Es probable que por estas latitudes haya generaciones enteras para las que los Muppets tengan una importancia mediática pobre o nula. Durante años, por ejemplo, mi mayor exposición a los títeres salidos de la imaginación de Jim Henson era una adaptación animada con versiones infantiles de los personajes más conocidos, que tenían aventuras fantasiosas (y fantásticas) a escondidas de su niñera.
Mucho más que los Muppet Babies, mis ídolos hensonianos eran los habitantes de Fraggle Rock, una ciudad subterránea con bichos coloridos que tenían una relación simbiótica con pequeños constructores de estructuras de azúcar. En los capítulos de Los Fraggles se trataban todos esos valores positivos que hoy haría que lo tildaran de woke si la expresión se usara más allá de los editoriales de los diarios.
Y sin embargo, los Muppets habían tenido una serie televisiva maravillosa, que iría descubriendo a cuentagotas antes del advenimiento de internet. Su popularidad continuaría a partir de numerosas películas que podías cruzarte, con suerte, en alguna primera o segunda sección de Sábados de cine.
En los últimos años hubo, además de las aventuras cinematográficas, un par de intentos de ponerlos frente a series televisivas exitosas. Incluso hubo un spin-off protagonizado por la banda musical, pero todas competían, en la mente de los conocedores, con aquel vodevil con estrellas invitadas, que mezclaba actuaciones para un público “en vivo” con sketches que ocurrían en el backstage de esa producción teatral.
Me veo en la necesidad de explicarlo porque cuando se anunció, con bombos y platillos, la llegada de las producciones de los Muppets a Disney+ (Disney compró sus creaciones a Jim Henson y dicen que se murió por eso), en América Latina no se agregó al catálogo aquella serie televisiva original. Si tuviera que arriesgar, diría que es por algún tema de derechos de los temas musicales interpretados. Pero soy el mismo que lleva años tratando de descubrir qué impide que AppleTV llegue a Uruguay, y sé lo mismo que el primer día.
Volviendo a la recomendación que nos une en este sencillo texto, hace muy poquito se sumó a Disney+ Los Muppets: un show especial (The Muppet Show), un producto que está perfectamente definido por su nombre, y que no es ni más ni menos que la recreación nostálgica pero también adaptada a nuestros tiempos de la serie que todavía no podemos ver por vías legales.
Esa es la parte buena. La mala es que tenemos solamente un episodio. Solamente 33 minutos de magia, humor y la presencia de Sabrina Carpenter como estrella invitada, que se acomoda a la perfección en el mundo de estos personajes que siempre andan corriendo detrás de un plan imposible para conseguir el dinero que haga que el teatro no cierre. Imagínense que la serie original se emitió entre 1976 y 1981, cuando todavía era posible soñar con comprar un inmueble. Así de perdedores fueron toda la vida los Muppets.
Desde el comienzo, con la inolvidable canción de apertura, es como transportarse hacia aquella era dorada. Que tenía unos guiones lo suficientemente atemporales como para ser disfrutada en la actualidad, más allá de que por momentos el ritmo fuera un poco más lento.
No seré el primero (ni el número 1.000) que diga que la voz en inglés de Kermit, a quien hace años conocimos como la rana René, está un poquito lejos de la de Henson y cuesta entender por qué no consiguieron a alguien que lo hiciera mejor. Pero el resto, desde las actitudes del pobre personaje hasta su relación con la diva total Miss Piggy, funciona incluso sin conocimiento de toda esta historia que les relaté.
Sepan que hay risas enlatadas, pero porque son las risas de ese público en vivo compuesto de humanos y de títeres. Que hay dos viejos títeres gruñones que hacen humor con juegos de palabras mientras se quejan desde el palco de todo lo que está ocurriendo. Que hay un oso que se cree más gracioso de lo que es, un bicho narigón que hace trucos de doble de acción, científicos, gallinas, parodias y muchísimo más.
Al estilo de Saturday Night Live (para no referirse siempre al show original), Sabrina Carpenter es la protagonista de gran parte de los segmentos, que incluyen una interpretación de su tema “Manchild” apta para todos los públicos y un duelo verbal con Miss Piggy, quien la acusa de haberle robado el look.
Es un show de variedades, al estilo de los que fueron muy populares en Estados Unidos, que nos deja con gusto a poco porque en otro momento hubiera sido un episodio de los 120 que no pueden encontrarse en Disney+. Ojalá le vaya muy bien y sea la excusa perfecta para hacer temporadas nuevas. Y para que los abogados de Disney América Latina resuelvan de una vez el problema con la serie original.
Los Muppets: un show especial. 33 minutos. En Disney+.