Filmado a lo largo de cinco años, en unas 40 locaciones diferentes, el proyecto revela facetas poco conocidas del territorio nacional. Formó parte de una convocatoria por la cual, hablado en inglés, en 2018 se estrenó en señales de televisión abierta en más de 50 países. Luego se produjo la versión en español, con un trabajo de adaptación en el que, junto con Guillermo Kloetzer y Marcelo Casacuberta, de De la Raíz Films, trabajaron Martín Otheguy y el actor Gustaf, quien estuvo a cargo de la narración. Esta nueva versión puede verse en forma gratuita en Youtube solo en territorio nacional.

El documental muestra, con una destacable calidad cinematográfica, diversas especies que viven en nuestro territorio, desde los pastizales hasta los bañados, desde los montes nativos hasta la costa atlántica. Así, una mantis, un sapo cururú, una familia de chajás, un joven venado y su madre, cardenales, colibríes y churrinches, peces que provienen de la selva misionera, un gato del pajonal, un yacaré son solo algunas de las especies que capta la lente de Kloetzer y Casacuberta, quienes contaron con el apoyo del ACAU y el Ministerio de Turismo para su realización. Sobre la selección de las especies que querían mostrar, Kloetzer dijo a la diaria: “La idea era tener animales representativos de cada uno de los ambientes o paisajes que se muestran. Eso se cruza con el factor de qué tan fáciles o difíciles de captar son y de qué tan carismáticos son. Luego, hay que ver qué tipo de escena se puede lograr”.

Cada uno en su ambiente

Las diferentes especies plantean desafíos diferentes a la hora de la filmación. “Cada escena requiere una técnica particular. Aunque hay animales parecidos, varían muchísimo; hay peces que hemos filmado con la colaboración de investigadores de la Facultad de Ciencias que los tienen en peceras, si bien tratamos de que parezca que están en la naturaleza y de que todo suceda como sucede en la naturaleza. Es muy diverso el tipo de dificultad que representa cada animal. En algunos casos el desafío es la distancia, porque son bichos que se asustan y se alejan, como el ñandú, por lo que hay que trabajar con lentes largos. En otros casos la dificultad puede ser la que impone la noche cuando se trata de animales de hábitos nocturnos”, explica Kloetzer, que es licenciado en Biología por la Universidad de la República, además de realizador audiovisual egresado de la Escuela de Cine del Uruguay.

De este modo, los realizadores detallan que las tarántulas no perciben a los humanos como una amenaza, lo que facilita las cosas, pero, por otro lado, pasan mucho tiempo dentro de sus cuevas y resulta difícil tanto encontrarlas como lograr una ubicación óptima de la cámara al ras de la tierra, por lo que recurrieron a construirles un refugio y pequeño hábitat en el que puedan estar cómodas y comportarse igual que en la naturaleza; por eso las imágenes de estos arácnidos son una combinación de animales filmados en la naturaleza y escenas filmadas en un terrario armado dentro de un departamento en Montevideo.

Algunas escenas, como la del venado de campo que es amamantado por la mamá, filmada en la zona de Arerunguá, entre Salto y Tacuarembó, requieren camuflarse, moverse con cuidado y estar dispuesto a pasar un día entero esperando que la acción ocurra. “El primer día salimos a caminar en busca de algún cervatillo en edad de amamantar, algo que no es fácil, considerando que pasan horas echados en el pasto para evitar ser vistos. Tuvimos suerte y ubicamos uno a un par de kilómetros del casco de la estancia. Nos instalamos en ángulos diferentes con equipo de camuflaje y esperamos hasta el atardecer. Volvimos al amanecer siguiente, pero el pequeño ya no estaba. Tardamos unas tres horas en encontrarlo nuevamente y repetimos la espera. Al final del día, por suerte, teníamos las tomas que fuimos a buscar”, cuentan. Otras tomas son regalos del azar, como la de una mulita que captaron cuando buscaba alimento: apareció frente a ellos mientras filmaban otra cosa al lado de una escuela rural cercana a la Quebrada de los Cuervos, en Treinta y Tres.

Joven margay (_Leopardus wiedii_) en la copa de un árbol, en busca de presas.

Joven margay (Leopardus wiedii) en la copa de un árbol, en busca de presas.

Foto: Marcelo Casacuberta

Muchas de las escenas fueron filmadas en reservas o predios donde los animales se encuentran en algún grado de confinamiento, ya que solo en esos contextos es posible acceder a ellos con facilidad. Para resolver los problemas que planteaba la filmación recurrieron al asesoramiento y la ayuda de investigadores, investigadoras e instituciones dedicadas al estudio y preservación de la fauna. Por ejemplo, mencionan el desafío que implicó filmar la eclosión de los huevos de una tortuga morrocoyo, “algo especial y que solo puede lograrse mediante una técnica particular”, puntualizan. En este caso contaron con la ayuda de Alternatus Uruguay, un centro educativo de cría y rescate de reptiles ubicado en el Parque Municipal La Cascada, en Maldonado. Ignacio Etchandy, uno de los fundadores de la organización, “tenía estos huevos en su actividad de cría y conocía aproximadamente cuándo comenzaría la eclosión. Preparamos con barro y arena una especie de vasija con forma de nido, que tuviera una parte por donde poner el lente y otra por donde iluminar. Lo tuvimos listo y, cuando recibimos la llamada, instalamos el dispositivo con luces y demás para estar preparados. Pasamos una noche completa a solas con las tortuguitas para filmar esa secuencia: testigos privilegiados de un hermoso momento en que la vida se renueva”, narran.

La escena del margay, por su parte, es “un momento construido con recursos clásicos del oficio, que históricamente han utilizado los documentales de fauna”, cuentan. La retratada es una hembra de este felino que vive en la estación de cría y bioparque M’Bopicuá, perteneciente a Montes del Plata. Este sitio, por sus características, posibilitó ubicar y filmar al animal sin perderlo de vista. También el tamanduá fue filmado allí, “un sitio excepcional donde el naturalista Juan Villalba, de renombre internacional, ha logrado –con paciencia, talento y mucho trabajo– la reproducción de cientos de animales autóctonos, muchos de los cuales han sido reintroducidos en sus hábitats naturales”, destacan.

El video aúna imágenes hermosísimas que nos acercan a los ambientes naturales y la fauna que los habita con un relato rico en datos y llevado adelante de manera amena. La diversidad y la belleza de las imágenes emocionan y nos permiten apreciar tanto la inmensidad del paisaje desde vistas aéreas como lo pequeño y lo recóndito, a través de una cámara que se adentra tanto en montes y pajonales como en los nidos de los pájaros. Chinches de agua, vistosas luciérnagas rojas, un lagarto overo a sus anchas y una persecución a un ratoncito de campo con final inesperado contribuyen a una acción en la que la observación se equilibra con un ritmo que no decae. El recorrido de la cámara nos permite conocer un Uruguay sorprendente, al que el narrador define como un territorio híbrido: “parte pampa, parte mata atlántica, con rasgos de la selva misionera y del Chaco”.

Uruguay salvaje. 55 minutos. En Youtube.