Niego cualquier acusación de estar obsesionado con Tim Robinson. Es cierto que hace apenas dos semanas recomendé la serie La silla (The Chair Company) e incluso dije que parecía I Think You Should Leave: la película, cosa que carece de sentido porque ambas son series.

Lo que ocurre es que Paramount+, que maneja un catálogo corto pero interesante, incorporó en los últimos días la película Friendship, traducida como Amistad tóxica. Y si bien no es un “producto” de la dupla Robinson-Zach Kanin (como las dos series mencionadas en el párrafo anterior) tiene como protagonista al portador de ese humor (y ese rostro) tan particular.

Quien está detrás de la película, como guionista y director, es Andrew DeYoung, en su debut cinematográfico después de haber dirigido numerosos episodios televisivos, que incluyen más de media temporada de La silla. Así que no proviene del riñón robinsoniano, pero sí de un pedacito del páncreas.

Como siempre (y si no lo hago es por falta de caracteres o por miedo a ser repetitivo), si existe la posibilidad de comenzar a ver una película sin tener la menor idea sobre su trama, lo recomiendo. Así que quienes quieran pueden regresar dentro de 101 minutos. ¿Listo? Perfecto. La película tiene como protagonistas a Craig (Robinson) y Austin (Paul Rudd, que ya empieza a reflejar su verdadera edad, pero no se distraigan).

Craig trabaja en una empresa que básicamente se dedica a hacer que las personas se vuelvan adictas a productos o servicios, y vive un momento intenso en su núcleo familiar, ya que su esposa, Tami (Kate Mara), acaba de superar un cáncer. Mientras planean mudarse y abandonar el barrio, se les muda muy cerca Austin, el meteorólogo del canal local.

En ese momento comienza ese ritual social de intentar que ambos se hagan amiguitos. Para ello deben descubrir tanto los gustos del otro como los límites que pone en su relacionamiento diario. Y quizás el momento más interesante (aunque el más sutil) de la película sea cuando todavía no está claro quién de los dos será el que se lo tome con más naturalidad y quién se volverá el insoportable (ver recuadro).

La amistad con un “famosillo” revitalizará la vida de Craig, mientras que Austin aceptará incorporarlo a su grupo de amigos, pero la trama generará obstáculos en el camino, empezando por uno tan literal como una puerta de vidrio. La incomodidad irá en aumento hasta que, como si fuera el patio del recreo de una escuela, seremos testigos del rompimiento de la incipiente relación. Para qué.

Amistad tóxica permite que Tim Robinson se luzca con su catálogo (más extenso de lo que parece) de rostros sufrientes, miradas perdidas y pequeños ataques de rabia. Rudd, mientras tanto, ejercita los músculos de comedia por los que se hizo famoso desde sus apariciones en Friends. Y si bien el absurdo no llega a los extremos a los que nos tiene acostumbrados Robinson, la oscuridad de algunas decisiones de guion hace que su personaje asuste muchísimo más que la mayoría de los que encarnó en numerosos sketches.

Sí se mantiene esa atmósfera de muchísima incomodidad y vergüenza ajena, coronada por una música etérea que podría haber salido de la serie Mr. Bean. Quizás lo que le falte a Robinson sean laderos secundarios más extraños que él, esos que terminan volviéndose “famosillos” en el mundo real. Apenas si tenemos una escena en la que aparece por unos minutos Conner O’Malley, el comediante con el torso más extraño del mundo (para mí). O’Malley ha colaborado con Robinson desde su episodio de The Characters, especie de precuela de I Think You Should Leave en la que interpretaba a uno de los Pointer Brothers, y tiene una serie de videos en redes sociales tan interesantes como perturbadores. Pero no es suficiente.

Volvamos a la película. Van a permitirme una última comparación, en la que hay que salvar las enormes distancias porque es una serie que tengo entre mis favoritas de todos los (mis) tiempos. Craig vive una tragedia similar a la de Jimmy McGill en Better Call Saul, en el sentido de que es el gran responsable de cavar la fosa en la que se encuentra, e incluso el universo le da más de una posibilidad de redimirse. No hay narcotraficantes peligrosos y la fotografía de Andy Rydzewski no pasará a la historia, pero hay un par de momentos en los que todo hubiera sido distinto si Craig (o Jimmy) dejaran de lado algunos pensamientos intrusivos.

Con una duración de una hora y 40 minutos, Amistad tóxica tiene una trama por momentos impredecible, aunque no lo digo necesariamente como algo bueno. Explota bien un par de chistes, como eso de decir que los personajes van al cine a ver “una Marvel” (por una película de Marvel), y los arranques de ira siempre funcionan. Pero es fundamental recordar que esta es una comedia negra, así que las risas podrán ser de los nervios y en ocasiones mutarán hacia el mismo gesto que ponen los personajes que se cruzan con Tim Robinson en alguna de sus apariciones audiovisuales.

Amistad tóxica. 101 minutos. En Paramount+.

Bob el del cable

Si hablamos de personajes delirantes que no entienden los límites de una amistad (o que creen que hay amistad donde no la hay), es necesario mencionar dos películas sumamente recomendables. ¿Qué tal, Bob? (What about Bob?, 1991), dirigida por Frank Oz, tenía a un Bill Murray increíblemente contenido que lograba volver loco a su terapeuta, interpretado por Richard Dreyfuss. Cuando este último se iba de vacaciones, Bob (Murray) lo seguía hasta ahí y comenzaba a relacionarse con la familia, en una sucesión de momentos incómodos y reideros. Un poco (bastante) más oscura era El insoportable (The Cable Guy, 1996), dirigida por Ben Stiller. Un poco adelantada a su tiempo, mostraba a Jim Carrey menos querible que nunca como el instalador de cable que acosaba a Matthew Broderick ante la incapacidad de hacer amigos de la manera tradicional. La pueden ver en HBO Max, mientras que para ver a Bob deberán ser un poco más creativos.

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