Después de acostumbrar a sus seguidores con una evolución bailable de su intrincada, plástica y porteña poesía musical, plasmada en su exitoso LP Hola precioso, la ortodoxia y los ecos románticos de “Máquina” —su corte más reciente, grabado junto con No Te Va Gustar— podrían funcionar como uno más de sus repentinos cambios de frente, si no fuera porque la engañosa melodía popera trafica un ensayo sobre el poder de una comunidad organizada o, al contrario, retrata sin ironía la sinvergüenza y los festejos del capitalismo salvaje, con otro acertijo seudonírico.
“Hace poco me mudé a la vuelta de donde formamos el grupo, que era la casa de mis viejos, en Villa Crespo, el barrio de mi infancia”, cuenta el tecladista y cantante Santiago Martínez, entre las noticias de El Kuelgue, que, en vez de novedades, confirman los usos y costumbres de sus músicos fundadores.
Junto con el cantante Julián Kartún y el bajista Juan Mojo Mojoli, Martínez forma el tridente más visible del grupo, en una caricatura de personajes teatrales de una puesta en escena siempre a tono con una frecuencia celebratoria y relajada.
Quienes sólo conocen la versión del músico en videoclips y shows de estadios —la de los lentes dorados y ahumados, al comando de un Nord rojo del que salen los mejores climas de funk y soul— podrían confundirlo con un fundamentalista de Stevie Wonder, Giorgio Moroder y Nile Rodgers. Nada más alejado de la realidad. “Sigo comprando revistas de heavy metal en Parque Centenario”, relata, en otra historia del barrio que ahora se liga a uno de sus proyectos paralelos: un disco de canciones de algunos de sus artistas más admirados, entre ellos, los ingleses Judas Priest, Queen y Black Sabbath. “Ya tengo varias grabadas en demos”, adelanta, mientras que en su Instagram se ven los prolegómenos de su colaboración con los locales Horcas, entre los gustos que se permite fuera de la ocupada agenda de El Kuelgue.
Con Hola precioso, sin dudas su disco consagratorio, la banda argentina llenó el Teatro de Verano Ramón Collazo, el Velódromo Municipal y se presentó dos veces en el Cosquín Rock de la Rural del Prado (en 2023 y 2025), entre sus incontables visitas a Montevideo, a las que se suma la de este sábado, nuevamente en el Velódromo.
Musicalmente, “Sinoca” es algo que se le podría haber ocurrido a David Byrne en una charla con Miguel Abuelo, “Díganselo” transita el R&B jazzeado de forma clásica, y “Recién llegué” juega con la bossa nova y otras variantes del lounge. Las tres, como el resto de las canciones del disco, fluyen de manera originalísima y dialogan como capítulos de una novela sin drama que termina demasiado pronto. El fenómeno también puede comprobarse en el reciente Juegue Kuelgue, un espectáculo registrado en vivo, en Buenos Aires, en 2024.
Martínez le asigna buena parte del crédito del éxito vigente de estas canciones al productor musical de su último álbum, Mariano Otero. “Antes nos encargábamos nosotros de la producción. Y creo que Mariano llegó justo a darnos lo que estábamos buscando. Nos enseñó un montón de cosas y homogeneizó el sonido de las canciones, que era lo que queríamos”, explica. “A riesgo de que algunos de los fans del comienzo nos dijeran ‘¿dónde están las cumbias?’, este disco nos trajo un montón de público nuevo”, reconoce.
La liga de Villa Crespo
Además del piano, la guitarra y las pilas de libros, una porción importante del living desde el que habla Martínez la ocupa una máquina de videojuegos original de Donkey Kong. “Es parte de toda la boludina que hay acá”, reconoce, mientras resuena un concepto esencial de la banda y su método de composición, en el que la complicidad amistosa de vecinos del barrio y el tiempo ocupado en consumos mal vistos es aprovechado, sin prejuicios, a favor de la creatividad y con la confianza puesta en el absurdo.
A la mezcla, Martínez suma su amor por los cómics y las figuras de acción, una de las pasiones que comparte con Kartún. “Conservo revistas nacionales de X-Men”, cuenta entre sus mayores tesoros. “Julián me regaló en el último tiempo varias cosas buenas que no son tan viejas pero las considero muy valiosas. Por ejemplo, un muñeco de una versión de Superman que salió en el cómic Red Superman. Es uno de esos cómics de ‘¿Qué hubiera pasado si...?’. En este caso, si Superman nacía en la Unión Soviética. Este tiene la hoz y el martillo en el pecho”, describe.
El Kuelgue. Sábado a las 21.00 en Sitio - Velódromo de Montevideo. Entradas $ 2.590 en Redtickets.