A lo largo de la semana hubo varias jornadas de protestas en Irán. Comenzaron con reclamos económicos, en reacción a la pérdida de poder adquisitivo en la población, y con el paso de los días comenzaron a incorporarse consignas que piden la caída del gobierno y del régimen liderado por el ayatolá Ali Jamenei. Incluso, entre las consignas se reflejaron posturas a favor de la monarquía de la dinastía Pahlaví, derrocada con la Revolución islámica de 1979.

Los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad dejaron seis muertos –cinco civiles y un policía– y decenas de heridos y detenidos, según cifras citadas por las agencias Efe y Europa Press. Sin embargo, hasta el viernes las movilizaciones continuaban en distintas ciudades y protagonizadas por varios sectores sociales, entre ellos los estudiantes universitarios.

El presidente iraní, Masud Pezeshkian, intentó aplacar las movilizaciones con distintas señales de cambios en la economía. El martes aceptó modificar el proyecto de presupuesto para 2026, que rige a partir de marzo. Una comisión legislativa había cuestionado el aumento salarial propuesto, de 20%, porque lo consideró insuficiente en un contexto de inflación de entre 40% y 45%. El presidente también se declaró dispuesto a ajustar los beneficios de empleados estatales y jubilados, y a aumentar las políticas de acceso a la alimentación.

Pezeshkian también sufrió estos días la presión de sectores conservadores para que cambiara al presidente del Banco Central, Mohammad Reza Farzin, a quien responsabilizaban por el deterioro de la economía. En su lugar, designó al exministro de Economía y Finanzas Abdolnaser Hemmati, con la misión de controlar la inflación.

No obstante, las medidas no conformaron a los manifestantes, que volvieron a las calles en varias ciudades, ni parecen suficientes para recuperar una economía sobre la que pesan las sanciones de Estados Unidos y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por el programa nuclear iraní. A lo largo de 2025, la moneda de Irán, el rial, se depreció 69% frente al dólar.

El fiscal general, Mohammad Movahedi Azad, dijo que “las protestas pacíficas por cuestiones económicas son comprensibles, pero cualquier intento de transformarlas en un medio de inseguridad, destrucción de bienes públicos o la ejecución de escenarios diseñados desde el exterior se encontrará con una reacción legal que protege los derechos públicos y el orden social”.

Protestas anteriores, como las que desataron en 2022 ante la muerte de la joven Mahsa Amini mientras estaba detenida por no llevar el velo islámico colocado de la manera indicada, sufrieron una dura represión y fueron atribuidas por las autoridades iraníes a impulsores extranjeros, en particular Israel y Estados Unidos.

Justamente, el presidente estadounidense, Donald Trump, se refirió el viernes a las movilizaciones y advirtió: “Si Irán dispara y asesina violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate”.

“Trump debe saber que la interferencia de Estados Unidos en este asunto interno significaría desestabilizar toda la región y destruir los intereses” de su propio país, respondió el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani.

En los últimos días, además, Trump advirtió a Teherán que si insiste en desarrollar su programa nuclear podría sufrir nuevos bombardeos como los que lanzó en junio en una ofensiva conjunta con Israel, en la que murieron cerca de un millar de personas.

Por su parte, el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, manifestó que está siguiendo “con preocupación las protestas en curso y los informes de violencia”, y llamó a las autoridades iraníes a respetar el derecho a la libertad de expresión.