The Ballad of Darren, de Blur

A diferencia de Oasis, que hace 13 años que se esfumó porque los hermanos Gallagher ya no se podían ni ver –y mucho menos escuchar–, los muchachos de Blur, los otros popes del britpop “clásico” –es decir, noventero–, si bien también supieron tomarse sus interesantes tiempos de descanso, siempre terminan volviendo. Es así que, luego de The Magic Whip, lanzado en 2015, los comandados por Damon Albarn acaban de publicar un nuevo disco de estudio –el noveno–, titulado The Ballad of Darren. En estos tiempos en que todo se cuantifica, no viene mal resaltar que se trata del álbum más corto de los londinenses, con unos 36 minutos, mientras que todos los anteriores tienen al menos 50 –típico de gente que se crio en la época del holgado CD–.

Pero vamos a lo cualitativo. El álbum empieza con “The Ballad”, que, como ya adelanta su nombre, se trata de una balada. A los neófitos les podrá parecer que Albarn –de 55 años– y sus compinches se reblandecieron, pero Blur siempre fue una banda bastante dada a experimentar –dentro de las paredes del género, claro está– y ya 13, aquel disco de 1999, empezaba con “Tender”, una larga y gran canción de aura –y pulso– góspel, que no tenía mucho parangón con lo anterior. “The Ballad” es más convencional que aquella (mid-tempo, piano, corito “ahhh” para acompañar, arreglos de cuerdas y un baladoso etcétera), incluso en su inclinación a la épica y la melancolía.

En el riff podridazo e incisivo de “St. Charles Square” ya nos topamos con el Blur de casi siempre –con algo de lo-fi, como aquel disco homónimo de 1997–, y lo confirma la voz filtrada de Albarn. Enseguida el ritmo se apodera de la canción, y es de esos que pueden servir para comprobar si estamos vivos –imposible no mover, al menos, nuestra pierna hábil–. “Barbaric” sigue con el ritmo bailable y con una melodía más popera y pegadiza.

“The Everglades (For Leonard)” es quizás la balada más pura de toda la carrera de Blur, llevada con un arpegio de guitarra folk dentro de una atmósfera menos pretenciosa que la que abre el disco, convirtiéndose así en la más genuina y atrapante –puede despertar, incluso, algo parecido a la ternura–. Un detalle de la producción del disco que puede llamar la atención es que la voz de Albarn está pasada por un efecto de reverberación bastante amplio, que le da una vibra etérea, siendo en la canción “Goodbye Albert” donde quizás se note más.

Cuando terminan las diez canciones puede quedar una sensación de haber atravesado un gran terreno melancólico, en donde no hay espacio para aquellas canciones musicalmente eufóricas, pícaras, bien brit y bien pop, como “Sunday Sunday”, de Modern Life Is Rubbish (1993), que quizás no sea el disco mejor valorado de Blur pero seguro es el de mejor título...

Foto del artículo 'De Londres a Seattle: nuevos discos de Blur y Foo Fighters'

But Here We Are, de Foo Fighters

Aunque todavía puede quedar alguien que siga viendo a Foo Fighters como “la banda del batero de Nirvana” –por simple gusto, nostalgia, capricho o lo que sea–, lo cierto es que, como quien no quiere la cosa, los liderados por Dave Grohl ya llevan casi tres décadas en esto, y hace pocas semanas lanzaron su flamante undécimo álbum, But Here We Are. Pero no es uno más dentro de su discografía, ya que es el primero que publican luego de la muerte de Taylor Hawkins, el baterista del grupo, que falleció repentinamente, en marzo de 2022, a los 50 años, en Bogotá (Colombia), en medio de una gira.

Por supuesto, a la hora de grabar el disco nuevo, más allá del duelo y todo eso, encontrar al indicado para que agarre las baquetas no fue ningún problema, porque de eso se encargó el mismísimo Grohl –para el vivo, el reemplazante es Josh Freese–. El título del disco no tiene vuelta: “Pero acá estamos”, es decir, “a pesar de todo”, y la canción que le da nombre, la cuarta del álbum, tiene a un Grohl con su típica gola furiosa grounge, pero al mismo tiempo hay cierto halo pop que se vislumbra debajo de las abrasadoras guitarras eléctricas. En la coda, cuando el solo de guitarra se entrelaza con un denso tronar de la batería, parece que Grohl se sacara las ganas y volviera a aquel cuarto de su adolescencia en donde se obsesionó con John Bonham, los cimientos de Led Zeppelin.

El álbum no tiene muchas sorpresas: es 101% Foo Fighters, como se nota en “Rescued”, donde la furia apenas se detiene, así Grohl se calma en medio de un arpegio que funciona como la meseta para tomar impulso y no dejar de subir hasta el final. En comparación con Nirvana, Foo Fighters siempre fue una banda más cuadrada, por eso a nadie le puede asombrar algo como “Under You”, un punk bien derechito y apurado. Aunque también nos topamos con canciones en otro plan, como “Beyond Me”, que traza un mapa de power ballad –y empieza con teclado, como manda el canon–. También está “Show Me How”, con un aire más pop, una canción en la que Grohl canta junto con su hija mayor, Violet, sumando una textura nueva a la música de la banda (quedará para los ortodoxos reflexionar sobre qué tan rockero es llevar a los hijos al “trabajo”...).

Después de los diez minutos de “The Teacher” –una muestra ampliada del estilo de la banda, con distintos pasajes–, el álbum termina con “Rest”, que tiene una atmósfera íntima, casi de demo bien casero, hasta que estalla en un Chernóbil de distorsión en el que Grohl no para de repetir “Rest, / you will be safe now; / rest, / you can rest now” (“descansá, / ahora estarás a salvo; descansá, / ahora podés descansar”). Estas palabras pueden ser tanto por –y para– el baterista fallecido como por la madre de Grohl, que en 2022 también abandonó este mundo. Lo curioso es que la tapa del álbum es de un blanco abrumador; no es precisamente el color que esperaríamos en un duelo.


Violincheli Brothers en el Auditorio Vaz Ferreira

Los hermanos españoles Pablo y Alejandro Turlo –de Valencia– empezaron a estudiar violín y violonchelo –respectivamente– a muy temprana edad, formaron los Violincheli Brothers aún con corta edad (tienen 19 y 17) y ganaron la edición 2021 de Got Talent España. Según se anuncia, “sus espectáculos son una apuesta por la frescura, una nueva propuesta artística en la que se mezcla humor, juego escénico y eclecticismo musical”. Los hermanos se presentarán por primera vez en nuestro país, este sábado a las 20.30, en el Auditorio Vaz Ferreira (18 de Julio y Emilio Frugoni, dentro de la Biblioteca Nacional). Las entradas se consiguen por Tickantel a $ 600. Hay 2x1 para Comunidad la diaria.

Ciclo acústico de Jazz-Fusión

El lunes a las 20.00 en la sala Verdi habrá otra fecha del ciclo acústico de jazz-fusión. En esta oportunidad se presentarán el dúo de María Noel Taranto (voz) y Raúl Medina (piano), y el trío de Popo Romano (contrabajo y bajo acústico), Miguel Romano (batería) y Darwin Silva (piano). Popo Romano señala que están celebrando los 85 años de la Asociación Uruguaya de Músicos, esa gente “dedicada a trabajar a nivel sindical” por los músicos que siempre tienen “la cabeza metida en inventar laburo para llevar adelante la economía”. En cuanto a la música, señala que con el trío versionará temas de sus cinco discos, “dentro de esa textura tímbrica y de ese perfil de jazz-fusión”. Las entradas se consiguen por Tickantel y valen $ 450. Hay 2x1 para Comunidad la diaria.