Desde hace más de una década el derrotero artístico de Tamara Cubas la llevó a ahondar en el trabajo con comunidades específicas, enfocándose en el diseño de dinámicas y formatos que exploran la potencia que surge de un colectivo temporal. En esa línea, Multitud, un proyecto que llevó adelante desde 2011, significó un momento bisagra en su carrera, una empresa ambiciosa que montó con diversidad de participantes en geografías dispersas: “De hecho, hicimos un documental y está yendo un libro a imprenta sobre ese proyecto; o sea, que tiene historia y memoria. A mí me dio la posibilidad de encontrarme con personas de todas las edades, grupos heterogéneos y de distintas partes del mundo. Y en esas experiencias, sobre todo en Europa, donde participaba siempre gente mayor que no es profesional, empieza a aparecer un interés en trabajar con no actores, no bailarines, por ejemplo, de la edad madura”, cuenta a las puertas de una nueva investigación.
Si en Ofrenda para el monstruo el centro estuvo en los jóvenes y en la salida de la institución al mundo y en Sea of Silence en la migración femenina, en La trilogía del tiempo tres conjuntos delimitados por las etapas vitales que atraviesan pautarán su manera de abordar sus vivencias pasadas y sus expectativas a lo largo del proceso. La convocatoria, entonces, es a sumarse a una serie de laboratorios pagos –uno para adolescentes, otro para adultos y uno más para adultos mayores– que irán de marzo a noviembre en Montevideo. Estas franjas de edades funcionan como referencia pero no como límites. Cada uno de los grupos tendrá un cupo máximo de 30 personas y una obra final. En la ficha de inscripción, Cubas solicita que los interesados expresen, ya sea a través de un texto breve o de un audio, qué les entusiasma de la convocatoria, una información que considera que también será insumo del proceso de investigación.
“El eje del proyecto se sitúa en memoria, deseo y futuro como fuerzas que organizan una vida y también una comunidad: lo que se recuerda, lo que se elige, lo que se imagina, lo que se hereda, lo que se transmite, lo que se proyecta”, resume. Los llamados se dirigen a no profesionales que tengan ganas de participar en un proceso sostenido. Para contactarla: [email protected] o por Whatsapp al 099 661 914.
La artista y gestora cultural aclara que no parte de ideas, sino de interrogantes. “Hace un tiempo que estaba escribiendo estas preguntas. ¿Qué es lo que cada generación mueve? ¿Qué es lo que aporta? ¿Dónde está su fuerza? ¿Cuál es su potencia? ¿Cómo se relata a sí misma? ¿Cómo ven a los demás? Después me pasa que estoy en esta generación del medio: tengo una hija adolescente, un hijo joven que ya pasó por la adolescencia. Quiero decir que las preguntas sobre esas generaciones están hace un rato. Tengo a mis padres, que son mayores. Entonces, creo que nosotros los artistas nos preguntamos sobre nuestro presente. Esas preguntas siempre están ahí. También, con todo esto del trabajo con comunidades que vengo haciendo desde hace un tiempo, para el diseño de dispositivos para habitar una comunidad. Entonces, más que traer una idea a desarrollar, es compartir una pregunta y tratar de caminar entre todos viendo cómo podemos sostener un movimiento colectivo”.
Este año se dedicará, como detalla, a desarrollar una exploración conjunta, ya que los laboratorios que comenzará en Uruguay serán una primera etapa que culminará en una apertura escénica, cuyo formato permanece todavía abierto. “Continúo mi investigación sobre los dispositivos de encuentro, de pensar sobre las estructuras, las tecnologías del convivio, cómo podemos aportar a propiciar comunidades desde lo creativo, por supuesto, donde lo que emerja sea el resultado de colectivos potentes, de haber estado juntos en un tiempo y espacio”.
En esta lógica de trabajo, la cuestión fundacional es cómo se construyen comunidades. “Después, como gestora cultural, he hecho otros proyectos, encuentros, festivales, en el norte del país [Campo Abierto], y allí siempre la pregunta es sobre la comunidad temporal: cómo podemos organizarnos, cómo pueden narrarse a sí mismos y no que venga alguien, un director, y hable sobre, sino que las personas puedan narrarse a sí mismas. Y por supuesto que todo tiene un punto de vista político”, subraya. “Si uno lo traslada a otras áreas de la vida, es como decir: ¿cómo tomamos nuestras decisiones? Elegimos a alguien que nos narre, que tome decisiones, que represente o cómo los colectivos podemos compartir preguntas y llegar, no a soluciones, pero llegar a algo juntos. En este caso, es una pieza, pero por eso es una base política del sentido del arte, donde la pregunta se desplaza del qué hacer al cómo hacer”.
Cubas refiere la fuerza del espectáculo Sea of Silence, cuyo work in progress fue presentado en su momento en la sala Zavala Muniz, y significó que una cantidad de mujeres viajaran desde Nigeria, Indonesia, México y Brasil, entre otros lugares de origen, para ejemplificar la senda de su trabajo actual: “Esos cuerpos en escena están diciendo, no representan. Y conjuntamente con qué hacemos, sobre todo en nuestras latitudes, para hacer proyectos de esta envergadura, está el cómo hacemos para que sea posible”.