La actriz británica Kate Winslet, luego de su vertiginoso y precoz salto a la fama en 1997 como protagonista de Titanic, junto con Leonardo DiCaprio, ha sabido construir una carrera tan firme como consecuente. A los 31 años ya tenía cinco nominaciones al Oscar y en estos años ha dado cuenta de una enorme versatilidad interpretativa: fue Marianne en la adaptación de la novela de Jane Austen Sensatez y sentimientos (Ang Lee, 1995), una dura detective en la serie Mare of Easttown (Brad Ingelsby, 2021) y la caótica y vulnerable de Clementine en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry, 2004).

Es, para muchos, la mejor actriz de su generación, pero a la vez encarna una especie de antiestrella de Hollywood: desde hace años ha decidido brindar una imagen sin mejoras y acepta solamente proyectos en los cuales no se emplee Photoshop o retoques digitales de sus arrugas o su cuerpo.

A finales de 2025 tomó el riesgo de ponerse al frente, como directora, del entrañable drama familiar Adiós, June. Para ese debut se rodeó de un equipo de lujo: el guion es de Joe Anders (su hijo con el director Sam Mendes), quien se inspiró en su historia familiar real tras la muerte de la abuela Sally, y el elenco lo conforman Toni Collette, Johnny Flynn, Andrea Riseborough, Timothy Spall, Helen Mirren, más ella misma.

La historia se desarrolla durante Navidad y gira en torno a la inminente muerte de June Cheshire (Mirren), la matriarca de la familia, quien unas semanas antes de las fiestas y con una enfermedad terminal se desploma en la cocina de su casa. June decide encarar su muerte de manera diferente y despedirse con cruda honestidad y mucho humor e ironía, empujando a sus hijos a gestionar sus propios traumas, enfrentarse a sus heridas del pasado y a la frialdad de su relación actual.

La dinámica familiar que se retrata es la de Bernie (Spall), un padre amoroso pero refugiado en la evasión por el dolor de la cercana muerte de su esposa y la de cuatro hermanos muy diferentes entre sí: Connor (Flynn), el único varón, quien aún vive con sus padres y vaga sin mucho rumbo, Helen (Collette), espiritual, embarazada y dedicada a terapias alternativas, y el tenso choque constante entre Julia (Winslet), una mujer independiente, profesional y controladora, y la siempre exasperada Molly (Riseborough) como eje central de los conflictos. A pesar de sus grietas y distancias, hay algo que los une: el duelo por la muerte de June y las distintas formas en que cada uno lo asume.

No se plantea la muerte desde una perspectiva deprimente o melancólica, y hay mucho lugar para ácida comedia inglesa, gags acertados y la clásica disfuncionalidad de toda familia que pelea, grita, sufre y se rearma. La enorme Helen Mirren construye a June como una figura poderosa y lúcida: no es una víctima de su destino, sino una mujer que acepta su realidad y comprende los gajes de la existencia, aun cuando su propia vida se le está escapando. June tiene pulsión de vida, no se resigna, sino que usa esa última energía para obligar a su familia a confrontar la realidad.

Adiós, June es el tierno relato de una familia rota forzada a reconciliarse con su pasado y que finalmente encuentra una razón de ser entre el caos de su convivencia. Es un excelente debut de Kate Winslet tras la cámara. No sólo dirige con sentimiento, sino que interpreta a una mujer que asume la carga de ordenar los problemas ajenos por inercia sin buscar redención; no hay ninguna épica en su esfuerzo, sólo el cansancio crónico de una hija que sabe que si frena, todo se desploma. No nos deja un sentimiento de tristeza, sino de compasión y empatía, una profunda mirada sin filtros sobre familias falibles que además son ridículas y agresivas en partes iguales, recintos de amor y violencia que se sostienen sobre sus propias contradicciones.

Adiós, June. 116 minutos. En Netflix.