Al tiempo que se investiga el brutal asesinato de su capitana, una unidad de policías antinarcóticos encuentra en una casa apartada de una barriada en Miami, durante un aparente allanamiento de rutina, un dineral que supera sus expectativas. En vez de seguir el protocolo, su líder en el campo, el teniente Dane Dumars (Matt Damon), toma otros caminos. Sus decisiones son tan cuestionables que el resto de su equipo (Ben Affleck, Steven Yeun, Teyana Taylor y Catalina Sandino Moreno) imagina lo peor. Dónde se posiciona cada uno ante la posibilidad de quedarse con parte del dinero dará cuerpo al argumento de este intenso relato del director y guionista Joe Carnahan.

A lo largo de una larga noche, el equipo de policías, quienes de pique no estaban todo lo limpios que se pudiera desear, discutirá, peleará e irá directamente a un enfrentamiento, a medida que la discusión sobre qué hacer con esos 20 millones de dólares se ponga más y más intensa.

El botín (The Rip en idioma original) tiene cierto sabor de revancha compartida, sobre todo para los mayores llamadores e impulsores del asunto, el combo de amigos y correalizadores conformado por Matt Damon y Ben Affleck. Si bien han coincidido muchas veces tanto antes como después de su salto conjunto a la fama con En busca del destino (Good Will Hunting, Gus Van Sant, 1997), ahora, casi 30 años después, lo hacen con una película acaso tan contundente –aunque nada tenga que ver en materia de argumento y género– como aquella. El botín permite a Damon y Affleck trabajar juntos y además lucirse actoralmente, algo que estamos acostumbrados en el caso del primero pero no tanto en el del segundo (acaso más limitado que su amigo, pero aquí en un sólido secundario, generoso en todo momento).

La sensación de revancha compartida excede al combo actoral. También es la primera vez en muchos años que Carnahan entrega algo a la altura de Narc, su debut de 2002 (aunque The Grey, en otra onda por completo, también era buenísima), en un regreso al tenso drama policial de caracteres grises y moralidad dudosa que tan bien le había salido aquella temprana vez.

Al tiempo que los policías cuentan el dinero –sea para reportarlo, sea para guardárselo–, el riesgo alrededor de la casa, en ese barrio completamente desierto, crece. Llegan amenazas de los dueños del dinero, un cártel de drogas mexicano, y de pretendientes desconocidos que aspiran a quedarse con el botín. La desconfianza va en aumento entre los policías, y se suma a la ecuación la posible traición interna –si es que no ha ocurrido ya–.

Durante tres cuartas partes de la película, la apuesta de Carnahan es casi minimalista: un escenario, pocos personajes, intriga y suspenso de la mano. La recta final abraza acaso el film de acción más convencional, pero está por completo a la altura.

También dan la talla Damon, Affleck y el resto del elenco (a los antes mencionados se suman, desde roles con apariciones más breves pero determinantes, Sasha Calle, Kyle Chandler, Scott Adkins, Néstor Carbonell y José Pablo Cantillo). Y de la mano de la gran ejecución, es el guion de Carnahan lo que completa un gran film policial.

Con las justas vueltas de tuerca, El botín funciona perfecto, siempre y cuando no se lo mire con lupa, pero para entretenimiento va servido. Ya es una de las mejores películas estrenadas por Netflix en toda su historia, con 41 millones de reproducciones en sus primeros tres días desde que estuvo disponible. Por una vez, un bombazo que vale la pena ver y que da cierta nostalgia al recordar aquella época en que las muy buenas películas como esta se estrenaban en cines.

El botín (The Rip). 112 minutos. En Netflix.