En Aquiles Lanza 1234 hay una fachada negra, de persiana baja y ventana tapiada. Bajo la numeración, una imagen de Joe Strummer rompiendo su guitarra da la bienvenida al Clash City Rockers. De domingo a jueves, puede pasar desapercibido. Pero los viernes y sábados la persiana se levanta y unos cuantos valientes se sumergen en la oscuridad del recinto.

Adentro se suceden muchos Clash: el bar, que funciona después de la medianoche, con sus habitués escuchando música, jugando al pool, tomando en la barra, el de las bandas en vivo, que se reactivó con fuerza después de la pandemia, y el Clash de los bailes, con música de los 80 en vinilo o digital.

La propuesta es convocante, pero Marcos Carpani, dueño del bar, identifica una resistencia: “Hay mucha gente que se entera de los bailes y les encanta la propuesta, pero les da miedo el Clash”, lamenta. En parte por eso, el 18 de abril será la última noche. El proyecto no desaparece, muta. En junio abrirá Debbie Music Club, en honor a Debbie Harry, una versión más “amigable”. “Va a cambiar estéticamente, para que entres y sea otro bar”, adelanta.

“Donde quiero estar”

Es viernes 27 de marzo y la gente va llegando despacio, con la pachorra de la lluvia, la Semana de Turismo que se acerca y una nostalgia en la boca del estómago, porque quizás esa sea la última vez. Mientras Cadáveres Ilustres se prepara para subir al escenario en una de las noches finales del Clash City Rockers, algunas miradas se pierden en el museo alternativo detrás de la barra: fanzines, casetes, figuritas de Joey Ramone y Robert Smith.

Foto del artículo 'Clash City Rockers: el fin de una era'

Foto: Inés Guimaraens

Las paredes cuentan la historia: afiches de shows, fechas míticas y toques en el propio Clash. Se fueron sumando con los años, coleccionados por su dueño y donados por amigos y clientes frecuentes, desde antes incluso que el bar fuera un sueño tangible.

Era 1997 cuando, cansado de la Montevideo quieta, un Carpani de 18 años imaginó lo que faltaba: un bar de rock. Con el cambio de milenio emigró a Estados Unidos con el objetivo de juntar lo necesario para lograrlo y, tras cinco sacrificados años, regresó victorioso. El 7 de julio de 2007, el Clash City Rockers abrió sus puertas en la casa que Carpani había comprado en Paraná y Ciudadela. Arriba construyó un espacio para vivir y abajo el refugio rockero. Al mes, celebró el primer recital: La Sangre de Verónica y Cikuta, su banda.

Pero aquel primer Clash solo funcionó unos meses. Clausuras, habilitaciones demoradas y una mudanza obligada marcaron los primeros años, hasta que en 2009, ya en la calle Aquiles Lanza, logró sostenerlo como bar. De a poco, su banda sonora y estética definidas empezaron a atraer a su público, hasta que se logró volver a la música en vivo y las noches de vinilos.

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Foto: Inés Guimaraens

“Clash City Rockers es el único lugar donde quiero estar”, canta Duncan Reid (bajista de The Boys) en “Montevideo”, un homenaje al bar que publicó en su proyecto solista tras una noche de copas entre sus paredes, y que le valió ser declarado ciudadano ilustre por la Intendencia.

“Hay un público del Clash que se asemeja a los parroquianos de un bar, de un club o una cantina, pero en clave rocanrol, pura rebelión”, define Pablo Martín, voz de Cadáveres Ilustres. Su compañero, Ariel Soares de Lima, lo respalda: “Es ese lugar donde hemos tocado todos. Donde descubrimos bandas nuevas. Donde tocabas sin que el boliche te terminara de comer el hígado o un riñón”.

Carpani es el hilo conductor: anfitrión, bartender, responsable de la musicalización en los bailes, la agenda de fechas y el sonido en los recitales. Los músicos agradecen su dedicación a viva voz y, en veladas especiales como la del 27, hasta lo invitan a cantar.

“¿Cuánto vale tener un refugio musical?”

“El Clash es el bar al que entro y suena una canción que escucho en mi casa, que tengo en vinilo. Marcos es la única persona con la que comparto algunas bandas en particular”, define Victoria Porto Barcelona, habitué y DJ invitada.

Cadáveres Ilustres, el 27 de marzo.

Cadáveres Ilustres, el 27 de marzo.

Foto: Inés Guimaraens

Porto comenzó a frecuentar el bar desde su apertura, al igual que Ignacio Correa (Catatumbo, Espacio Adolescente) y Chucho Cairoli (Rockadictos). Casi dos décadas después, los tres tendrán un rol especial en el cierre de esta etapa en el bar: Espacio Adolescente presentará un set homenaje a la banda sonora del Clash en la última noche, el 18 de abril, y Rockadictos será –al igual que lo fuera en el cierre de la primera sede– la última banda en tocar en el local.

Porto, en tanto, tendrá la responsabilidad de pasar música junto a Carpani en el último baile este sábado. Cuando el dueño se lo pidió, automáticamente estuvo de acuerdo. “Pero después entendí que era la última vez, entonces me metí para atrás de la barra y le dije a Marcos que no estaba preparada”, recuerda. Carpani respondió: “Si yo estoy preparado, ¿cómo no vas a estar vos?’”.

Para él, la decisión de poner fin al Clash como proyecto no fue sencilla. “Este lugar es lo más importante que tuve en la vida, pero cumplió su ciclo y no hay mucho más para hacer, solo aceptarlo”, sostiene, tal como anunció públicamente el 9 de marzo en las redes del bar.

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Foto: Inés Guimaraens

La noticia fue recibida con suma desesperanza. “Fue una incertidumbre porque pensé: ‘¿A dónde voy ahora? Después entendí que era un cambio, que no estaba todo perdido”, cuenta Correa, habitué arriba y abajo del escenario. Fue allí donde conoció a su pareja, Malena, cantante de Las Gilettes, también presentes en la grilla de la última noche.“Ya hace unos años que es un espacio muy importante para nosotros”, afirma.

Para Cairoli, el lugar es “el único boliche totalmente de rock. Desde las fotos, la música y el nombre, hasta el tamaño del lugar”. Rockadictos recibió la propuesta de tocar los últimos acordes sobre el escenario del bar con orgullo. “Fue un halago para nosotros porque salió del propio Marcos. Y porque nos gusta tocar ahí, es un lugar pensado para los músicos”, admitió.

“El Clash forma parte de una tríada de lugares donde el rocanrol más arrabalero supo sentirse a gusto”, define Pablo Martín. “Esa tríada nació con Juntacadáveres, luego Perdidos y finalmente Clash City Rockers. Todos han tenido lamentablemente una fecha de caducidad, pero de alguna manera caprichosa e irreverente después aparece otro heredero para plantarse y decir que aún estamos acá”.

A días de cerrar sus puertas y convertirse en algo diferente, el viernes 27 el Clash vibró con Cadáveres Ilustres, lleno, a pesar de la lluvia, de Turismo y la sobreoferta de música en Montevideo, con un público variopinto, desde los 18 años a los que prefieren no decir la edad, cantando juntos, disfrutando la sinergia. Al salir, mientras quedaba atrás la fachada negra, una pregunta de Victoria Porto seguía resonando: “¿Cuánto vale tener un refugio musical?”.

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Foto: Inés Guimaraens

Último adiós

Clash City Rockers celebrará su última noche el sábado 18 de abril, desde las 21.00, con presentaciones de Espacio Adolescente, Las Gilettes, The Moors y Rockadictos. Las entradas para el show están agotadas, pero el bar abrirá sus puertas al público en general a partir de la 1.00, con ingreso gratuito.

Además de la despedida oficial, quedan algunas oportunidades para visitar el local. Este sábado a las 21.00 tocarán Blasfemos y Daño Permanente y, a partir de la medianoche, habrá baile 100% vinilo con DJ Marcos Clash y DJ Vixie en las bandejas, con entrada libre.

Por su parte, el viernes 17 de abril será el turno de Club de Idiotas Adorables, Episodio 22 y Las Toscas, también desde las 21.00. Las entradas tienen un costo de 300 pesos y se consiguen a través de MiEntrada.