El abogado y analista político brasileño Melillo Dinis do Nascimento y el cientista político uruguayo Nelson Villarreal integran un grupo de trabajo sobre las democracias desafiadas en América Latina. Se trata de una iniciativa que parte de la academia, del trabajo de extensión de Villarreal como docente de Historia de las Ideas de la Facultad de Derecho, pero se cruza con organizaciones sociales y sindicatos. Los dos dieron una charla esta semana en Montevideo con participación de la Universidad de la República, el PIT-CNT y organizaciones religiosas de base. El analista brasileño es además asesor de movimientos indígenas, del movimiento afrobrasileño y de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil.

Con Dinis do Nascimento y Villarreal conversó la diaria sobre la situación política que dejó el asalto a las sedes de los tres poderes del Estado en Brasilia.

¿Cómo salió el gobierno de Lula de los hechos del 8 de enero?

Melillo Dinis do Nascimento: Creo que hay dos formas de verlo. Una es que fue un día de infamia pero con muchas raíces en todo el proceso de la extrema derecha, del papel de los militares en la democracia de Brasil, que siempre fue un factor de turbulencia y que tomó fuerza después del gobierno de Jair Bolsonaro, y por cuenta de los grupos de seguidores de Bolsonaro, que no tienen un perfil único. Están los bolsonaristas más activos, los bolsonaristas pasivos, pero este grupo más violento y golpista está disperso por toda la sociedad de Brasil. Bolsonaro tuvo 58,2 millones de votos, 2% de eso es mucha gente.
Hay otra forma de verlo, y es que este conflicto puede ser también un hecho que convoque a la sociedad, a las organizaciones civiles, a los sindicatos, a la gente en general para luchar contra una erosión democrática más acentuada de lo que ya teníamos en el pasado, especialmente con el gobierno de Bolsonaro, que gastó mucho tiempo destruyendo las políticas públicas, las instituciones, atacando especialmente al Poder Judicial, pero también a instituciones como la prensa. Durante los años de gobierno de Bolsonaro uno de los objetivos fue atacar la libertad de expresión atacando la libertad de prensa. Entonces hay un aspecto, no diría positivo, pero que nos convoca a luchar para encontrarnos con otros demócratas en el continente y para saber que es un momento de crear puentes, dialogar, de no permitir un paso atrás en la democracia, el derecho al voto, y por supuesto la soberanía del voto popular, que es el resultado de las elecciones de Brasil en octubre.

En ese sentido, unió a los brasileños.

Melillo Dinis do Nascimento: No a todos, porque hay una polarización muy grande política, afectiva y también ideológica. Pero dio fuerza al gobierno de Lula y también a los demócratas, que saben que hay un gran desafío institucional, político, cultural y también de comunicación. Tenemos que cambiar la forma de desagregación social que tenemos en Brasil, intentar dar algún rumbo al país mediante las políticas. Si hacemos política y queremos transformar la política en la forma de resolver los conflictos, necesitamos que esta unión no sea para una única posición, sino para tener dos posiciones y dialogar entre ellas.

Nelson Villarreal: Con el bolsonarismo surgió una no política, una antipolítica, y eso constituye de alguna manera un desafío grande para constituir esto.

Melillo Dinis do Nascimento: El modelo político de Brasil es un modelo ultraconsensual que exige una coalición siempre, tanto para gobernar como para ganar las elecciones. Lo que ha hecho Bolsonaro es una política de colisión y no de coalición. Tuvimos cuatro años de locura institucional de un pensamiento reaccionario en el que los derechos humanos, la democracia, los derechos de los indígenas, de los negros, de la gente más vulnerable no eran atendidos ni promovidos por Bolsonaro. Se destruyeron las instituciones pero también se destruyó la política. Eso pasó incluso con una subdivisión del presupuesto público para lo que llamamos en Brasil, en la política parlamentaria, el centrão. El_centrão_ es un grupo de partidos políticos que no están preocupados por la derecha o por la izquierda, están preocupados por la captura del presupuesto público para sus intereses privados. Bolsonaro se alió con estos grupos después de que percibió que podría salir de la política por juicios políticos: acumuló 150 juicios políticos en cuatro años. Su estrategia es por un lado una antipolítica y por otro, una alianza con los grupos más conservadores del Parlamento.
El zigzag permanente de Bolsonaro sirvió para destruir la política por medio de algunas estrategias como las redes sociales radicalizadas, la desinformación, la construcción de narrativas, por ejemplo que el lugar de la mujer es dentro de casa, que los negros son vagabundos, que los indígenas son todos bandidos que no quieren permitir que el capital y el agronegocio se desarrollen. Yo creo que Bolsonaro tiene etapas en su gobierno, tiene un gobierno de colisión, pero al mismo tiempo un gobierno de coalición con el centrão, y en muchos momentos un gobierno de sumisión, de someterse a la lógica de corrupción. Pero lo quería hacer presentándose como alguien ajeno a la política, sin embargo Bolsonaro fue 28 años diputado y cuando llegó al poder mantuvo las prácticas políticas absolutamente deplorables.
Es decir que nosotros tenemos desafíos no sólo en la política micro sino también en la macro. Uno de los problemas es que parte de la población de Brasil no entiende que la democracia es un valor, que los derechos humanos son muy importantes y que la ciudadanía es necesaria como parte de la política. Entonces estamos en un momento en el que, pienso, habrá otras explosiones.
Además nuestras fuerzas armadas, especialmente el Ejército, piensan que son un poder moderador. En Brasil, en el imperio, el papel del emperador era de poder moderador entre Ejecutivo, Legislativo y la Justicia. Don Pedro II tenía poderes constitucionales para llamar a todos y encontrar una solución. Durante la República, que fue un movimiento totalmente militar, con muchas presiones, después, de los principales movimientos políticos de Brasil, los militares estaban presentes siempre hasta la dictadura 1964-1985, pero nunca salió de su escenario ideológico la posibilidad de ser llamados para moderar, para intentar intervenir en la política. Con la Constitución de 1988 eso cambió totalmente. Fue un escenario de institucionalización pero con un grupo de militares que siempre pensaba en volver al centro de la política.
Bolsonaro permitió que estos militares volvieran al centro de la política, nombrándolos para cargos civiles, en órganos del Estado, de gobierno, haciendo un fuerte de militares a su alrededor, casi todos de perfil bajo, porque los grandes líderes del Ejército, los más demócratas, se fueron apartando de Bolsonaro cuando vieron su perspectiva autoritaria. Y una parte de esta gente estaba en el centro de lo que aconteció el 8 de enero, por ejemplo, estimulando. Hubo muchos retirados, pero lo más grave es que también había militares en activo.

Nelson Villarreal: Se fueron creando todas las condiciones para que el Ejército pudiera intervenir, desde el hecho del no reconocimiento de que ganó Lula. Por otro lado, esa hegemonía cultural tiene base social, porque acá es clave que hay una base popular que es antidemocrática que es amplificada por el bolsonarismo.

Melillo Dinis do Nascimento: Hay una base popular con mucha gente y con perfiles muy claros: jubilados -aunque no son todos los jubilados-, quienes trabajan con el agronegocio -aunque no son todos-, gente de clase media. Hay un grupo de gente que no soporta que los pobres vayan a la universidad, que no soporta que haya pobres dentro de los aviones.

Melillo Dinis do Nascimento y Nelson Villarreal

Melillo Dinis do Nascimento y Nelson Villarreal

Foto: Mara Quintero

¿No se podría decir que fracasó el intento de golpe?

Melillo Dinis do Nascimento: Fracasó, es verdad. Pero no es un movimiento único. Hay otros movimientos y otra gente que está prometiendo volver. Por lo tanto, lo que decimos es que las democracias serán mucho más desafiadas en toda la región latinoamericana, pero en especial en Brasil. Brasil es hoy un escenario de conflictos políticos, un lugar de mucha turbulencia.

¿Cómo será el tercer gobierno de Lula en este escenario?

Melillo Dinis do Nascimento: Será un gobierno muy difícil. En el Congreso creció mucho el bolsonarismo. Su partido tiene 99 diputados, que es un número enorme. Los fondos partidarios en Brasil son públicos, lo que significa mucha plata para hacer política. El grupo de aliados de Lula no tiene votos suficientes, por ejemplo, para aprobar una enmienda constitucional. Tendrá muchas dificultades para cambiar algunas cosas.
En cuanto a los empresarios, hay divisiones, pero hay una gran parte, especialmente el que vive del agronegocio, que intenta destruir parte de la Amazonia y otros biomas como la mata atlántica, que apostó a Bolsonaro, por un encanto neoliberal, una preocupación por el capitalismo financiero. En este momento parte de estos grupos están divididos. Los empresarios de San Pablo están divididos. Pero hay un sector del agronegocio que pone plata en esos grupos de adeptos de extrema derecha, que continúa movilizándose en Brasil.
El otro día me preguntaban sobre la integración en la región. Por supuesto que Lula tendrá que luchar mucho más para solucionar sus problemas internos. Pero esto no significa que no necesitaremos cambiar las relaciones internacionales con la región, con el mundo, porque el apoyo de las naciones democráticas a Lula en este primer momento fue determinante. El apoyo de Estados Unidos, China, Europa.

Nelson Villarreal: La pelea interna con [Donald] Trump fue un factor para que [el presidente estadounidense Joe] Biden apoyara a Lula. Pero en cuanto a qué deviene después del golpe, qué escenarios, hay un escenario que pudo haber sido de ensayo y error, en el que los actores tenían claro que no iban a poder dar el golpe porque tenían un contexto que lo impedía, pero les servía para dejar instalado ya el conflicto. Porque el escenario en el que lo podían hacer era ínfimo. Otra lectura es la del callejón sin salida: perdió y se está desagregando. Yo no creo que sea así.
Otro asunto es cómo se va a mover políticamente Lula en esta cuestión de liderazgo sin construcción de fuerza política orgánica, por tanto la relación con el factor social es importante. Lo reconfigura en el relato: asume rodeado por la diversidad. Pero la pregunta es si hay una sociedad brasileña capaz de salir a movilizarse en defensa de la democracia.

Melillo Dinis do Nascimento: Yo no tengo la perspectiva optimista de que si en un momento el golpe se consolidase tendríamos paro general, la población en las calles, porque nosotros no tenemos partidos políticos orgánicos. El Partido de los Trabajadores lo fue un día, pero hoy es un grupo más de burócratas que de la gente en las calles.

Nelson Villarreal: El movimiento popular lo tomó la extrema derecha. Pero no es un diagnóstico lineal. La situación dependerá de cómo Lula cree alianzas de distintos actores, no sólo en la cúpula, sino en la sociedad. Si Lula puede lograr eso, entonces la sinergia provoca otra cosa. Pero me parece ingenuo pensar que esto se terminó y el bolsonarismo se está desagregando. Y una frase de Melillo es “la luna de miel termina el 1° de febrero, cuando asume el Congreso”, que tiene esa base social real.

Melillo Dinis do Nascimento: Yo preveía que la luna de miel duraría un mes, pero se terminó en una semana, el 8 de enero.

¿Qué se puede esperar a partir de ahora?

Nelson Villarreal: Lo que pase dependerá de la capacidad que tenga la política, la sociedad, los medios de comunicación, de que comiencen a actuar otros actores. Hay una lucha política brutal, y lo que favorece hoy es el contexto internacional y regional. Yo no creo que la administración Biden sea proizquierda, pero está apoyando a [Gustavo] Petro, a Lula y a [Gabriel] Boric, porque si caen, el trumpismo adquiere peso en occidente como lo está haciendo en Europa, y acá. Todos sabemos que hay una coordinación de las extremas derechas.

Melillo Dinis do Nascimento: Creo que en la página del diario internacional se verá mucho Brasil y mucho de la región porque la lucha política será muy grande. Yo creo que Lula percibe esto, pero hay una gran centralización de todo en Lula. Lula en verdad es el ministro de Economía de Brasil. Hay cuatro ministerios para trabajar la economía -Hacienda, Planeamiento, Industria y Comercio y Gestión-, pero todos son tipos que no entienden de economía. En definitiva, Lula está adelante.
Pero también en los derechos se puede prever una lucha política. Hoy a la tarde yo hablaba con un grupo de indígenas de la Amazonia de los que yo soy abogado. Ellos decían: “La victoria de Lula no cambió nuestra realidad, acá hay mineros ilícitos, acá hay madereros, y, es más, aumentaron mucho las amenazas a los defensores de los derechos humanos de la selva. Entonces estamos mucho más temerosos, porque del mismo modo en que se atacó el Congreso Nacional, el Palacio de Planalto, nosotros también somos blancos”. Si será cierto es otra cosa, pero estamos todos temerosos, porque la base popular de la gente violenta que piensa como Bolsonaro, la extrema derecha, continúa en Brasil, perdió la vergüenza.

¿Qué otros desafíos tiene el gobierno de Lula?

Melillo Dinis do Nascimento: Una economía que va mal, un conjunto de demandas de políticas públicas y sociales que fueron frenadas por Bolsonaro y por tanto todos tienen listas y listas. Yo en febrero pasaré 15 días con los pueblos indígenas haciendo una lista de demandas que llevarán a Brasilia. Hay demandas de mucha gente, los indígenas son sólo un ejemplo. Un tercer factor es una institucionalidad vulnerable. Cuando hablo de instituciones me refiero a los partidos políticos, la prensa, las universidades. Tenemos una institucionalidad que tiene islas de presencias fuertes, pero tenemos los sindicatos que están destruidos, los partidos políticos que no son orgánicos, no tienen vida partidaria, entonces hay un problema de una institucionalidad vulnerable con la presión de la política de todos los días.