Un miércoles a las siete de la tarde, Los Fatales ensayan en una sala céntrica con la banda completa. Fabián Fata Delgado -fundador del grupo- es un tipo metódico: “Soy de la lapicera y tengo una agenda de esas en las que podés ver toda la semana. Escribo y ordeno todos los compromisos, y cuando arranca el año me reservo una semana para unas vacaciones con mi familia”, cuenta sobre cómo hace para dividir su tiempo entre las múltiples actividades -producción, gestión, creación, actuaciones- que le demanda la música y su labor como actual figura de la tevé en los programas de Canal 12 ¿Quién es la máscara? y Poné play.

Cuando conversamos, acababa de bajarse de un avión que lo había traído desde Argentina, y al otro día marchaba rumbo a España para gestionar futuras actuaciones allá. A su regreso, Los Fatales iniciarán una extensa gira cuya primera fecha será el 22 de julio en el teatro 25 de Mayo, en Rocha, y llevará a la banda tropical por San José, Canelones, Minas, Nueva Helvecia, Tarariras, Carmelo, Colonia, San Carlos, Florida, Mercedes, Salto y Paysandú.

El plan original del Fata para 2022 era retomar una gira internacional más extensa de la mano de un disco nuevo, pero ni bien la pandemia amainó y permitió la organización de eventos en las condiciones que alguna vez conocimos, su agenda se volvió a llenar de compromisos: “De pronto, todo el mundo quería casarse y hacer las fiestas que había postergado, y por tanto laburo que agarramos de golpe, más lo que empecé a hacer en la televisión, decidí quedarme acá”.

Cuando llega a la sala de ensayo, el clima del lugar cambia de inmediato: su sonrisa contagia entusiasmo y consigue la complicidad necesaria para que lo sigamos adonde vaya.

La banda ya está pronta y afinada. Mientras charlamos con el cantante sobre su vida y su carrera, en una sala contigua sus compañeros interpretan una versión de “Ghostbusters” (de Ray Parker Jr.), el clásico de los 80 que se hizo popular gracias al éxito de la película Cazafantasmas. Cuando terminamos la entrevista y se mete en el ensayo, embroma a uno de los trompetistas por sus vistosos championes nuevos (“Por ahí no se ven las pérdidas, eh”) y también a su tecladista, cuando comienza a tocar una melodía que le recuerda a Sonido Cotopaxi.

“Hace casi 33 años que estoy en la música”, dice para explicar cómo lidia con sus momentos de cansancio, pero sobre todo para que entendamos las razones de su vigencia y popularidad. “La verdad es que no paro nunca”, confiesa. “A veces la gente me dice: ‘Te veo por todos lados’. Pasa que si estoy mucho tiempo sin hacer nada, me vuelvo loco. Cuando me voy de vacaciones, si tengo diez días, a los seis, esté donde esté, me pongo a pensar dónde comprar telas o algo relacionado con el trabajo. Mi señora me conoce hace 25 años y ya sabe cómo soy. De repente, estamos en un restaurante comiendo, escucho una melodía, y voy hasta donde está el disc jockey para preguntarle ‘Che, ¿cuál es ese tema?’ Y después lo termino haciendo con Los Fatales”.

Su carrera más conocida comenzó en carnaval, en 1987, con el grupo Los Carlitos, con el que ganó el primer premio de la categoría humoristas. Más tarde, se haría todavía más popular como una de las voces de la orquesta tropical Karibe con K. Luego decidió pasar al frente de la escena con su propia banda, Los Fatales. Pero su historia artística y creativa comienza mucho antes y su pasión por los clásicos de la música bailable en inglés lo acompaña desde aquellos años hasta ahora: “Empecé comprando discos con lo que ganaba trabajando de cadete en una papelería. Con un amigo del barrio, del Cerro, pasábamos música en diferentes boliches. Él se encargaba de la tropical y yo de la música en inglés”.

Otro amigo era el que le traía novedades musicales desde Estados Unidos, y así fue armando una discoteca selecta con vinilos que aún no habían llegado a Uruguay. “Con esos discos empecé a ir a boliches de otros barrios. Uno de los primeros fue Le Club, en Pimienta y Cavia. Querían conocerme porque alguien les había dicho a los dueños: ‘Hay un muchacho en el Cerro que tiene mucho material inédito. Todo lo que está por salir, él ya lo consiguió’. No podía comprarme todo lo que traía mi amigo, pero me llevaba dos o tres por mes”.

El Fata recuerda el álbum Synchronicity, de The Police, un sencillo de “Love for Sale”, de Talking Heads, y un remix de “Jeopardy”, de Greg Kihn, “que acá no lo tenía nadie”, como parte de ese material tan valioso para abrirse camino en sus primeros años en la noche.

Actualmente, puede recordar casi cualquier canción de pop-rock ochentera y bailable, y usa ese talento para adivinar temas en pocos segundos en el programa Poné play, aunque no es algo diferente de lo que le pasa cualquier día, a cada rato. Como si tuviera un tocadiscos prendido dentro de su cabeza, en algún momento bajó esa información e inventó -en 1996- el sonido de Los Fatales a partir de una canción de Kid Kreole and The Coconuts.

Cuando arrancamos, cada orquesta de música tropical tenía su estilo. Si bien todas usan pailas, congas, trompetas, bajo y teclados, el sonido de cada una era distinto. Justo en ese momento estábamos trabajando en el estudio con el Bocha [Pablo] Pintos probando arreglos de tres canciones. Y en una le digo: “Me gustaría ponerle candombe a alguno de los montunos de estos arreglos”. Ahí estaba “Don’t take my coconuts”, lo traduje y le cambié la letra, y le pusimos “Candomplena”. El Bocha probó el arreglo y me dijo: “En este va bien”. Bárbaro, cargamos los tambores y grabamos. Después de que nos dimos cuenta que ese ritmo gustaba, lo empezamos a hacer en “El apagón” y en otros temas. Pero estábamos probando para ver qué funcionaba.

A mí lo que me ha ayudado mucho es que siempre canté canciones divertidas, para bailar. La alegría en una fiesta es algo imprescindible, pero el show no es imprescindible. Tenés que conquistar a la gente para que te llame y te contrate. La fiesta, si no tenés una banda en vivo, con discoteca y comida la hacés igual. Con Los Fatales siempre busqué canciones que pudieran tener ese perfil.

Vi una foto de tu padre. Sos igual.

Mi viejo tenía esa sonrisa. Los Delgado somos medios parecidos: los ojos, la sonrisa. Mi hermano es más parecido a mi mamá, y yo a mi viejo.

¿Qué palabra te define? ¿Optimista, trabajador?

Sí, puede ser optimista. Trabajo como tantos colegas. El tema es que siempre me pongo un objetivo por delante que me sirva de motivación para continuar. Me podría quedar en casa vendiendo shows y no tendría ni que venir a ensayar, porque tenemos un repertorio muy conocido, pero siempre estoy agregando algo nuevo a lo que hacemos. Ahora tenemos esta gira por teatros del interior. La hicimos siete años seguidos, paramos unos años y ahora volvemos con toda la banda completa de Los Fatales, y en octubre vamos a estar en Montevideo.

¿Qué aprendiste de tu pasaje por carnaval?

Esto siempre lo hablamos con Pichu [Óscar] Straneo. Lo más importante que aprendimos fue a sacar la actuación como sea, cansado o no cansado. Es algo raro que les pasa a la mayoría de los artistas. Podés estar en tu casa engripado, pero te subís al escenario y cantás. Al Teatro de Verano se ha subido gente que estaba internada pero se levantó y actuó; vos decís “tan enfermo no estaba”, pero vuelve a la casa y tiene 40 grados de fiebre. En carnaval aprendés a iluminarte y apagarte muchas veces.

Con Los Fatales me pasa lo mismo, y siempre preferí hacer fiestas antes que bailes por el perfil de la música que tocamos y porque son ocasiones muy especiales, y además queda algún registro de lo que hacemos, en un video o en fotos. De repente, vamos a un cumpleaños de un año, otro de 15 y uno de 80 en la misma noche. Empezamos en 1999 a hacer fiestas y nunca me bajé del escenario, que es lo que ayuda a que muchos jóvenes que no eran nacidos cuando el grupo tuvo su gran boom conozcan lo que hacemos.

Yo disfruto del show y de hacer bailar a la gente. Los que cumplen 15 cantan “Pizza muzzarella” como si fuera nueva. Viste cómo es el uruguayo: siempre hay uno que te dice: “Bo, seguís currando con “Pizza muzzarella”, pero no se ponen a pensar que cuando vino Paul McCartney al Estadio cantó “Yesterday”, que la grabó a los veintipico de años. Las canciones acompañan al artista; hay que entenderlo así. Cuando la gente te contrata, te pregunta: “¿Van a cantar “El apagón”, “La noche del terror”, “Bicho, bicho”? Y sí, claro.

Foto del artículo 'Fabián Fata Delgado: “Si estoy mucho tiempo sin hacer nada, me vuelvo loco”'

Foto: Alessandro Maradei

Los Fatales se mantienen fieles a un estilo musical.

Claro. Siempre combinando candombe con plena. He vivido diferentes modas de otros tipos de música, como cuando pasó la cumbia villera, la explosión del rock nacional, y siempre seguí con el estilo de Los Fatales. No empezamos a tocar cumbias del interior porque ahora pegó.

Hace poco, Denis Elías me pasó un tema y me dijo: “Esto es bien Fatales. Era “La lambada”. Lo estrenamos en un casamiento y la gente enseguida armó un trencito. Es medio mágico eso. Los Fatales siempre hicieron temas que yo pasaba cuando era discjockey, trasladados a nuestro estilo.

Después de un tiempo de tocar, dije: “Este es nuestro camino” y con el grupo lo mantenemos.

Y además trato de cuidarme porque no puedo faltar. Tengo que estar sí o sí. De tarde me pierdo cumpleaños, partidos de fútbol 5, reuniones familiares; viernes y sábados, nada, duermo una siesta obligatoria para estar con pilas de noche. Con los años te vas conociendo, y descansar, para mí, es fundamental.

La leyenda cuenta que “Pizza muzzarella” se te ocurrió viajando en auto cuando viste por la ventana un cartel publicitario. Las ideas nuevas son una parte muy importante de lo que te motiva.

Me gusta la parte creativa, soy un publicista frustrado: nunca trabajé en publicidad, pero me encanta. Cuando me contratan para hacer un comercial disfruto mucho viendo cómo lo editan y las diferentes etapas del proceso; pienso: “Pah, me podría haber dedicado a esto”, pero canalizo mi creatividad con el grupo. Ahora fue el 45º aniversario de Village People y se me ocurrió hacerle un homenaje con la banda.

Hay mucha gente que me escribe. Y puede que uno sea referencia como alguien que arrancó subiéndose a un ómnibus con un disco debajo del brazo del Cerro al Centro, que trabajó en una papelería y se pudo convertir en un artista. Al principio no tenía un peso y a veces mi abuela o mi madre me daban para pagar el boleto. Yo siempre traté de estar impecable y ahora lo sigo haciendo. Cuando empecé a trabajar en Poné play, me preocupé por la vestimenta y también pensé que fuera alegre. En ¿Quién es la máscara? hice lo mismo: hablé con las vestuaristas y busqué que mis trajes tuvieran algo de brillo. Me gusta cuidar la imagen. Si se mantiene el Fata, los que están conmigo también. Si yo estoy mal el trabajo se cae, pero también tengo la tranquilidad de que puedo confiar en estos músicos.

¿Cuáles fueron los pilares de tu infancia?

Provengo de una familia de trabajo. Mi padre trabajó en los frigoríficos que había en el Cerro. Mi tío era cantante lírico y mis hermanos cantaban muy bien. Siempre tengo el recuerdo de los cumpleaños de chico, con todos cantando. Nunca faltó la música en casa.

Y vos, vergüenza, nada, ¿no?

Mi madre decía que era muy careta. Yo tenía cuatro o cinco años y aprendía rápido todas las canciones de los comerciales. A los seis fui a una academia en el Cerro que se llamaba Apler, donde estudié canto y declamación hasta los 12. En esos años participé en un festival de la canción en el Solís.

¿Qué consejo le darías a un joven que está tratando de salir adelante?

Cuando cumplí 16 le dije a mi madre que quería trabajar. Estudiaba en la UTU del Cerro, me fijé en el diario y enseguida me llamaron de dos lugares y empecé; primero en una curtiembre y después en la papelería. No hay que bajar los brazos, siempre seguir. Y no hay que tener vergüenza a la hora de golpear puertas para conseguir trabajo. Y si te vas a dedicar al arte, tenés que saber que no va a faltar uno que te critique, pero tenés que seguir adelante.


Homenaje a Macunaíma

Macu ta cantando es un homenaje al poeta y comunicador Atilio Duncan Pérez da Cunha (1951-2020), mejor conocido como Macunaíma, que es tanto un disco doble como un espectáculo que tendrá lugar este sábado a las 20.00 en la sala Zitarrosa. Contará con 22 artistas que se irán turnando a lo largo del concierto tanto en forma presencial como audiovisual, “sumado a diferentes comunicadores y poetas cercanos al Macu en la lectura de otros textos no incluidos en las canciones”, según se anuncia en la gacetilla.

En el evento estarán Alejandro Ferradás, Walter Bordoni, Carmen Pi, Mauricio Ubal, Gastón Rodríguez, Diane Denoir, Demian Caula, Nelson Coelho de Castro, Rossana Taddei, Dany López, La Tabaré, Sara Sabah, Maxi Suárez, Vera Sienra, Jorge Barral, Elbio Barilari, Daniel Amaro, Daniel Wolff, Raúl Ellwanger, Omar Giammarco y Surdomundo Imposible Orchesta. Las entradas se venden por Tickantel a $ 500.

Miguel Romano

El baterista presenta Grooving Candombe, una fusión de candombe jazz junto a su hermano Popo Romano (bajo), Darwin Silva (piano), Mario Franceschini (percusión), Chacho Sarasola (guitarra) y Omar Estrada (voz). La cita será este sábado a las 21.00 en la sala Lazaroff (8 de Octubre y José Belloni). Las entradas se consiguen por Tickantel a $ 350.

Concerti con molti strumenti

Entre julio y agosto el Conjunto Nacional de Música de Cámara (CNMC) realiza un festival de música barroca con instrumentos de época. El viernes a las 20.00, en el Auditorio del Sodre, será el turno de José Rodríguez, Nives Dearmas y Anderson de Lima, quienes junto con el CNMC interpretarán obras del italiano Antonio Vivaldi (1678-1741) en flauta dulce, clave, tiorba y guitarra barroca. Las entradas se consiguen por Tickantel a $ 400.