pasar a todos por arriba e íbamos a convencer a toda esa gente que nos miraba estupefacta y paralizada de que valía la pena. Ver a Los Estómagos era una experiencia fuerte e inédita, como también lo fue ver a Buitres en la primera época. Para muchísima gente fuimos la primera banda de rock que vio en vivo en su vida y eso nos dio un poder.

Los últimos picos en los que recalamos en generaciones más jóvenes o en nuevas generaciones, que todavía escuchaban rock, fue con los discos Mientras [2003] y Periplo [2004], que, pese a ser un EP tiene tres o cuatro hits, es un infierno; y hasta Canción de cuna…, que es de 2007. A partir de ahí ya no recalamos en generaciones nuevas, y si captábamos público era de gente mayor. Me parece que a partir de Canción de cuna… nos empezamos a desligar de qué era lo que teníamos que hacer; entonces, en cada disco salió lo que salía, no hay muchas premisas con respecto al material a preparar. En general, atacás al disco anterior para tener un punto para empezar el proceso creativo, o sea, sos muy duro con el último disco, lo utilizás como reacción, como antídoto. Pero no fue necesario, porque con ese disco [Canciones de una noche de verano] no tuvimos unanimidades: a mí me gustó muchísimo, al Pepe [Rambao] creo que también, pero a Gustavo [Parodi] no le gustó nada. Entonces, ya había un punto de quiebre. Eso está bueno, porque dentro de la banda ya hay sensación de caos en el grupo creativo, ya no hay líneas; este [Mecánica Popular] fue sin líneas, si salió así, salió, y el próximo también va a ser sin líneas.

Capaz que a Parodi no les gustó justamente porque había algunas canciones más volcadas al pop.

Canciones pop tenemos en todos los discos y en este último también. Me parece que fue una cuestión del criterio de producción o por la injerencia de un productor internacional [Jimmy Rip], pero también el productor nos dijo “ustedes me trajeron estos temas”. Está muy enfocado hacia arreglos de guitarras acústicas. Después está la otra parte que son los textos, y en los textos estamos teniendo una libertad absoluta en cuanto a qué decir, y ellos me están dejando demasiado a mí. Pero yo no estoy reclamando el lugar, me lo dejaron.

A partir de Canciones de una noche de verano todas las letras fueron tuyas.

Prácticamente sí. Ahora le di una entrada a Orlando [Fernández], porque le dije “traé lo que sea”, después insistí mucho con Pepe y al final hizo una letra. Insistí con Gustavo también y no quiso traer. Pero es un lugar que ellos dejan, no es un lugar que yo quiero ocupar.

¿Por qué lo fueron dejando? ¿Se cansaron de componer después de tantos años?

Recuerdo que hace 20 años me peleé por esto. “Yo quiero hacer la letra”; “no, yo”… Cosa que me jugó en contra porque después venía la deadline y tenía que ir y decirle a Parodi: “Che, gordo, hacé una letra porque no puedo”. Yo soy muy honesto: te sale o no te sale, te entusiasma o no te entusiasma, si no, no puedo trabajar.

La letra de “Condenado el corazón” es de Rambao.

Sí, simplemente no podía resolver un par de frases, pero eso no es haber participado en la letra sino en el arreglo de la letra, que es distinto. Yo llevé una letra también al ensayo y cuando vi la de él la rompí…

¿Iba por ese lado tu letra?

No, nada que ver, era horrible, y la de Pepe es buenísima. Teníamos la ventaja de tener a tres tipos con un afán de crear, componer y escribir, y fuimos como una máquina de hits. Había tres tipos tirando ideas y con el tiempo se fue acotando. Los textos de ahora la virtud que tienen es que no están descolgados de la edad de los tipos que están tocando. Pepe ya no puede escribir “Condenado el corazón”.

“Santa Rosa”, del último disco, podría ser una canción de cuando tenían 20 años.

Pero “Santa Rosa” cuenta una historia real que pasó en 1985, en un baile de cumbia en el Santoral, al que yo iba con un amigo. La letra retoma la visión del encuentro 35 años después. Gustavo trajo ese tema al ensayo para trabajarlo, sin melodía. Yo trato de hacer todo lo posible por lo que trajo mi compañero, tengo que encargarme de la melodía y de la letra; es un taller y ahí se trabaja.

Hay una idea de anacronismo y de reconocerse como alguien anacrónico. En las tapas de Mecánica Popular te ponían el auto que volaba –el otro día lo volví a ver– y decían que en el año 2000 todos los autos iban a ser así. “En 2010 llegaremos a Marte y viviremos en Marte”. Esas predicciones, totalmente sin sustento, y eso de la mecánica popular, que vos mismo podías hacer tu auto solar y ese tipo de cosas, son de una postura generacional y es anacrónica. Es lo que les pasa a las generaciones cuando intentan incrustarse y no seguir los procesos naturales. Yo juego con esa idea y está en muchas letras. Está en “El último guion”, porque encontraron en un cajón el último guion de Stanley Kubrick y te dicen que van a hacer una película. Eso es un absurdo completo de lo que es la definición del arte.

¿En qué te sentís anacrónico?

Te decía recién que habíamos recalado en algunas generaciones cuando lo que se escuchaba era rock, pero ya no se escucha rock. ¿No somos anacrónicos en este momento? Yo entiendo a todos los que reivindican el rock: amo el rock, me quiero subir a cantar rock y que a la gente no le importe que trabaje en otra cosa, que tenga canas y mucha edad. Yo quiero seguir haciéndolo.

Hablando de las letras: ¿de quién es la de “Torturador”, de Los Estómagos? Había que tener agallas para decir eso en 1985.

La hicieron entre El Hueso [Fabián Hernández] y El Gordo [Parodi], más que nada. Sí, había que ser medio inconsciente para hacer esa canción y también para tocarla. Los toques significaban un riesgo, no éramos bienvenidos en muchos lugares. Había un ambiente hostil, no solo para la banda sino también para la gente que la iba a ver. Eso siguió sucediendo muchos años después. Perdón que insista, pero los primeros años de Buitres fueron parecidos, más allá de que no hubiera letras de contexto social o político. Fue como un terreno ganado, de la banda y de la gente, porque en cada uno de los lugares donde ibas a tocar la gente que te iba a ver después tenía que seguir encarando en esa ciudad o en ese pueblo y tenía que bancar que te había ido a ver. Eso pasó con Los Estómagos y en los primeros años de Buitres. Después, a partir de 1993, las cosas cambiaron.

¿Había como una estigmatización hacia la banda y su público? Es raro.

Es raro pero es así, porque si no, vemos una parte de la historia, nomás, y parece que los Buitres hubieran sido populares toda la vida, pero no fue así.

Los Estómagos duraron siete años y Buitres lleva más de tres décadas. ¿Te molesta que te sigan hablando de tu primera banda y se hagan homenajes, como el del año pasado en Pando?

No. También hay un grupo de fanáticos de Buitres que se quedó en la primera época y nos dejó y probablemente sea mucha más gente que la de Estómagos. Yo acepto todos los homenajes y los agradezco, pero no me puedo quedar en aquel lugar. Creo que el gran mérito que tenemos como artistas es haber salido con una propuesta nueva. Puede ser discutible, pero tratamos de buscar una salida por otro lado y no quedar encasillados en un lugar, si no, un artista no puede tener temas emblemáticos en cuatro décadas distintas, y nosotros los tenemos. Es un mérito.

Hace pocos días se te vio sufriendo en la tribuna del Parque Central, alentando a Nacional. ¿A qué grado llega tu fanatismo por el fútbol?

Me gusta muchísimo y me gusta jugarlo. Y en la medida en que uno va cumpliendo años, lo empieza a valorar como elemento de socialización, que es lo que pasa en este país con el deporte, y el fútbol tiene mucho que ver –también pasa con el básquetbol–. Tiene una identificación popular muy intensa, a tal punto de que creemos que somos competitivos, siendo un país tan chico, y pensamos que podemos ser campeones del mundo; eso es fantástico. Capaz que es la única actividad en la que podemos tener esa sensación. Estuve prácticamente dos años sin ir a ningún lugar, fui a un par de shows de Trotsky [Vengarán, la banda de su hermano, Guillermo Peluffo] y nada más. Esta era una de mis primeras salidas, la quería vivir al aire libre y no me importaba que estuviera lloviendo. Sé que todo el mundo se burló de mí porque salí con una capa de nylon, pero la verdad es que pese a todo eso y a que perdimos fue una alegría inmensa estar viendo futbol.

Aun así nunca se te dio por hacer una canción futbolera.

Bueno, hay canciones futboleras: “Te llevo en el sentimiento”, que es una versión [de “Sister Golden Hair”, de América], y “Cada vez te quiero más”, que está inspirada en que mi hermano en una época hacia la edición de los programas de Tenfield y me mostró la cantidad de hinchas de la B que tenían banderas de Buitres. Dice “los sábados en la cancha” porque eran los días de los partidos de la B; hace referencia un poco a eso.

¿Qué vas a dejar primero, la medicina o la música?

Es una buena pregunta, me la estoy haciendo… Pero no lo sé. Voy a subirme al escenario hasta que pueda, porque querer estoy seguro que voy a querer siempre. En cuanto a la medicina, obviamente, he estudiado mucho y le he dedicado mucha parte de mi vida, y hasta le tengo que agradecer a la música que me ha formado mucho para desempeñar mi trabajo en la pediatría. Logré tener un trabajo que intelectualmente me mantiene muy motivado, y mientras uno esté motivado tiene que hacer lo que le gusta. En cada etapa de mi vida siempre parece que alguien quiere romper ese lazo entre la medicina y la música, pero yo decidí dedicarme a ambas, y los que lo quieren romper… Me parece que no tiene mucho sentido. Yo realmente lo vivo bien.

Buitres en vivo. Este jueves a las 21.00 en el Ruedo del Parque Roosevelt (Ciudad de la Costa). Entradas por Abitab a $870.