Apenas cerradas las mesas de votación en Hungría, todas las encuestas a boca de urna confirmaron un amplio triunfo del candidato opositor, Péter Magyar, líder del partido derechista Tisza, que logró derrotar al Fidesz, y así terminar con el gobierno de Viktor Orbán, quien estaba al frente del Ejecutivo húngaro desde 2010.
De acuerdo con los datos oficiales, con más de 70% de los votos escrutados, el Tisza obtendría más de dos tercios de los votos, lo que le permitirá gobernar en solitario, abriendo una nueva etapa política en el país centroeuropeo de la mano de Magyar, líder emergente de 45 años.
La victoria opositora fue celebrada no solo por sus seguidores dentro de Hungría, sino también en muchos lugares de Europa, donde la contundente derrota de Orbán fue leída como un claro cambio de rumbo en un país que ha sido una piedra en el zapato de la Unión Europea, dado los fuertes lazos del primer ministro saliente con Moscú.
Mientras miles de personas se lanzaron a las calles de Budapest y de decenas de ciudades y pueblos del país a celebrar la victoria de Magyar, Orbán admitió la derrota en sus primeras declaraciones públicas luego de las elecciones.
El líder ultraderechista de 62 años felicitó a Magyar, aseguró que su partido nunca ha trabajado tanto en una campaña electoral y agradeció a los 2,5 millones de personas que votaron por él, prometiendo “no defraudarlos jamás”.
“Serviremos a nuestro país y a la nación húngara desde la oposición”, declaró Orbán. “Hemos vivido años difíciles y fáciles, bellos y tristes”, expresó el todavía primer ministro, pero remarcó que “nunca, jamás, jamás se rendirá”. “Estos días son para sanar nuestras heridas, pero aún queda trabajo por hacer”.