Jhonatan (vendedor). “Personalmente, lo que más me afecta son las estafas por internet. Es duro cuando un tío tuyo te roba”.
Ramiro (artista plástico). “Mi estrategia para que no me roben consiste en quedarme sin plata el 15 de cada mes”.
Fabiola (manicurista). “Hay que ser más inteligentes. El otro día leí que varios ex presos consiguieron trabajo en el Parlamento. Es el último lugar en donde podrían rehabilitarse”.
Ruben (emprendedor). “Lo de la inseguridad es una sensación térmica. Yo tengo una boca de pasta base y nunca me robaron”.
Lydia (conductora de Uber). “La comisaría de mi barrio funciona bárbaro. Cada vez que me roban algo, voy ahí y lo encuentro”.
Shirley (odontóloga). “Hay que dejar de poner cámaras. Una ya ni puede salir a la calle sin peinarse”.
Carlos (tornero). “El problema es que acá hay dos grandes universidades del delito: las cárceles y la Facultad de Derecho”.
Marcelino (sonidista). “En la dictadura las calles eran mucho más seguras. Casi todos los crímenes se cometían en los cuarteles”.
Carla (profesora de yoga). “Tenemos que empezar a distribuir entre los delincuentes armas traídas por Temu, que después de un par de días ya se rompen”.
Mario (titiritero). “No entiendo por qué dicen que es difícil seguir la ruta del dinero sucio. Está lleno de ómnibus que te dejan en Ciudad Vieja”.