Más de la mitad de los empleos (55%) de América Latina enfrentan el riesgo de la automatización, mientras que la región está creando empleos que desde el primer día nacen viejos, advirtió el líder de Sur Futuro, Ramiro Albrieu.

“Nuestra estructura ocupacional tiene muchos empleos, que no hace poco eran buenos y formales, pero van perdiendo su calidad, su condición, pasan a la informalidad o tienen menos remuneraciones”, afirmó el economista argentino e investigador senior especializado en desarrollo, desigualdad y mercado laboral. Según su diagnóstico, alrededor del 55% de los empleos de la región “compiten con las máquinas por la automatización”.

Sur Futuro, un hub de investigación que analiza el devenir del trabajo en América Latina y forma parte de la Red Sudamericana de Economía Aplicada (Red Sur), conformada por universidades públicas, privadas y centros de producción de conocimiento de la región, viene investigando desde hace unos años sobre cuáles son los empleos de futuro, entendidos como aquellas ocupaciones “resilientes” frente a los desafíos tecnológicos, climáticos y demográficos. Albrieu, que es docente de la Universidad de Buenos Aires, señaló que cerca de 16% de todos los empleos que hay en América Latina y el Caribe son ocupaciones de futuro, una cifra que contrasta con Europa y EEUU, donde alcanza un 25%.

La situación “no es pareja” en América Latina, dijo el experto, señalando que en países “más avanzados y diversificados” en términos productivos, como por ejemplo Chile, Uruguay o Argentina, la cifra es mayor a 20%, mientras en otros, con estructuras productivas “más antiguas”, el porcentaje de empleo futuro es de 10%.

En términos generales, el experto consideró que la situación que enfrenta la región es “preocupante” y pidió una agenda más “proactiva” por parte de las autoridades. Asimismo, advirtió que se está profundizando la brecha de género futura.

“En Latinoamérica, los empleos de mayor calificación (...) son ocupados por varones. Mientras tanto, las ocupaciones de futuro que tienen baja calificación, por ejemplo, trabajo doméstico, son ocupadas por mujeres. (...) Se están creando las raíces de una desigualdad futura, donde los buenos trabajos siguen siendo ocupados por los varones y las ocupaciones que muchas veces no son ni siquiera remuneradas ni reconocidas son ocupadas por las mujeres”, indicó.

En referencia a Uruguay, sostuvo que la demografía es uno de los principales desafíos que enfrenta el país, ya que deberá pensar cómo lograr que trabajadores de más de 45 años sigan en el mercado laboral.

“La tendencia señala que la cantidad de población activa está en caída, porque va a haber menos gente en edad de trabajar. Eso le pone un desafío grande, que es la productividad. Si hay menos gente en edad de trabajar en relación a los pasivos, entonces esas personas tienen que ser más productivas de lo que eran antes”, afirmó.

Asimismo, destacó a Uruguay como un “hub para servicios de alta calificación” por sus “niveles educativos muy altos”, lo que le da una “ventaja” con respecto a otros países. En cuanto a la inteligencia artificial (IA), el economista consideró que es una “oportunidad”.

“Si uno mira el mercado laboral uruguayo y observa la exposición a la IA generativa, cuántas ocupaciones son complementarias y cuántas pueden ser sustituidas, el resultado da muy a favor. Por cada empleo que está en riesgo por la IA generativa, hay dos o tres que se pueden crear o se complementan”, agregó.

¿En qué consiste Sur Futuro y cuál es su misión principal?

Sur Futuro estudia las tendencias que están cambiando el mercado laboral en América Latina y el Caribe y piensa ejes de acción para que sean oportunidades que promuevan mejores empleos. Por ejemplo, sabemos que hay nuevas tecnologías que van apareciendo y que producen al mismo tiempo amenazas, pero también muchas oportunidades. Primero estudiamos dónde están esas amenazas y oportunidades dentro de nuestros mercados laborales y después vemos qué tipo de acciones de gobiernos y del sector privado son requeridas. También investigamos el impacto del cambio climático y las tendencias demográficas en el mercado laboral. Tanto la tecnología, lo digital o la IA, como el aumento de la temperatura promedio o el envejecimiento poblacional representan cambios profundos que tienen efectos persistentes.

¿Qué entendemos por trabajos del futuro y cuáles son los sectores o perfiles con mayor protección actualmente en la región?

Uno tiene distintas formas de evaluar la calidad de los empleos, como por ejemplo si tienen alta o baja remuneración o protección social, pero hay otra dimensión que a veces no se tiene en cuenta y tiene que ver con si ese empleo es resiliente frente a las nuevas tendencias. Lo que tratamos de hacer es ir mirando todo el tiempo dentro de la matriz ocupacional cuáles son los empleos que son complementarios a estas nuevas tendencias y cuáles van quedando viejos.

Es un ejercicio de prospectiva, por lo que tiene una dosis de incertidumbre grande; todo va cambiando. En resumen, los trabajos de futuro son aquellos empleos resilientes frente a las tendencias de cambio que estamos observando en materia tecnológica, climática y demográfica. Por ejemplo, Uruguay es un país bastante envejecido, por lo que cada vez tendrá más demanda de servicios de cuidados de adultos mayores. En cambio, Guatemala, que tiene una porción alta de niños, tiene una mayor demanda de servicios educativos o de cuidado de niños. Por tanto, estas tendencias van generando trabajos que son demandados y otros que dejan de serlo.

¿Cuántos trabajos actuales hay en América Latina que son de futuro y cuántos están en peligro de desaparecer?

Cerca del 16% de todos los empleos que hay en América Latina y el Caribe son resilientes, es decir, empleos de futuro. Para los países de altos ingresos de Europa, Estados Unidos y demás, esa cifra alcanza el 25%. Por tanto, hay un montón de trabajos que van quedando viejos, pero es verdad que cuando uno mira los países de ingresos altos, un cuarto de los empleos del presente ya son trabajos de futuro.

No obstante, la situación no es pareja en América Latina. Hay países más avanzados en términos productivos en la región, más diversificados, donde ese ratio sube, por ejemplo Chile, Uruguay o Argentina, que es mayor a 20%, y después hay países que son menos diversificados, más pobres, que tienen estructuras productivas más antiguas, como los de América Central o algunos en el Caribe. En esos casos, el porcentaje de empleo futuro es del 10%.

Al mismo tiempo, hay empleos que están quedando obsoletos porque enfrentan el riesgo de la automatización. No es que vayan a desaparecer, no tenemos las capacidades para automatizar todos los empleos, hay falta de infraestructura, pero sí es verdad que son trabajos que van perdiendo su calidad. Más de la mitad de los empleos de América Latina hacen tareas rutinarias y repetitivas, por lo que enfrentan el riesgo de la automatización.

Por ejemplo, un trabajo de oficina, de una fábrica, los servicios de calificación media. Nuestra estructura ocupacional tiene muchos de esos empleos, que no hace tanto eran buenos, formales y demás, pero ahora van perdiendo su calidad, su condición, pasan a la informalidad o tienen menos remuneraciones. Más o menos un 55% de los empleos de la región compite con las máquinas por la automatización. Ese número, al mismo tiempo, tiene diferencias. En América Central puede ser arriba de 60%. En cambio, en otros países no, hay más diversificación. Son procesos largos; estas discusiones ya llevan una década en América Latina, pero en todos estos años no logramos generar menos empleos rutinarios, sino que se han creado más. Por tanto, estamos creando empleos que ya nacen viejos y en competencia directa con tecnologías existentes.

Teniendo en cuenta toda esta situación, ¿se puede decir que América Latina está en una situación preocupante?

Sí, claro, la situación es preocupante porque los buenos trabajos no van a venir por sí solos, hay que generar condiciones a través de las políticas, de las prácticas de las empresas, de la formación y la educación.

Cuando uno compara América Latina con los países ricos, entre 2015 y 2025 los Estados desarrollados avanzaron mucho más en la creación de empleo de futuro. En cambio, nosotros apenas avanzamos. No sólo es preocupante la foto de hoy, sino que cuando se mira el video, se puede observar que no estamos generando las condiciones para crear empleo de futuro.

Además, se está generando una brecha de género. En Latinoamérica, los empleos de mayor calificación, asociados a STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), son ocupados por varones. Mientras tanto, las ocupaciones de futuro que tienen baja calificación, por ejemplo, trabajo doméstico, son ocupadas por mujeres. En el segmento de las tecnologías de la información y la comunicación, por cada 100 personas, 80 son varones, 20 son mujeres. Si uno mira el segmento de menor calificación de futuro, que es el empleo doméstico, el cuidado de personas, que no se puede reemplazar por una tecnología, 80 son mujeres y 20 son varones. Se están creando las raíces de una desigualdad futura, donde los buenos trabajos siguen siendo ocupados por los varones y las ocupaciones que muchas veces no son ni siquiera remuneradas ni reconocidas son ocupadas por las mujeres.

¿Cómo definiría la situación de Uruguay en comparación con la situación regional?

Uruguay tiene algunas características peculiares; la más obvia es la demografía. Es un país con una población relativamente estable y muy envejecida. El envejecimiento se empezó a acelerar desde hace poco y eso va a continuar; es uno de los países que más rápido va a envejecer de la región, junto con Chile. El país debe pensar qué va a hacer en términos de servicios, de salud, de acompañamiento, pero también en cómo logrará que las y los trabajadores que tienen más de 45, 50 años, sigan en el mercado laboral. Tiene que tener presente que es una situación para el futuro inmediato, ya está pasando, no hay que ir tanto a largo plazo.

Por otro lado, Uruguay hace un tiempo empezó a ser un hub para servicios de alta calificación dentro del Cono Sur y de América del Sur. Es un país caro, pero generó dinámicas y eslabonamientos en los servicios digitales de alta calificación a nivel global que lo posicionan con alguna ventaja. No es Costa Rica, no tiene un mercado gigante como Brasil, pero sin embargo está conectado a los grandes mercados de servicios de alta calificación. En eso tiene una oportunidad grande.

Además, tiene niveles educativos muy altos, lo cual es una ventaja que otros países de América Latina no tienen. Pero Uruguay tiene amenazas frente al envejecimiento, porque hay que lograr formas de que haya mercados laborales amigables para trabajadores y trabajadoras mayores. La tendencia señala que la cantidad de población activa está en caída, porque va a haber menos gente en edad de trabajar. Eso le pone un desafío grande, que es la productividad. Si hay menos gente en edad de trabajar en relación a los pasivos, entonces esas personas tienen que ser más productivas de lo que eran antes.

La demografía pone un conjunto de desafíos, algunos más de corto plazo, como crear estos mercados para servicios de salud, servicios de educación también para adultos mayores y empleos amigables con la edad, pero al mismo tiempo hay un problema que se empieza a acercar: ¿qué pasa cuando haya menos gente en edad de trabajar y tenga que ser muy productiva para sostener a todo el sistema previsional? Ese tema va a ser cada vez más y más acuciante.

Con respecto al cambio tecnológico, en particular la IA generativa, considero que iguala un poco las condiciones con otros mercados laborales que antes eran más competitivos, como Europa, Estados Unidos, por lo que este tema representa una oportunidad. Si uno mira el mercado laboral uruguayo y observa la exposición a la IA generativa, cuántas ocupaciones son complementarias y cuántas pueden ser sustituidas, el resultado da muy a favor. Por cada empleo que está en riesgo por la IA generativa, hay dos o tres que se pueden crear o se complementan.

Por tanto, el envejecimiento poblacional es un llamado a la acción a empezar a repensar los mercados laborales de otra forma, y el cambio tecnológico, en primer lugar la IA generativa, es una ventana de oportunidad. Uruguay y América Latina en general tienen que cambiar lo que están haciendo, los gobiernos tienen que ser un poco más proactivos en pensar un poco ese futuro, no deben quedarse esperando. Debería haber una agenda un poco más proactiva.

¿En qué medida los gobiernos de América Latina comprenden la importancia estratégica del futuro del trabajo y están actuando en consecuencia?

El panorama general es que cualquier discusión de futuro es difícil, ya que, por el diseño, no están dentro de las políticas de nuestros gobiernos. No sólo vale para el futuro del trabajo, vale para cualquier discusión que tiene un horizonte temporal un poco largo; es difícil que entren dentro de la planificación y la acción de la política pública en América Latina y el Caribe, porque somos países volátiles, con urgencias, y a veces esa necesidad de resolver hace que el futuro se descuente a una tasa muy alta, lo que hace que no tenga peso en las decisiones de hoy.

América Latina, al ser una región muy volátil y donde muchos países todavía enfrentan muchas demandas insatisfechas actuales, deja la agenda del largo plazo en un segundo plano. Sin embargo, hay un montón de ejemplos virtuosos, rescatables, que, a pesar de ese panorama general, tratan de pensar políticas para el mercado de trabajo que se viene. Tenemos en todos nuestros países, por ejemplo, políticas de formación técnica y profesional en habilidades digitales para ir dotando a las personas de esos conocimientos que hacen falta hacia adelante. Tenemos también formación para el manejo del cambio climático o habilidades verdes. Por tanto, hay agendas de ese estilo, hay países que están discutiendo nuevas regulaciones pensando en el envejecimiento poblacional. En resumen, cuando uno mira América Latina, hay muchos casos puntuales concretos de políticas que, por lo menos, atienden algunos problemas y tratan de avanzar en ese sentido.